De cómo las personas son fácilmente controladas por los tiranos

 

Autor: Herrero Brandon  mediante  Alt-Market.com,

Traducción: Armando Soler Hernández

La pregunta a menudo surge en los círculos de movimientos pro libertad: cómo en una sociedad  se llega al punto de una total  tiranía.  Hay numerosos factores que determinan este resultado, mas a través de todos los diversos sistemas totalitarios en la historia hay denominadores   comunes   – son elementos que deben existir para que los tiranos prevalezcan.Cuando demanera objetiva podemos identificar estos elementos comunes, hacemos mucho más difícil  que las estructuras despóticas permanezcan.

 

La psicología del tirano

Para llegar a un acuerdo sobre cómo los tiranos controlan sociedades, primero debemos examinar cómo les funciona la mente, porque en la mayoría de los casos estas personas no piensan de la manera en que lo hacen los seres humanos comunes.  Es uno de los pocos casos en los cuales yo alentaría a las personas a “distinguir” otro grupo. Los tiranos son psicológicamente anormales a tal extremo que es difícil clasificarlos como humanos.

Creo que la clave para comprender las motivaciones de los tiranos y de dónde provienen estas personas yace en nuestra comprensión de la sociopatía narcisista.  Escribí extensamente sobre esto en mi artículo ‘ Los Elitistas Globales No son Humanos, ‘ así es que aquí sólo daré un resumen.

 

Los rasgos narcisistas y sociopáticos, como muchos rasgos psicológicos, son innatos.  Están presentes en aproximadamente entre el 5% y 10% de cualquier sociedad en cualquier época.  En la inmensa mayoría de casos, estos rasgos permanecen “ocultos” y no afectan las acciones de una persona o sus relaciones en gran medida. Sin embargo, en una minoría de casos, narcisismo y sociopatía se convierten en los factores decisivos de la psique de una persona.  Esto ocurre en menos del 1% de una población.

Para ser claros, no todos los narcisistas son sociópatas y no todos los sociópatas son narcisistas. Hay personas que son narcisistas  ecuánimes, que sobresalen en la sociedad y retienen una conciencia.  Y hay sociópatas  de baja intensidad que ejercen funciones importantes en carreras que las personas normales encontrarían difíciles de ejercer, como son ciertos trabajos en las Fuerzas Armadas, o en el campo médico.  A lo que me estoy refiriendo aquí es a los sociópatas narcisistas  de gran intensidad– la clase de personas que se convierten en asesinos, violadores, pedófilos, y sí, tiranos.

Los narcisistas sociopáticos están motivados solo por sus deseos personales.  Son incapaces de tener empatía hacia otras  personas, sino que las ven como una especie de alimento y fuente de combustible en lugar de compañeros de viaje por la vida.  Consideran su falta de conciencia como una ventaja evolucionista;una herramienta que les ayuda a sobrevivir y prosperar pisoteando, robando, manipulando y si es necesario matando, sin culpabilidad o pena.

 

Usted podría pensar que estas criaturas serían fáciles de identificar dentro de una multitud, pero no siempre es algo tan simple. Tienen la capacidad de imitar el comportamiento de los que están cerca de ellos para aparecer más humanos.  A veces esto los traiciona porque no pueden sino imitar o robar los comportamientos y los gestos de las personas que conocen al punto de hacerlos evidentes.Sin embargo, para aquellos que son inexpertos sobre los sociópatas narcisistas, esa táctica funciona por un tiempo, porque lo qué las personas piensan que ven es a alguien semejante a ellos; una imagen reflejada.Así que imagínenlocomo un mecanismo de supervivencia, semejante al de un camaleón.

 

Para algunos tiranos,durante un tiempo esa habilidad los hace cautivantes para el público.  Pueden ser muchas cosas para muchos grupos, y su habilidad para mentir convincentemente es excepcional. Trepan rápidamente la escalera del éxito, y construyen sistemas que les permiten prosperar.Sin embargo,tienen dudas y debilidades.

 

En la mayoría de casos actúan cobardemente. Prefieren conseguir lo que quieren mediante la subversión y lo artero, y rehúyen la confrontación directa. Prefieren utilizar a otras personas (los tontos útiles) como armas o escudos en lugar del riesgo de afrontar abiertamente a sus adversarios ideológicos.  Como parásitos, se concentran  en los débiles mentales o en lo frágil.

