INVENTOS E INVENTORES: Historia de los inventos: El mundo secreto del átomo - 16ª parte
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Inventos e inventores

HISTORIA DE LOS INVENTOS

Fuente: Revista "Sucesos"

El mundo secreto del átomo - 16ª parte


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Galileo Galilei (1564-1643) --continuación--

 todas las razones astronómicas que daba el sabio oponíase la imposibilidad de que Josué hubiera podido detener el Sol si este astro estaba fijo como Galileo sostenía. Las pruebas científicas eran acogidas con indiferencia. El proceso duró veinte días; Galileo, intimidado por el rigor de sus jueces, y viendo que sus razonamientos no podían ser comprendidos por inteligencias tan obtusas, abandonó, por decirlo así, su propia defensa. El 30 de abril declaráronse cerrados los debates y se le ordenó que no se moviera de su residencia, en donde se le concedió permiso típicamente para pasearse por los jardines y el 30 de junio compareció ante el tribunal para que pronunciara solemnemente la abjuración de su doctrina. De antemano se había establecido el ceremonial: el ilustre anciano se arrodilló delante de sus jueces, y con la mano colocada sobre el Evangelio y con la frente inclinada pronunció las siguientes frases:

“Yo Galileo Galilei, florentino, de setenta años de edad, constituido personalmente en juicio y arrodillado ante vosotros, eminentísimos y reverendísimos cardenales de la Iglesia universal cristiana, inquisidores generales contra la malicia herética, teniendo ante mis ojos los santos y sagrados Evangelios, que toco con mis propias manos, juro que he creído siempre y que creo ahora, y que, Dios mediante, creeré en el porvenir, todo lo que sostiene, practica y enseña la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana. He sido juzgado vehementemente sospechoso de herejía por haber sostenido y creído que el Sol era el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no era el centro y que se movía; por eso hoy, queriendo borrar de las inteligencias de vuestras eminencias y de las de todo cristiano católico esta sospecha vehemente concebida contra mí con razón, con sinceridad de corazón y una fe no fingida, abjuro, maldigo y detesto los antedichos errores, y, en general, todo otro error, etc.”

Según dice la tradición, al levantarse Galileo dio con el pie en tierra y exclamó: E pur si muove. Si pronunció esta frase sin duda fue mentalmente, puesto que se hallaba enfrente de enemigos demasiado feroces para perdonársela. Mas no importa que así fuera: la voz del género humano, al pronunciarla por él, le vengará eternamente de sus perseguidores. Mostráronse satisfechos los jueces con esta retractación, pero aún quisieron continuar su venganza. No se devolvió a Galileo su libertad: se lo internó en el palacio del arzobispo de Siena, y este semicautiverio cesó en el mes de diciembre siguiente; pero Galileo quedó siempre bajo la vigilancia de la Inquisición. En los últimos años de la vida de este ilustre sabio aún tuvo que sufrir nuevas desgracias: en 1634 perdió una de sus hijas, y dos años después quedóse ciego, después de haber comenzado su tratado Del movimiento. Murió en Arcetri el 19 de enero de 1643 a los setenta y ocho años. Las principales obras científicas de Galileo son:

  • Le operazioni del compasso geometrico e militare de Galileo Galilei nobil florentino (1606), obra en la que expone la teoría del compás de proporción que acababa de inventar

  • Discorso entorno alle cose che stanno in su l'aqua et che in quena si muovono, en la que trata, según los principios de Arquímedes, del equilibrio de los cuerpos flotantes;

  • Trattato della scienza mecanice é della utilitá che si traggono dagli istromenti di quella, obra elemental;

  • Sidereus nuncios, magna longeque admirabilia spectacula prodens, etc. (1610), en la que se lee que su anteojo que aumentaba treinta veces, le demuestra las desigualdades de la superficie de la Luna, que le enseñó cosas nuevas sobre las nebulosas y la vía láctea, y, en fin, que le había hecho descubrir las cuatro lunas de Júpiter. Galileo dice también en esta obra que la superficie de la Luna tiene montañas, cavidades, manchas más ó menos luminosas, e indica el medio, aún hoy empleado, de obtener las alturas de las montañas de la Luna midiendo las distancias de sus cimas a la línea de separación de sombra y de luz en el momento en que los rayos luminosos no llegan ya sino a sus cimas. Estima que las montañas de la Luna tienen hasta cuatro millas itálicas de altura. Se pronuncia en favor de la explicación efectiva y justa, que había dado Leonardo de Vinci de la luz cenicienta. Describe en seguida las repetidas observaciones hechas en las estrellas próximas a Júpiter, cuyos movimientos alrededor de este planeta le indujeron a deducir que son satélites suyos. Su obra termina con un anagrama de un anuncio del descubrimiento del anillo de Saturno:

