Autonomía Municipal (I)

Juan Carlos Linares Balmaseda

Aunque se conocen teorías sociológicas y antropológicas que establecen el origen del ejercicio de la autonomía en las primitivas tribus desde la protohistoria, esta manifestación adquiere moderna expresión civil real, como mecanismo de progreso, libertad y autogobierno, con el advenimiento del republicanismo y el concepto del ciudadano.

Desde ese estadio, la autonomía asciende en espiral como concepto, transformándose en instrumento jurídico de la filosofía democrática, dirimiendo conflictos sociales y garantizando el equilibrio público. Hoy en día en determinadas naciones latinoamericanas la autonomía es un elemento político que establece una base civilizada para arbitrar diferencias sociales y buscar soluciones. En la Cuba presente, aunque por razones muy distintas, la autonomía tuvo precedentes tempranos bajo el mismo régimen colonial. 

El primer intento de federalismo cubano institucionalizado, aunque por razones reñidas con la verdadera autonomía, proviene de la misma autoridad colonial española con la división política-administrativa en 1827. La isla quedó dividida en tres departamentos bajo control militar, obviando la soberanía de sus habitantes. Mas al dividir a Cuba en occidente, centro y oriente, se  sentaron las bases de una cultura federativa nacional, cortejada y renegada al mismo tiempo por todos los gobernantes autoritarios y de turno.

El siglo XIX también gesta en Cuba la formación de tres corrientes de pensamiento: anexionismo, autonomismo e independentismo. Los primeros creían en la integración del territorio cubano como otro Estado de los Estados Unidos de América.  En cambio, los autonomistas hacían uso del término para ganar cierta independencia de la metrópolis, considerando la necesidad de un proceso pacífico de transformación del país, de manera gradual y ordenada, hacia la independencia. En estas dos corrientes primaba la idea del federalismo. Sin embargo, a la larga se impuso el independentismo y sucesivas guerras destruyeron toda la riqueza acumulada en el país y crearon el caos social.

Tras una de esas luchas armadas, la guerra de los Diez Años, en 1878 el gobierno colonial español procedió a disgregar a Cuba en seis provincias. Ocurría un evidente interés de fraccionar e inmovilizar aquella diminuta sociedad civil criolla, en tanto el poderío militar de la metrópolis en la isla permaneció organizado en tres demarcaciones: occidental, central y oriental.    

En 1976 la elite gobernante castrista, de inmutable preponderancia militar, fragmentó la nación en 14 provincias. Y en 2011 la Provincia de La Habana fue dividida en dos, elevando el número de provincias a 15. En contraste con esta desmenuzada estructura administrativa, el país permanece sub-dividido en tres zonas militares o ejércitos: occidental, central y oriental, con la jefatura centralizada en la capital, La Habana.

Hoy la Autonomía Municipal acopla cabalmente en dicha fórmula federalista. 

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