 

Desesperadamente quieren admiración de las mismas personas que victimizan.  Por consiguiente, se ven constantemente forzados a interpretar papeles para dar la apariencia de  ser normales.Pero eso no les gusta.  Sienten que alcahuetear está por debajo de su rango en la vida, y están convencidos de que deberían ser adorados tal como son, y no por la imagen fraudulenta que se fabricaron.  Quieren “salir del closet,” en cierto sentido, como un sociópata narcisista, mas si lo hacen  en un  ambiente social estable, serán rechazados o quemados en la estaca.  A veces se unen en grupo para protegerse, y están dispuestos a trabajar entre ellos en tanto haya mutuo beneficio.

 

Así, estas “personas” tratan de crear el caos, y entonces reordenar la sociedad para actuar y pensar más como realmente actúan y piensan. Cuando las multitudes quedaron convencidas de  abandonar su conciencia, entonces los monstruos pueden salir afuera y sin temor a plena luz de día.

 

He aquí cómo logran esta meta, y cómo las personas comunes los ayudan a alcanzarla…

 

Falsas suposiciones

Casi todas las malas situaciones se inician con falsas  suposiciones, basadas en el prejuicio en lugar de los hechos o la prueba.  La suposición más peligrosa en lo que se refiere a la tiranía es decir “estamos en la derecha, por eso no damos soporte  a la tiranía.”  Sin embargo, de acuerdo los hechos, la pregunta que necesita ser hecha es: ¿esto es realmente “correcto”?  Si la respuesta es “no,” entonces probablemente le están echando combustible a un sistema tiránico.

Ante todo, muchos seres humanos quieren tener “razón” más de lo que quieren ser correctos.  Es decir, están encantados de “ganar” discusiones y conflictos sin tener en cuenta si la verdad está o no de su lado. Este prejuicio es la raíz de muchas catástrofes en la historia.

Esto no significa afirmar que no tienen una conciencia.  La mayor parte de las personas de hecho tienen una conciencia que les dice que sus suposiciones son equivocadas, pero aun así pueden cometer actos de estupidez y atrocidad.  Ahí es donde los manipuladores tiránicos se lanzan a ayudarlos.

Los tiranos encuentran gran placer en crear toda clase de falaciasmentales lógicas y acrobáticas y argumentos en venta moralmente relativos para convencer a un grupo de personas que sus suposiciones equivocadas están en lo correcto.  La verdad se vuelve turbia y la prueba innecesaria.  En este estado de ánimo, cuando los individuos se  mezclan en una chusma, las suposiciones se convierten en dictámenes de culto y “ganar” es lo  primero.  Las suposiciones falsas y los prejuicios pueden utilizarse para convertir a normales personas honradas en monstruos, y todo porque se negaron a aceptar que su posición ideológica era errónea; y  en definitiva porque les dio miedo avergonzarse o admitir que fueron timados.

 

Falsas posiciones

Tomar una posición en lo político es natural y normal.  Aun cuando las personas son enteramente honestas acerca de los hechos a la mano y convienen en principios básicos de libertad y decencia humana, TODAVÍA disentirán en qué soluciones deberían emplearse para ocuparse de los problemas frente de ellos.  Esto crea una falsa imagen dentro de la sociedad que siempre está presente; no puede ser modificada o evitada.  Los tiranos comprenden las bases de esta falsa imagen e intentan utilizarlo en  su provecho para manipular a las personas, alejarlas fuera de la prudente discusión y conducirlas hacia el conflicto irracional.

Los tiranos explotan a las multitudes con mayor holgura cuando las personas asumen que los líderes políticos y sociales corruptos están trabajando para “su lado” y en contra del “lado contrario.”  A menudo estos líderes pueden ser comprados o amenazados para lograr su sometimiento.  Los tiranos entonces los utilizan para conducir la mencionada falsa imagen de la sociedad hacia los  extremos más remotos, hasta que ambas partes adoptan una actitud de fanatismo.

