LA RADIO EN LA LITERATURA: MEMORIAS DE UN LIBERAL PSICODÉLICO

“Las cosas salen bien si Dios quiere”
[Luis Racionero]

 

La presente reseña, una vez más, es fruto de la casualidad. Unas memorias de un escritor como Luis Racionero, no siempre son el mejor lugar para encontrarnos material radial, pero resulta que hay unas cuantas, y buenas, alusiones al mundo de la radio.

LA RADIO EN LA LITERATURA: MEMORIAS DE UN LIBERAL PSICODÉLICO

Se trata de un libro de memorias que, casualmente, contiene material hilarante y que te hace sonreír, sobre todo cuando entras en los apartados dedicados a Josep Pla, Salvador Dalí o Francesc Pujols, por citar a algunos de los varios centenares de personajes que aparecen por esta densa obra que supera las 400 páginas y que en su día apenas costaba 5€. Con suerte en librerías de alcance el coste es justo la mitad. La obra fue premio Gaziel de Biografías y Memorias en el 2010 y bien merece la pena entretenerse con ella, sin duda no defraudará al que le hinque el diente: merece la pena porque a poco que uno haya vivido entre 1950-2000 en la región catalana, encontrará infinidad de anécdotas que le devolverán a un mundo no tan lejano y, a lo mejor, incluso, le sirve para intentar entender a este territorio en donde sus bípedos se creen los mejores del mundo, como si Argentina hubiera sido transplantada a esta zona de los Pirineos. Vaya, que parece como si ya tuvieran suficiente con “comida aparte” (siempre y cuando la paguen otros, porque incluso esa jocosa anécdota de que el catalán podrá vivir en cualquier lugar del mundo sin gastarse una peseta es tratada en este magnífico ejemplo de memoria de alguien que, de entrada, no siempre ha sido entendido desde algunos puntos del establishment).

Extraordinario el repaso a Jordi Pujol y Albert Boadella que bordó su obra de Ubú president. La cantidad de problemas que nos habríamos ahorrado si entonces la sociedad catalana hubiera reaccionado. Ahora, adormecidos y alienados, todos claman en el sentido contrario a como lo hacen los rumanos. ¡País!

Y entramos en el tema radial tras la cita de la Pasionaria, que nos viene bien por aquello de que la verdad acaba apareciendo, aunque muchas veces a destiempo.

 

“En el transcurrir de la historia no es posible ocultar nada, todo sale antes o después a la superficie”

[Dolores Ibárruri]

 

“El MED (Mediterráneo) era una guarida de hippies, estudiantes y muy pocos profesores: uno de sus encantos era la radio FM con música clásica, y eso por las mañanas, mientras uno desayunaba, tenía una calidad para mí inolvidable, especialmente los domingos, cuando la avenida estaba mucho más tranquila.” [31/32]  

“Al pasar por la carretera que bordea el campus en la falda de la colina, mi sensación de plenitud era total. Una música que me gustaba –lástima no recordar cuál, algo como un lento de Santana “Incident at Neshabur”, por ejemplo-  sonaba en la radio, el coche se deslizaba por la suave carretera ondulante entre los eucaliptos cerca del estadio”. [116]

“Pero volvamos al programa, que he podido recuperar en YouTube por gentileza de un fan iniciático: Javier Arellano. (Se trata de un espacio de Fernando Sánchez Dragó “El mundo por montera” que se emitió en 1989, ante la extensión, sólo citamos la referencia y los interesados se entretengan en bajarlo de la célebre plataforma, fue una entrevista a Albert Hofmann que llegó al programa tras la invitación de Antonio Escotado)”. [117/125]

“Aquellos grandes conversadores, aquellos ingenios que yo aún he vislumbrado en Montesinos o Pla, ¿dónde están? ¿Será que la televisión y la radio han acabado con el arte de la conversación? Porque en la mayoría de las tertulias –en la radio, en la televisión es aún peor, hay un cotilleo de corralas de comadres que no lo salva ni Mercedes Milá- el nivel del tema, conocimientos, ocurrencia y anécdotas están bajo mínimos. ¿Quién habla bien hoy en España?” [148]

“Yo había ido a Beaune para los vinos y me encontré una portada del Le Canard Enchainé, el mejor periódico satírico del continente –con permiso, en sus momentos gloriosos, de La codorniz- que titulaba: FRANCO ENTERRÉ VIVANT! Pero, por fin, acabó. Yo lo supe del modo más extrasensorial. Era una madrugada, había puesto en el tocadiscos Los Nocturnos de Chopin interpretados por Rubinstein, que a esa hora llenan el día de paz. Al acabar, surgió una voz de radio por el equipo del tocadiscos: “General Franco is dead” y se desvaneció la onda”. [161]

