La ínsula desmesurada 2

Nadie discute  las ideas e intenciones de José Martí en su retórica para con Cuba. Más eso no significa que tuviera razón con ellas, que en relación con sus resultados fueran acertadas como única e inmovible guía para una conformación nacional ni que la consecuencias de la violencia armada quepusieron en marcha no terminaran siendo desastrosas para el futuro de nuestro país.

Entiéndase bien esto: lo que aquí se cuestiona críticamente no es lo que concibiera Martí para tales propósitos libertarios, sino cuán acertadas fueron sus presunciones de acuerdo a lo que realmente ocurrió con el intento de ponerlas en práctica y por qué es imperioso dejar atrás ese ideario decimonónico y lamentablemente equivocado en la práctica como único programa válido y actualizado que sirva de guía para solucionar los graves problemas actuales de la nación cubana.

En más de un siglo desde su violento fin, ocurrieron gigantescos eventos nunca antes vividos para la Humanidad y provocaron cambios abrumadores para la conciencia humana sobre el mundo que se está viviendo. En este vasto panorama de ideas y cambios materiales, resulta desconsolador comprobar que en Cuba el pensamiento político aun esté dando vueltas en círculos en los pañales martianos, con defensores acérrimos entre tirios y troyanos que se proclaman sus únicos herederos, como si  todo el devenir de nuestra nación no  pudiera evolucionar hacia otra manera urgente y actualizada de concebir un país moderno, que debe acabar de salir del agujero en que se encuentra maniatado.

Por estas simples razones, se podrán citar infinitamente, analizando desde todos los puntos de vista imaginables el universo de hermosas palabras e intenciones del proyecto político del que Martí redactara unabrumador volumen, acompañado por una febril y efectiva actividad para ponerlos en marcha. Pero todo ello no cambia un ápice no sólo que  no se materializaran sus objetivos,sobre todo por la falsa base sobre la que estaban construidos.Y esto fundamentalmente ocurrió porgraves errores de apreciación de la realidad de una isla que de hechoel autor desconocía por apenas haber vivido en ella unos veinte años en total. Ymás aún por el mecanismo de violencia histórica que se empeñara en poner en marcha como la única solución para el futuro del país. Probablemente esta sea la más grave presunción falsa martiana. De inmediato llegar a Cuba,por los generales insurrectos fue despojado del control sobre ese mecanismo de violencia que fraguara y pusiera en marcha. Mas este desplazamiento de poderes fue un acto de fuerza inútil. Los jefes militares también resultaron equivocados en su estrategia para por sí mismos ganar  el conflicto. Al final, la definitivamente cada vez más lejana derrota española y la independencia nacional se alcanzarían por el decisivo peso de las acciones de otra potencia extranjera (1).

El voluntarismo martiano, pese a todas sus pretensiones de conflicto civilizado, otra idea calenturienta de un civil que nunca había presenciado una batalla ni conocía en carne propia el salvajismo y atrocidades que genera cualquier guerra para todos los participantes,no sólo desencadenó un conflicto armadodestructivo de la nación y población que se proponía liberar del yugo español, sino que además ayudó al desterramiento del modelode evolución lenta y segura del orden civil alacabar de consolidar en la idiosincrasia política y social del país otra nefasta mecánica nacional, la de la violencia armada “revolucionaria”, recurrente ante la menor crisis  política como recurso válido y natural de aventureros en pos del poder y en el proyecto nacional un desprecio absolutopor el método civil de las solucionesdiscutidas, civilizadas y pacíficas (2). Este cómodo formato  al que siempre echaran mano arribistas “salvadores de la patria”, poseedores de la verdad necesaria que hacía falta imponer al resto para salvar al país,asolaría constantemente el futuro de la nacida república hasta alcanzar su asentamiento definitivo en la pobreza y el despotismopordecenas de años.

Así, pese a todos los bienintencionados argumentos martianos, al poner de nuevo en marcha la guerra como método de evolución inmediata, Cuba derivó lenta y fatídicamente hacia el virus de militarismo que asoló al resto de las naciones del continente iberoamericano.

Por último, es necesario abordar una idea martiana que es necesario identificarcomo trascendente más allá de su tiempo. Martí, sin proponérselo, mas sin dudas su “autor intelectual”,  dejó en la cultura cubana la distorsionada imagen, desmesurada en proporciones épicas, de una nación pequeña, con poca población, sin un peso real en los destinos del mundo, del supuesto de estar llamada por el destino a aventuras de epopeya mundial. Acorde a esa desproporción idílica,  la diminuta isla fue cargada con alusiones rimbombantes de misión excepcional hasta otorgarleuna categoríade campeón de gesta totalmente falsa, como la del Escudo de América frente a la amenaza del Norte. Toda esa imagen de grandiosidad histórica en los destinos del mundo protagonizada por un minúsculo archipiélago del Caribe, matizado  con ligeros episodios exabruptos como las intentonas expedicionarias de la llamada Legión del Caribe,permaneció semi-dormida en la cultura e idiosincrasia cubanas por medio siglo republicano… hasta que encontró el vehículo perfecto de soporte y expresión en la últimadelirante etapa histórica de la nación. Gracias a ese ideario martiano, inflado hasta la última letra, esta aventurera simiente,apoyada con necio entusiasmo popular, pudo ser exportada a todo tren en guerrillas, subversión, vastas operaciones de inteligencia por el mundo y hasta con ejércitos expedicionarios trasatlánticos en guerras africanas por casi veinte años. Toda esta desproporción inicua y desgastante, al cabo de seis decenios lo único que produjo fue un nata de simplona vanagloria flotando sobre lainevitable decadencia del pequeño país agotado. Lamentablemente, el virus nacionalista de fraudulenta excepcionalidad martiana aún se empeña en sobrevivir, reduciendo cada vez más a Cuba a niveles de precariedad  que no le corresponden,mas dejándola con el cerebro nacional hinchado por un desajustado edema de heroicidad complaciente y pobreza de solemnidad.

 

  • Nunca se liberó un territorio del acceso de las fuerzas españolas, lo que habría permitido una base de operaciones en crecimiento y consolidación a la llegada de suministros, bagajes y refuerzos. Esto incluyo playas o entradas a ríos con caudal suficiente para lograr materializar de manera segura los desembarcos con tropas y pertrechos, y además tampoco les era imposible el control de las aguas colindantes para que las cañoneras españolas no pudieran impedir esos arribos. De entrada,  eso significó una constante en deficiencia abrumadora para las fuerzas insurrectas. Esta práctica de no lograr nunca definitivo control de una región que sirviera para consolidar la victoria con terreno ganado al adversario y asegurado, se repitió para las fuerzas insurrectas a todo lo largo de los tres años que duró el conflicto, incluyendo la tan llevada y traída Invasión al occidente del país, la que, pese a todos los encuentros bélicos, sacrificios, muerte y destrucción general que a su paso resultara, al final fue el sumun del fracaso de la estrategia libertadora mambisa para Cuba, la que, desde Martí hasta el último general libertador que la llevara a cabo, no  se supo  o pudo aquilatar en todas sus proporciones destructivas el infranqueable muro que constituiría para impedirla la vana arrogancia imperial de una potencia en decadencia.
  • En la breve vida de la república de 58 años, dos golpes de Estado y varias intentonas fallidas, cuatro conflictos armados y dos revoluciones.

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