  • Altissimum planetam tergeminum observavi. Casi inmediatamente después de la publicación de esta obra descubría Galileo las fases de Venus; estableció que los planetas no reciben su luz sino de la del Sol, y publicaba

  • Storia e dimostrazione intorno alle macchie solari et loro accidenti, del signor Galileo Galilei. Exponía Galileo en ella sus observaciones de las manchas del Sol, y se quejaba amargamente del Jesuita holandés Scheiner, que con el nombre de Apeles se había apropiado su descubrimiento. Felizmente, cartas de Galileo anteriores a la publicación de la obra de Scheiner le aseguran la gloria de sus observaciones. En una de ellas, de 11 de agosto de 1612 anuncia que las man chas están en la superficie del Sol, que duran más ó menos, de dos a cuarenta días, que sus figuras son irregulares y cambiantes, que se ven unas que se separan y otras que se reúnen en el medio mismo del disco que además de estas variaciones y estos movimientos particulares tienen un movimiento común que las hace describir líneas paralelas.

    Dedujo Galileo de este movimiento general que el Sol es esférico y que gira sobre sí mismo de Occidente a Oriente como los planetas.

    En

    • Il saggiatore nel quale con bilancia esquisita e giusta si ponderano le cose contenute nella libra astronomica e filosofica di Lotario Sarsi, etc. (1623) quéjase Galileo amargamente de los ataques de que era objeto y de los daños que le hicieron los plagiarios. Ocúpase en ella otra vez de la construcción de su anteojo, y hace después largas disertaciones sobre la naturaleza de los cometas. Esta obra es poco interesante.

    • Discorsi e dimostrazioni matematiche entorno a due scienze alttenenti alla mecanice edimovimenti locali (1636). En esta memorable obra consigna los hermosos descubrimientos que han dado nacimiento a la Dinámica moderna, y que constituyen su mejor titulo al reconocimiento de la posteridad.

El descubrimiento del principio de la independencia del efecto de una fuerza y del movimiento anteriormente adquirido por el móvil al cual se aplica, era el primer paso dado en el estudio del movimiento considerado con relación a estas causas, y este paso era esperado desde Arquímedes. El principio establecido por Galileo es un secreto arrancado a la naturaleza después de largas y poderosas meditaciones ayudadas del verdadero genio; el impulso instantáneo que comunicó a todas las inteligencias fue tal, que la Dinámica, de la cual no existían antes de Galileo sino muy ligeros elementos, se constituyó, por decirlo así, desde aquel momento. Su amor a la Ciencia se denunciaba por una actividad infatigable que trataba de buscar nuevos adeptos y de propagar lo más posible las verdades que descubría ex citando en todas partes el entusiasmo científico y el ardor en las investigaciones.

Sostenía correspondencia con todos los hombres eminentes de Europa, acusando a unos por su pereza, estimulando la actividad de otros, ayudando a todos con sus consejos y dando a los más eminentes el apoyo de su aprobación. Es el Voltaire científico de su siglo; tuvo de él la fecundidad, la universalidad y el atrevimiento prudente. Los sentimientos afectuosos eran en él los más poderosos: a sus discípulos Bibiani y Torricelli los trató y los quiso como a sus hijos. Refiérese que un día unos fontaneros de Florencia querían elevar el agua a más altura que la que permitía la presión atmosférica, y no pudiendo lograrlo fueron a consultarle para saber por qué motivo los pistones de sus bombas negábanse a prestar servicio al llegar a cierta altura.

- La naturaleza, dijeron tiene horror al vacío.

- Sí, respondió Galileo; pero parece que no siente horror al vacío sino hasta los treinta y tres pies.

Legó a Torricelli el cuidado de resolver esta cuestión, y este fue el origen del descubrimiento de la presión atmosférica y de la invención del barómetro. La larga y laboriosa carrera de Galileo no puede dar lugar sino a una crítica: no apreció el talento del gran Kepler, por más que tuviera conocimiento de tus inmortales trabajos.

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