HISTORIA Y ARTE - LAS CIVILIZACIONES FLUVIALES: Egipto - 5ª parte
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Historia y Arte

LAS CIVILIZACIONES FLUVIALES

Egipto - 5ª parte


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El mito de Osiris

siris fue una de las divinidades más importantes de Egipto, porque en el mito de este dios se reflejan muchos de los aspectos de la vida y de las creencias del país del Nilo.

Osiris tenía dos hermanos, Set e Isis. Con Set mantenía una cierta rivalidad y con Isis estaba casado (entre los dioses, el parentesco no era impedimento para el matrimonio). Osiris alcanzó pronto gran prestigio y Set, que se sintió celoso, encerró a Osiris en un cofre y lo arrojó al Nilo. Isis, enterada de lo sucedido a su esposo, corrió en su ayuda y logró rescatar el cofre y salvar a Osiris.

La envidia de Set no cesaba y decidió descuartizar a su hermano en pequeños trocitos que esparció por todo Egipto. Isis, de nuevo quiso ayudar a Osiris, y tras recorrer una y otra vez todo el país, logró reunir todos los trozos y recomponer así la figura de su hermano y marido. Isis buscó la ayuda de Nepthis y de Anubis y con ellos logró devolver a la vida a Osiris. Reanudaba la vida matrimonial, Isis tuvo un hijo, Horus, que se encargaría de vengar a su padre frente a Set.

Éste es el mito de Osiris y un simple análisis del mismo deja ver hasta qué punto está enraizado en el mundo egipcio.

En primer lugar, Osiris es vida, ya que es capaz de renacer. Encerrado vivo en un cofre fue arrojado al Nilo, es decir, al elemento natural capaz de hacer fértiles las riberas del río. Más tarde, Osiris es descuartizado y esparcido por todo Egipto, de ese modo, Osiris se transforma en semilla que muere para después renacer. Isis tarda en reunir los trozos tanto como tarda en germinar y dar su fruto, la semilla.

Al tiempo, Isis necesitó reunir hasta el último pedazo de Osiris para que el milagro del renacimiento fuera posible; del mismo modo, el culto a los muertos y el sueño de una vida ultraterrena exigía la conservación del cuerpo para que el Ka lo habitara de nuevo en la resurrección. Osiris, por otro lado, es la divinidad que ejemplifica en su propia carne lo que el hombre egipcio desea para sí mismo, esto es, la idea de una nueva vida después de la muerte. Esta vinculación entre la leyenda del dios y los deseos de los hombres se reforzaba con la costumbre de representar a Osiris con figura de hombre, cosa que no se hacía con los demás dioses.

Por todo esto, no es de extrañar que Osiris alcanzara una gran importancia y que su fama perdurara hasta la época romana, en la que se le siguió rindiendo culto. Fue considerado dios de la fertilidad vegetal, el que enseñó a los hombres la agricultura de regadío y, por último, fue considerado dios de los muertos al desplazar, en cierto modo, al dios Anubis.

La personalidad del dios Osiris quedó reforzada por su papel de juez de los hombres tras su muerte. El complejo ceremonial del Juicio de Osiris tenía como misión aprobar el comportamiento de los hombres antes de permitirles disfrutar de una nueva vida. Su desarrollo, que apenas varió a lo largo del tiempo, era el siguiente: la diosa Maat (de negro, en el ángulo superior izquierdo) conducía al difunto ante Osiris (sentado), a quien le presentaba su corazón; los dioses Anubis y Horus pesaban el corazón, teniendo como contrapeso en la balanza la pluma de la verdad, mientras que el dios Thot anotaba el resultado; si el corazón del difunto no equilibraba la balanza, éste era entregado a un monstruo para que lo devorara.

Los papiros del Libro de los Muertos tenían como misión hacer que el difunto lograra (con trucos, si era necesario) un pesaje favorable con el que se aseguraba la vida de ultratumba. Es evidente que todo esto hacía del Juicio de Osiris un auténtico formulismo sin entidad ni rigor, pero a los egipcios no les importó transformar una seria ceremonia en un trámite, en el que los dioses nada tenían que hacer. Una vez más, el espíritu práctico se imponía sin negar la tradición.

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