Esto no ocurre no sólo en la política, sino también en la geopolítica,  en la medida en que naciones enteras son conducidas a guerrear entre ellas por presidentes títeres y gobiernos en conflictos diseñados que solo y siempre benefician a la camarilla de tiranos conspiradores  tras las bambalinas.

 

El fanatismo y las falsasnarrativas

Considero al fanatismo como un tipo de enfermedad psicológica comunicable – se propaga como un virus a través de una cultura hasta que todo el mundo está infectado. El fanatismo ocurre cuando una persona acepta una ideología hasta el punto en que sobrepasa su personalidad y su alma, y ya no puede pensar claramente como un individuo. Esto incluye considerar la posibilidad de que están en el lado equivocado de la historia y de lo moral.

El fanatismo a escala de la masa depende de un número de piezas de dominó colocadas en fila. Lo ayuda la amenaza de quiebra civil y sufrimiento económico.  Los adversarios ideológicos deben ser pintados como una amenaza inminente y vil para el mismo tejido social. En algunos casos lo son como una amenaza real y configurada (la oposición controlada); en otros son una falsa amenaza creada con la intención de llevar a otro grupo a  apoyar medidas tiránicas.

Los tiranos construyen falsas narrativas.  Esto es lo que hacen mejor.  Alientan a las personas a convertirse en villanos sin caer en cuenta de ello, o para sembrar división acusan de villanía a grupos inocentes.  Necesitan todas las partes para ver a los demás indistintamente como un aliado o un enemigo.  No hay compromiso.  Si una persona no está  de acuerdo con los puntos de vista del fanático, entonces debe ser inmediatamente tratado como una amenaza.  Esto provoca una interminable cámara de resonancia que desbarata toda disensión o desacuerdo, no importa cuán racional sea.

Los fanáticos operan primordialmente con el miedo, haciéndoles presa fácil para los tiranos.  Y como algún intelectual presumido cierta  vez dijera, “el miedo es el asesino de la mente; es la diminuta muerte que trae la total extinción.”

 

La apatía y la falsa esperanza

Más que cualquier otra cosa, los tiranos desean una población apática. La apatía engendra complacencia e inacción, y también promueve una delirante manera de pensar. Las personas apáticas propenden a la filosofía de pacifismo como un medio para vindicar su propio comportamiento, pero ésta es meramente una máscara diseñada para esconder su miedo. Podrían temer sufrir, podrían temer pérdida, podrían temer fracaso, pero ciertamente tienen miedo, y les impide estorbar desarrollos que saben son malos en naturaleza y que eso requiere una respuesta agresiva.

La apatía también puede ser engendrada en una sociedad a través del uso de falsas esperanzas.  Los tiranos  crean panoramas en los cuales el público es obligado a creer que “el cambio” positivo está a punto de ocurrir, usualmente a través de la política.  Mas no habrá cambio para bien más allá de lo cosmético.  Las cosas sólo se empeoran.  En este proceso de acondicionar, los tiranos elevan las esperanzas de las multitudes, y entonces las echan por tierra una y otra vez, hasta que el público se rinde y abandona toda esperanza.

El problema no es que las cosas no pueden cambiarse para algo mejor, sino que el público se mantenga ciñéndose al reglamento de un juego fabricado por las mismas personas y que es la causa de su sufrimiento. Dar un paso fuera de las restricciones de  ese juego requiere que nosotros tomemos los asuntos en nuestras propias manos en lugar de esperar a que otros hagan los cambios por nosotros.  Requiere riesgo.  Si la farsa de la tiranía es para nunca terminar, todas las personas despiertas y conscientes tendrán que tomar muchos riesgos.

Escuchéla opinión de que la tiranía es algo natural y producto inevitable de sociedad humana.  Que los tiranos no pueden ser eludidos, que siempre existirán y cualquier intento para quitarlos dará como resultado sólo ser reemplazados por otros tiranos.  Éste es el pináculo de la disposición mental patética.  Es el oscuro vórtice mental de nihilismo.

 

Uno también podría sostener la opinión que no tiene sentido lavarnos hoy porque mañana  vamos a ensuciarnos otra vez. Pero estas personas finalmente morirían de enfermedad.  Si la tiranía es una constante humana, entonces la rebelión también debe ser una constante humana, de otra manera, la humanidad perece  o es transformada en algo irreconocible.

 

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