USA vs China: Mucho más que una guerra comercial

Traducción de Armando Soler Hernández
Por Daniel Lacalle

En estas semanas mucho que hemos leído sobre la denominada guerra comercial.  Sin embargo, mejor se podría calificar como una negociación entre el consumidor más grande y el mayor proveedor, con importantes ramificaciones políticas e incluso morales. Además, es una disputa entre dos modelos económicos.

Nadie gana en una guerra comercial, y las tarifas siempre son mala idea, más sin olvidarnos de que, sencillamente, también significan un arma.

¿Y por qué ahora ?

Por largos años a China se le permitió mantener una dictadura mercantilista y un modelo proteccionista  mediante la excusa de que su elevado crecimiento la hacía atractiva para la inversión.

Poco antes de que Estados Unidos estableciera su grupo de tarifas, el gobierno chino aceleró dos peligrosas políticas que no podemos ignorar: intensificó los controles de capital  , limitando el flujo de dólares hacia el exterior del país, y aumentó la lista de compañías y sitios censurados en la web, dos medidas que prueban que el gobierno chino no solo se manifestaba poco inclinado a abrir su economía, sino más bien lo contrario. Estas medidas se intensificaron en el último año y medio. Otros dos factores también muestran la decisión de China  de detener la apertura de su sistema. El “Plan Hecho en China 2025” y la remoción del límite de dos términos en la presidencia del país, con el efecto de permitir a Xi Jinping quedarse de por vida en el poder.

Entre 2004 y 2018, los Estados Unidos presentaron 41 quejas, enfocadas en 27 áreas diferentes, en contra de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC en castellano, WTO en inglés). La inmensa mayoría de las resoluciones de la OMC no son de cumplimiento forzoso (Ver”Paper Clompliance: How China Implements WTO Decisions .” La estrategia previa de mirar hacia otro lado y esperar que la economía china poco a poco se  tornase accesible, se topó con la realidad de un creciente  intervencionismo del Estado Chino.

El experimento

Hace varios meses, un alto  ejecutivo de la Administración de Estados Unidos me explicó que hubo dos opiniones opuestas en la Casa Blanca. La primera advertía que de ponerse en marcha una guerra comercial  el dólar norteamericano se hundiría,  provocando la subida vertiginosa en los rendimientos de los bonos norteamericanos y lanzando la economía del país a una recesión. La segunda opinión  estimaba que el riesgo para la economía estadounidense era pequeño y manejable. Esto demostró estar en lo correcto con los bonos USA por 10 años al 2.13%, su demanda (la licitación a cubrir) cómodamente duplicándose a despecho del fin de su compra por la Reserva Federal, y el dólar (DXY Index) en un estadio convenientemente fuerte, sumando  un nivel  muy sólido de  empleo,  salariosy crecimiento económico.El dólar americano fortaleció su posición como la moneda circulante de la reserva mundial con el 88% de las transacciones mientras el yuan fue sólo el 4%,  según el Banco de Liquidaciones Internacionales.

Entretanto, los proponentes de un yuan “con garantía oro” afrontaron la realidad de un banco central chino que inyectó y aumentó la oferta monetaria en una forma más agresiva que la Reserva Federal (RF) de Estados Unidos.  China no está siguiendo sólidas políticas monetarias. El PBOC (Banco Popular Chino) está copiando al pie de la letra las mismas políticas de la RF y del BOJ (Banco de Japón). Y no está ni remotamente cerca de un patrón oro, pues sus respaldos del áureo metal son menos que el 0.25% de la oferta monetaria M2.

El espejismo del yuan con garantía oro se deshizo condos devaluaciones consecutivas, una moneda circulante que se utiliza en menos de 4% de las transacciones globales y una política monetaria sumamente agresiva.

“Disparando al blanco”

Muchos han mencionado que China podría vender sus activos fiscales estadounidenses o amenazar con su suministro de tierra rara, esencial para la manufactura de equipos tecnológicos.

China no es el más grande poseedor de bonos norteamericanos, ni siquiera de cerca. Son los  Estados Unidos. De hecho, China ya redujo parte de sus activos en bonos norteamericanos y los rendimientos cayeron.

No, China no podría  utilizar como un arma sus activos  estadounidenses de deuda porque se quedaría sin reservas, se hundiría la economía y el yuan con ella (lea este excelente análisis). Las reservas FX de China descendieron desde las alturas hasta un 21%, y la inmensa mayoría de ellas no pueden ser utilizadas

La única solución para China sería eliminar su control  de capitales y dejar al flotador del yuan, pero entonces podría afrontar una enorme devaluación que conduciría el país a una espiral de bancarrotas que puede, a su vez, llevar a imprimir más yuanes, una moneda que no es  de uso mundial y con demanda en baja. Así que es la recesión o la crisis económica.

¿Y qué hay con las tierras raras?

En un magnífico artículo intitulado ”El Falso  Monopolio”, los  autores ponen en evidencia el mito de la supuesta dependencia estadounidense a China, pero hay que sumar un factor adicional.  En este sector ninguno de los mineros chinos generan retorno de capital por encima del costo de capital invertido. O están provocando pérdida o perdiendo en lo referente al costo de capital de trabajo. Sabemos esto porque ya probaron con ambos en el pasado y  no funcionaron.

