LITERATURA Y RADIODIFUSIÓN (RADIO VENTISQUERO-PATAGONA CHILENA)

A veces los artículos salen por un cúmulo de casualidades. Este por ejemplo es uno de ellos. Yo buscaba Radio Patagonia y lo que encontré en la dirección que tenía fue RADIO VENTISQUERO que, en aquel momento del pasado invierno patagónico encontré cerrada. Pero traje las correspondientes fotografías que hago cada vez que descubro una emisora y no pensaba que servirían para un trabajo sobre esa lejana emisora de FM pero que tiene su historia.

Después de mi regreso a casa, meneando cajas y desempolvando libros me apareció PATAGONIA EXPRESS publicada por primera vez en España en 1995. Así que como su autor me cautivó con EL VIEJO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR y que recomiendo a cualquiera que quiera divertirse un ratito al igual que la presente sobre esa desconcertante región del sur que tantos recuerdos me trae desde hace años.

Es cierto que Dan Vasile desde Radio Rumania Internacional nos ha traído materiales sobre las andanzas de un rumano, buscador de oro, que yo mismo había documentado en algunos lejanos artículos que hace algunos años recuperé y se han actualizado en publicaciones españolas o páginas Web.

Bien, en Patagonia Express uno tiene material diverso y la radio aparece en varias ocasiones a lo largo de sus casi 200 páginas. No me resisto a dejar pasar el tema, especialmente el de Radio Ventisquero y recomiendo la lectura de ese trabajo completo, pues la anécdota de las mentiras en la radio no tiene desperdicio. Aunque hay otros capítulos que estoy seguro arrancarán más de una sonrisa. Si uno ha viajado por la región, entonces se sentirá de nuevo por aquellos territorios y los revivirá con una inusitada claridad, o al menos es lo que me ha pasado a mí.

Las líneas que siguen incluso pueden complementar el trabajo sobre el DIAL CHILENO que hace varios meses ya divulgué, especialmente en el apartado de avisos. ¡Ahora deben de estar disfrutando de un tiempo estival que seguramente hará que el paisaje, pleno de luz y nada de contaminación sea mucho más grandioso. ¡Que lo disfruten!

Unos doce animales han pasado ya por los dientes de los capadores, y estamos devorando las deliciosas criadillas asadas cuando vemos llegar el jeep adornado con el logotipo de RADIO VESTIQUERO, LA VOZ DE LA PATAGONIA.

Al primero que veo bajar es a Baldo Araya [ignoro si es el mismo que honra el costado de la M/V Don Baldo que me transportó desde Quellón hasta Puerto Chacabuco entre unos impresionantes fiordos, pero eso lo intentaremos de averiguar cuando acabe el presente trabajo], el porfiado profesor del liceo de Coyhaique e historiador de la Patagonia, que durante los grises años de la dictadura militar chilena se negó a cantar las estrofas que los gorilas agregaron al himno nacional. Así, cada lunes, los alumnos y profesores entonaban el odioso “vuestros nombres, valientes soldados que habéis sido de Chile el sostén…”, todos cantaban, todos menos Baldo Araya, que permanecía mudo. Lo golpearon, lo encarcelaron durante varios meses acusándolo de desacato a la autoridad, pero no consiguieron doblegar su voluntad. Finalmente decidieron expulsarlo  del liceo, pero entonces, una mañana, frente a la puerta del regimiento Baquedano, apareció degollado uno de los perros vigías, con una nota en el hocico: “Cretinos, ¿no se dan cuenta de que los tenemos rodeados? Ustedes dentro del cuartel, nosotros fuera. Dejen en paz al profesor Araya”.

No lo expulsaron, pero dejaron de pagarle el sueldo. A Baldo no le importó y siguió impartiendo sus clases de historia universal. Durante catorce años vivió de la reacia solidaridad de los patagones. Nunca le faltó la barrica de vino, ni las gallinas ponedoras de huevos marrones, ni la carne para los asados dominicales.

-Viví disfrutando de la beca del pueblo –concluyó Baldo luego de contarme su historia, hace un par de años.

Otro de los que vienen en el jeep es Jorge Díaz, locutor, director, jefe de programas, redactor, pinchadiscos y técnico de Radio Ventisquero. En 1972, a Jorge Díaz, de profesión locutor deportivo, chofer de camión, patrón de barco pesquero, minero y cantante de tangos, se le ocurrió la idea de abrir una radioemisora diferente a las que llegaban con sus ondas hasta el sur del mundo. Debía ser una emisora al servicio de aquellas gentes que, sobre todo en los largos inviernos sin caminos, sin teléfono y sin servicio postal, quedaban aisladas. Con sus ahorros y los de un par de amigos comp´ro equipos de segunda mano, los instaló, obtuvo una licencia de frecuencia y empezó a transmitir por las bandas de onda larga.

