HISTORIA Y ARTE - EL SIGLO XIX: Economía y sociedad - 2ª parte
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Historia y Arte

EL SIGLO XIX

Economía y sociedad - 2ª parte


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Las transformaciones agrarias (continuación)

nicialmente las mejoras de la agricultura y de la ganadería consistieron en difundir y generalizar innovaciones ya conocidas desde el siglo anterior. Con el paso del tiempo, y al amparo de los descubrimientos científicos y técnicos logrados por la revolución industrial ya iniciada en Inglaterra, y bajo la presión ejercida por el aumento de necesidades de una población en constante crecimiento, las producciones agrarias multiplicaron sus rendimientos y mejoraron sus sistemas de trabajo.

De ese modo se empezó por difundir la costumbre de sembrar plantas forrajeras en las tierras hasta entonces dejadas en barbecho. El cultivo de forrajes significó aumentar la producción ganadera y, por lo tanto, de abonos, con los que la tierra aumentaba, también, sus rendimientos. Otro tanto se hizo con cultivos como los de la patata y las hortalizas; ya que la primera ofrecía no sólo una gran adaptabilidad a casi todos los suelos, sino también un índice de rendimiento muy alto, las hortalizas por su parte resultaron atractivas por su fácil comercialización.

La aportación científico-técnica fue más tardía y se centró en tres aspectos: la búsqueda de fertilizantes y abonos artificiales, la selección de semillas y la introducción de maquinaria para las tareas agrícolas. Los objetivos fueron dos: mejorar los rendimientos de la tierra y las plantas y abaratar los costes de producción.

El punto de partida del primer objetivo estuvo en el descubrimiento de la composición de los vegetales, realizado en 1840 por Liebing. Este químico alemán fue también quién descubrió el sistema que permitía obtener superfosfatos.

La explotación de las minas de potasa, la obtención de fosfatos a partir de huesos machacados y de nitratos a partir del guano y del grano de Perin, puso a disposición de la agricultura unos fertilizantes que, por primera vez en la historia de la humanidad, permitían compensar el desgaste que sufre cualquier tierra permanentemente cultivada.

Las selecciones de semillas se orientaron hacia dos fines: lograr especies más resistentes a las condiciones climáticas extremas y especies de mayores rendimientos. Por su parte, la introducción de maquinaria agrícola tuvo como consecuencia una disminución de los costes de producción para así poder ofrecer en los mercados unos precios agrícolas competitivos y permitió, también, que parte de la antigua mano de obra campesina pudiera transformarse en mano de obra industrial.

Todos estos logros permitieron alimentar a una población no productora de alimentos que cada día era más numerosa. Ahora bien, no todos los países europeos incorporaron estas mejoras a su agricultura, ni tampoco lo hicieron al mismo tiempo. La evolución histórica de cada país con sus condicionantes políticos, económicos, sociales e incluso religiosos habían dado como resultado, en Europa, una situación agraria muy poco homogénea.

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