La confianza de los  halcones de la Administración estadounidense se fortaleció con la prueba demostrada de que “la moneda circulante china incluso no es buscada por los mismos chinos” dada la evidencia de fugas de capital y un enorme porcentaje de  préstamos respaldados por cobre y otros productos primarios. La dependencia de China del dólar norteamericano resultó ser el doble: por medio de las reservas FX y por los productos primarios. Sus vastas reservas son mucho más pequeñas y menos asequibles de lo que muchos pensaron.

La batalla tecnológica

Hay un cuarto factor añadido al elevado excedente comercial, controles  de capital y la  ausencia de seguridad legal y derechos de propiedad: la batalla tecnológica.

El 70% del software utilizado por China es pirateado de los Estados Unidos. El impacto negativo que esto representa para la economía estadounidense, sólo en   el área de la propiedad intelectual,  es de $600, 000 millones (Ver “China: Effect of Intellectual Property Infringement and Indigenous Innovation Policies on the US Economy “), una cifra más  elevada que el excedente comercial que China tiene con Estados Unidos

No es simplemente una batalla por el control de la tecnología, sino por la seguridad. Los gigantes tecnológicos americanos son empresas privadas y la mayor parte de sus líderes son críticos de la actual Administración en la Casa Blanca. Los gigantes tecnológicos en China son propiedad del Gobierno,  o de propiedad semi-estatal o  concesiones para los miembros del partido comunista.

La erróneamente denominada “guerra comercial” es mucho más que tarifas. Hayotras maneras adicionales de proteccionismo,  y los controles de capital, las restricciones en moneda circulante, la falta de división de poderes y del respeto por la propiedad intelectual también son formas de proteccionismo.

Los Estados Unidos han descubierto el talón Aquiles de China. Es elmismo que tenía Japón en los años 80 del pasado siglo,  cuando parecía que iba a invadir el mundo: dependencia del dólar norteamericano para mantener sus grandes desequilibrios domésticos, un muy frágil castillo de naipes de excesivas capacidades, una burbuja en bienes raíces y gasto improductivo.

¿Los Estados Unidos tienen algo que perder? Bastante, pero mucho menos que China. Según Oxford Economics, el impacto en el PIB norteamericano de una guerra comercial total y prolongada estaría entre 50% y 70% más alto en China que en Estados Unidos, y tenemos que agregar que  elefecto dominó de bancarrotas en China. Los fondos globales fluyen hacia los Estados Unidos provenientes de las economías emergentes.

La fuerza de los Estados Unidos es tener una abierta y  más segura economía donde la moneda circulante permanece como reserva global,  no por causa del poder militar, sino porque el resto de las monedas circulantes caen en la trampa de llevar a cabo los mismos desequilibrios monetarios  de los Estados Unidos pero sin  su libre mercado, su apertura y la demanda real  de moneda circulante.

El Talón de  Aquiles de China  se debe  al  intentar ser reserva de circulante mientras mantiene el control del capital y aumentan la intervención estatal, intentando ser Estados Unidos sin su dinamismo, apertura y mercado libre.  Su única carta a favor era una economía de alto crecimiento alimentada por la deuda. Los funcionarios chinos sabían que eso era un imposible, pero pensaron que ser el “motor del crecimiento mundial” les permitiría salirse con la suya. Se encontraron con un cliente, los Estados Unidos, que es el único que puede aguantar su enorme excedente comercial (Chinatiene déficit comercial  con la mayor parte de sus otros socios), y eso no depende tanto de las exportaciones. Las exportaciones estadounidenses son menos de 12% de su PIB.

Los Estados Unidos saben que esta guerra tiene importantes y negativas consecuencias económicas internas. Las tarifas no son una solución, sólo un arma, más si China no comienza a abrir su economía real, a  largo plazo el problema será mucho mayor.

China y sus ciudadanos sacarían provecho en buena medida eliminando barreras. Además, si ese gran país puede y verdaderamente se convierte en una  reserva de divisas por mérito propio, será excelente para Estados Unidos porque el incentivo adverso de los bancos centrales norteamericanos estará contrapesado. Pero en lugar de reducir control, China parece preferir caer en la reiteración de los mismos errores monetarios, legales y comerciales. Y ese es un gran problema, pues la aplicación de tarifas sirve de justificación para perpetuar el mercantilismo dictatorial, no para reducirlo.

El proteccionismo no se soluciona con más proteccionismo, pero cuando la parte contraria no busca el comercio como una herramienta de progreso mutuo, sino como un caballo de Troya para asumir el control, nos encontramos con mucho más que una guerra comercial:  es un conflicto entre dos modelos de sociedad.

Los Estados Unidos y China encontrarán una forma de acuerdo, pero no puede provenir de cerrar nuestros ojos ante los riesgos totalitarios del sistema chino. China y Estados Unidos saben que esta batalla es no ver quién gana, sino quién pierde menos, y quién arroja primero el arma.

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