Aquí, Patagonia, un programa de dos horas de duración, pasó rápidamente a ser el más popular. En él se emitían avisos de utilidad: “Se avisa a la familia Morán, de lago Cochrane, que don Evaristo va en camino. Espérenlo con caballos frescos porque el hombre va muy cargado y con amigos” o “La familia Braun, de lago Elizalde, invita a todos los habitantes de la región y a los que escuchan este programa a una fiesta con motivo del casamiento de su hijo mayor, Octavio Braun, con la señorita Faumelinda Brautigam. Habrá campeonatos de truco y taba, doma de potros, asado de cordero, chancho y vacuno. También habrá tardes de poesía a cargo de Santos de la Roca, el payador de Río Gallegos. Se ruega llevar tiendas para pernoctar. La fiesta durará una semana”…

En 1976 la dictadura empezó a enviar relegados políticos a la Patagonia. La correspondencia que los desterrados recibían o enviaban a sus familiares del norte pasaba previamente por la censura militar, que generalmente consistía en destruir las cartas. Entonces Radio Ventisquero, La voz de la Patagonia, empezó a transmitir mensajes por onda corta, y los relegados no sólo pudieron comunicarse con sus familiares, sino que emitieron un programa de análisis político. En poco meses Radio Ventisquero se escuchó hasta en Arica, en la frontera con Perú, a casi cuatro mil kilómetros de distancia.

La respuesta de los militares no se hizo esperar. Una noche, “manos anónimas” dinamitaron la torre de la antena durante las horas del toque de queda. La respuesta de los patagones tampoco anduvo a la zaga: Jorge Díaz recibió los más largos y flexibles troncos de eucaliptos para que levantara la antena todas las veces que fuera necesario. Y siguió emitiendo. Y sigue. Y seguirá.

Ladislao Eznaola pide silencio a los presentes golpeando la parrilla con su facón.

-Paisanos, como ya es tradición en nuestra estancia, vamos a dar por inaugurado el décimo octavo campeonato de mentiras de la Patagonia. Todas las mentiras que aquí se digan serán más tarde transmitidas por Radio Ventisquero. Jorge Díaz las grabará, así que no se asusten por el micrófono, como en las contiendas anteriores, hay una vaquilla Holstein de premio para el vencedor.

¿Existirá en el mundo otro torneo como éste, un torneo de mentiras?

Isidoro Cruz, de Las Heras, provincia de Chubut, se echa un largo trago de vino antes de empezar… (El pasaje no tiene desperdicio pero como no es de radio me permito saltar, pero me recuerda aquella estupenda serie humorística que creó escuela en la radiodifusión cubana LA TREMENDA CORTE, aunque es otro tipo de humor).

Isidoro Cruz termina su mentira con semblante serio. Los gauchos ponderan sus argumentos, los evalúan, deciden que es una mentira linda, aplauden, beben, prometen no olvidarla, y le toca turno a Carlos Hein, rubio gaucho de Coyhaique.

Al caer la noche los gauchos siguen con sus mentiras junto al fogón. Unos peones asan dos corderos. Las señoras de la estancia anuncian que se puede pasar a la mesa. Con Baldo Araya decidimos dar un breve paseo hasta las zarzamoras.

Allí, orinando copiosamente, alzo la cabeza para mirar el cielo cuajado de estrellas, de miles de estrellas.

-Bonita mentira la del piojo –comenta Baldo.

-¿Y este cielo? ¿Y todas estas estrellas, Baldo? ¿Son una mentira más de la Patagonia?

-Y qué importa. En esta tierra mentimos para ser felices. Pero ninguno de nosotros confunde la mentira con el engaño.

Como ya cité en mis impresiones sobre el dial chileno, yo buscaba Radio Patagonia en esa dirección; lamentablemente cuando llegué era una hora en la que no encontré un alma en la calle [el frío glaciar sólo invita a salir de casa al osado y cuando viajas el tiempo vuela: no hay ocasión para lamentos y sigues con tu ruta a pesar de haberte desaconsejado ese largo camino por la dureza que presenta el trayecto en pleno invierno] y muchas estaban totalmente heladas con lo que las caídas eran también una de las causas a tener en cuenta en aquellas latitudes. Por suerte cuando levantaba el día, me dijeron, era precioso y podía considerarme afortunado, otros años en el mes de agosto había más de un metro de nieve y en el 2011 ni había caído todavía el blanco manto en la lejana Coyhaique, algo que sí tenían todas sus montañas o cuando inicié el retorno hacia el norte tras pasar Argentina por el paso fronterizo de Coyhaique Alto en donde el blanco manto y un considerable grosor era la tónica inagotable de unas inmensas llanuras salpicadas por alguna que otra montaña. La explosión del volcán chileno también provocó desperfectos en las vías de comunicación y los autobuses realizaban rutas mucho más largas para intentar evitar las inclemencias del tiempo y los destrozos provocados por aquella erupción que sembró de gris un paisaje que se nos antoja maravilloso a pesar de ser páramos prácticamente yermos: quizá la inmensidad es lo que nos atrapa, la soledad más absoluta y el inabarcable horizonte.

[Tomado de Luis Sepúlveda, PATAGONIA EXPRESS, Tusquets Editores, Colección Andanzas, Barcelona, 1995; páginas 107-112. He respetado el texto original y de ahí que puedan darse palabras con grafía diferente a la que usamos en España]

Un comentario:

  1. Between me and my husband we’ve owned more MP3 ylrpeas over the years than I can count, including Sansas, iRivers, iPods (classic & touch), the Ibiza Rhapsody, etc. But, the last few years I’ve settled down to one line of ylrpeas. Why? Because I was happy to discover how well-designed and fun to use the underappreciated (and widely mocked) Zunes are.

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