Pensé que me ahorraría un Potosí en gasolina, pero apenas llegar al café desde donde partíamos Leopoldo me pidió que le pagara el desayuno, y en Figueras el billete de tren a Barcelona. Todo por los poetas (le había propuesto a Jaime Gil que le pasase una asignación mensual para poder ser poeta y no le faltaba razón, pero el mundo actual no va por ahí: los poetas viven de la radio o de escribir ensayos, como Luis Antonio de Villena”. [171]

“El otro, el tiet Lillo, había hecho la guerra con los republicanos y escuchaba las noticias de la BBC por la radio. Escuché, antes de los cinco años, el tambor de la BBC: pon, pon, pon, pon, y las voces incomprensibles de De Gaulle y Churchill”. [180]

Tampoco veía la tele más que cuando había mundial de fútbol o el programa Apostrophes de Bernard Pívot, en la Antenne 2 francesa. El domingo por la tarde daban por la radio France Musique, el programa de La Tribune des Critiques que reunía a una serie de conaisseurs franceses que ponían una pieza interpretada por diferentes orquestas y directores, para luego discutir los méritos de cada uno. Poner en palabras las sensaciones, eso que tanto les gusta a los franceses. También me gustaba a mí, que escuchaba encantado aquel programa culto donde los hubiere. Mi vecino Juanín Rubert también un fan de esa emisora, creo que fue él quien me recomendó el programa”. [234/235]

El guía chino no quería que pernoctase en el templo y me mintió diciendo que no estaba permitido, pero un taoísta de Seattle que me oyó me dijo que, si pagaba, los monjes me dejarían dormir, y así fue. Dormí tranquilamente hasta que, al despuntar el día, oí un ruido de radio mal sintonizada. Era el abad que escuchaba las noticias. Me despertó”. [309]

“El felipismo tapaba lo que podía, ayudado por su periódico de cabecera –que aún sigue siéndolo- y las radios y televisiones correspondientes, incluida la Primera donde Iñaki Gabilondo entrevistaba a Felipe González para que este le contara que él se enteraba por la prensa de todas aquellas maniobras corruptas. Lo que en Inglaterra o en Alemania hubiese supuesto una dimisión fulminante, aquí era “ya escampará” y se afrontaba con una verborrea de vendedor de mercadillo ambulante”. [344]

No hay que olvidar que Felipe González cerró el Diario 16 a Pedro J. Ramírez y el diario El Independiente a Pablo Sebastián, amén del antenicicidio contra las radios no afines y el control de la televisión estatal por la señora María Antonia Iglesias”. [345]

“En julio organizamos un curso de verano en el teatro Infanta Isabel de la calle Barquillo, al que asistieron todos. La prensa y las cadenas de radio afines a Felipe nos bautizaron como “El sindicato del crimen”, lo que, como diría Umbral, viene a decir “Cojo, agarro y me transformo en gánster de Chicago por criticar al partido en el poder” así es el cainismo español: primario y brutal. Yo lo único que he buscado siempre es el bien de España: respeto, convivencia y progreso. Lo que, a veces, supone no seguir la línea de la SER ni de El País. Pero entonces, como los intelectuales, aquí, hemos de apoyar por definición a la izquierda, nos convertimos en criminales. Viva la tolerancia”. [345]

“Si alguien se molesta en leer o visionar en un documental existente el discurso de De Gaulle el día de la entrada de los aliados en París, y su ese alguien no es parcial, descubrirá un olvido abrumador que explica muchas cosas. “Hemos liberado –decía el general que ganó su guerra por la radio- París con ayuda del –aquí uno espera oír los ingleses, los norteamericanos- pueblo francés, con ayuda del maquis de la resistencia, del ejército francés, etc.”. En ningún momento aparecen los aliados, como si no hubiesen desembarcado en Normandía y la liberación de París fuese debida sólo al general Leclerc, quien, por cierto, llevaba en su vanguardia a republicanos españoles como el héroe desconocido Miralles de la novela de Javier Cercas”. [373]

Y eso fue todo, hay más datos, pero ya muy aislados o escuetos y que considero de poca o nula utilidad para nuestros objetivos de reflejar la radio en la literatura. Espero haya gustado esta nueva referencia radio-literaria y seguiremos atentos a cualquier otro material alusivo a nuestra pasión por las ondas.

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