INVENTOS E INVENTORES: Historia de los inventos: El mundo secreto del átomo - 14ª parte
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Inventos e inventores

HISTORIA DE LOS INVENTOS

Fuente: Revista "Sucesos"

El mundo secreto del átomo - 14ª parte


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Robert Fulton (continuación)

e conoce un manuscrito, fechado en 1793, en el que expone ya, confiado en el buen éxito, sus ideas acerca de la aplicación del vapor a la navegación. En 1794 obtuvo Fulton del gobierno británico un privilegio para un plano inclinado doble, destinado a reemplazar las esclusas en los canales; en el mismo año presentó a la Sociedad de Industria y Comercio un modelo de molino para aserrar y pulimentar el mármol, y no mucho más tarde inventó tres máquinas: una para hilar el cáñamo y el lino, otra, para hacer cuerdas, y la tercera para cavar la tierra hasta cierta profundidad.

Ingeniero civil desde 1795, aplicóse al estudio de la canalización, procurando perfeccionar su sistema, que consistía en construir canales sustituyendo las esclusas por planos inclinados, en los que los barcos de pequeñas dimensiones, hasta de ocho a diez toneladas, fuesen con su carga elevados, o descendieran de un nivel a otro, por medio de máquinas movidas por el vapor o por el agua.

Previa invitación del Ministro de los Estados Unidos en París, pasó Fulton a fines de 1796, a Francia para proponer la aprobación de su sistema de canales. En 1797 imprimió sus cartas al conde de Stanhope sobre la libertad del comercio y la instrucción del pueblo, y en los siete años que residió en París habitó en la casa del diplomático y poeta americano Joe Barlow, que profesaba a Robert gran cariño.

En la misma época figuró como uno de los empresarios de los Panoramas, para los que ejecutó el primer cuadro expuesto al público. Largo tiempo buscó Fulton el medio de destruir el sistema de guerra marítimo conocido. En 1796 realizó en el Sena la experiencia de una explosión bajo el agua, producida por una especie de bomba a la que dio el nombre de torpedo, y por el mismo tiempo imaginó su nautilos o barco submarino; pero aunque lo ofreció dos veces al Directorio y una a la República bátava, no consiguió que aceptaran su invento. Siendo primer cónsul Bonaparte, nombróse una comisión compuesta de Volney, La Place y Monge, para que juzgase la utilidad del submarino.

Fulton comunicó a la comisión el resultado de dos excursiones que con su barco había efectuado en el Havre. En una de ellas permaneció tres horas debajo del agua sin renovar el aire, y en la segunda, acompañado de cinco hombres, seis horas, al cabo de las cuales salió a la superficie de las aguas a cinco leguas del punto de partida. Favorecido por el informe de los comisionados, recibió del gobierno la orden de trasladarse a Brest para continuar sala experiencias. Allí, a presencia del almirante Villaret, marchó con su barco submarino a lanzar un torpedo contra el costado de un viejo navío, que voló poco después por efecto de aquella máquina infernal. Fulton esperó varios meses ocasión favorable para repetir su experiencia contra uno de los numerosos buques ingleses que cruzaban por las costas; pero ninguno se aproximó lo necesario a tierra y Bonaparte, fatigado de esta lentitud, considerando de imposible realización el invento, le retiró su protección.

Fulton volvió entonces a sus trabajos para aplicar a la navegación el vapor, cuyas propiedades conocía perfectamente. Construyó (agosto de 1803) un barco de vapor con el que navegó por el Sena, e Inglaterra, alarmada por este descubrimiento, del que lord Stanhope habló en la Cámara de los Lores, invitó a Fulton, por medio de lord Sidmouth entonces Ministro, a trasladarse a Londres. El norteamericano, víctima de la indiferencia de los franceses, marchó (1804) a la Gran Bretaña; pero tampoco allí despertó simpatías su sistema de guerra submarina, y la comisión nombrada por el Ministerio perdió tanto tiempo para redactar su informe, que bien mostraba el escaso aprecio que el gobierno hacía de tales descubrimientos. Disgustado Fulton regresó a su patria, y llegó a Nueva York (1806) cuando parecía inevitable y próxima la ruptura entre los Estados Unidos e Inglaterra. Apresuróse entonces a perfeccionar su sistema de torpedos, cuyas experiencias, hechas por cuenta del gobierno central en el puerto de Nueva York, fueron satisfactorias agregó a su invento un aparato para cortar el cable de un navío anclado, y habiendo obtenido del Congreso (1810) 25.000 pesetas para continuar sus estudios, prosiguió también los trabajos para resolver el problema de la navegación por vapor.

En 1807 lanzó al agua un barco de su invención para navegar por el Hudson con la velocidad de dos leguas por hora. Aquel fue el día más feliz de su vida. La multitud que se apiñaba en los muelles para ver la partida del barco de vapor acompañó con sus gritos, burlas y silbidos al inventor cuando éste apareció en el puente. Bien pronto la máquina se puso en movimiento, el buque salió del puerto de Nueva York, y el pueblo, antes insolente, prorrumpió en exclamaciones de asombro.

Fulton recibió en 11 de febrero de 1809 un privilegio de invención para construir barcos de vapor. Consultada su opinión respecto del proyecto de un canal que debía unir el Mississippi y el lago Pontchartrain, aconsejó que se unieran con el Hudson por un canal los lagos del Oeste. Confióle (1810) la Legislatura el encargo de trazar la dirección de la obra, y aquella gigantesca empresa, que unió las aguas de los lagos Erie y Ontario a las del Océano, recibió más tarde su ejecución.

Concedióse igualmente a Fulton un privilegio para sus baterías submarinas (1813), y a propuesta del inventor acordó la Asamblea (1814) construir fragatas de vapor, para lo que votó un crédito. Fulton puso en 20 de junio la quilla a la primera fragata, que en octubre estaba a flote, provista de la máquina en mayo de 1815, y navegando por el Océano en 4 de julio. Esta nave, a la que se dio por nombre el apellido del inventor, que no pudo verla terminada, medía 155 pies de largo por 55 de ancho; componíase de dos barcos, separados por un espacio de 66 pies de longitud por 15 ele anchura, en el que se había colocado la rueda. Experimentó Fulton, a pesar de sus últimos triunfos, disgustos y contrariedades de todo género.

Sin respeto a su privilegio para la navegación por vapor, vio muchos buques en las aguas que le habían concedido lo que le obligó a sostener muchos procesos. Regresando de Trenton, donde seguía uno de estos pleitos, hubo de atravesar el Hudson, entonces helado, y en el trayecto estuvo a punto de perder a Emmet, su amigo y defensor.

Realizó esfuerzos inauditos para salvar la vida de éste, y como permaneciera algunas horas expuesto a los rigores de la estación, vióse acometido de gravísima fiebre inflamatoria, que al fin logró vencer. Convaleciente todavía quiso inspeccionar (enero de 1815) los trabajos de la fragata, volvió la fiebre con mayor fuerza, y Fulton sucumbió un mes más tarde.

El día de su muerte fue de duelo público, que se apresuró a proclamar la Legislatura del Estado. Fulton había casado en 1806 con la sobrina del canciller Roberto Livingston, Ministro de los Estados Unidos en Francia, y de ella tuvo un hijo y tres hijas.

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