LA RADIO EN LA LITERATURA: EL MIEDO A LOS BÁRBAROS

“Tu vida depende de tus pensamientos”
[María Marín]

 

Tzvetan Todorov, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona 2008, 312 páginas (Traducción de Noemí Sobregués).

Un libro duro, posiblemente de esos que marcan, de esos que no te dejan indiferente y te entretejen un mundo que parece permanente pero, sin embargo, donde todo está en constante mutación.

LA RADIO EN LA LITERATURA: EL MIEDO A LOS BÁRBAROS

El pensador de origen búlgaro, francés tras su huida del “Paraíso Comunista”, nos mete de lleno en ese atroz miedo a lo desconocido, pero que en realidad es la misma esencia de la vida. Basta que te den libertad para que muchas veces no sepas cómo usarla; o lo que es lo mismo, la facilidad con la que se le “echa el muerto al otro” y en este caso serían los bárbaros que nos acosan y nos mutilan cuando menos lo esperamos quizá porque nosotros mismos hemos ido bajando nuestras propias defensas. Tanto derribar mitos, leyendas e historias y ahora nos dejan, solos, cual Adán y Eva en el paraíso, como si todo fuese coser y cantar.

Extraordinario documento que puede acercarnos a muchos mundos, aunque el que en estos momentos más me preocupa sea el mundo del independentismo, crecido, jaleado y ensimismado en su propia estolidez. ¡Como si el día a día del común de los mortales no fuera suficiente para pensar que el mundo es un horror…!

Por eso quizá duele más cuando mete el dedo en la llaga de la Europa ensimismada y adormecida que, se cargó de culpas y no supo supurar heridas; y cada nueva generación se cree realmente el cuento de “la reina del mambo”. O sea, egocentrismo, egolatrismo o yoísmo a doquier nos han dejado desarmados y en manos de los cuatro populistas del momento que, lejos de arreglarlo, nos dejan a los pies de los caballos y haciendo más difícil el reto de vivir.

Te meten cuatro ideas, vacías en muchos casos, en las redes y el ganado ya está contento con lo que le dejan para pastar, cuando en realidad es la forma de adormecer al máximo de incautos y hacer creer que vivimos en el mejor de los mundos y que por eso somos tan “apetecibles”. Aunque la tontura va por barrios y uno ya no se sorprende cuando escucha determinadas idioteces salidas de la boca de insensatos que se creen los “mejores preparados” porque tienen un papel. Vaya que Todorov, sin proponérselo, me devuelve al servicio militar cuando con cada licenciamiento me tocaba escribir en el apartado VALOR: SE LE SUPONE.

Buen libro pero al final el pensador me deja algo ensimismado, pues se queda en el lado del buenísmo, como si con esa posición ya tuviéramos más que suficiente para poder enfrentarnos al duro día a día. Quizá, sin quererlo, me parece que en cierta medida, a pesar de criticarlo, se queda enredado en el bueno de Rousseau y otros cuantos que se apuntaron en su momento a pensar que todos son maravillosos y luego se quedan sorprendidos ante los zarpazos del terrorismo que no nos deja tranquilos. Buen material para reflexionar, para ver que hay algo más que adocenamiento (o mesa aparte, como prefieran), gente sin rumbo. Por eso uno queda gratificado con su lectura.

En cuanto al tema radial, aunque no sale gran cosa, hay unas cuantas referencias que vamos a transcribir seguidamente, como siempre la página estará al final de cada párrafo entre corchetes. ¡Que les aproveche y tengan un buen 2018!

“El 2 de noviembre de 2004 un hombre que va en bicicleta por las calles de Ámsterdam es golpeado y después degollado por un individuo que también circulaba en bicicleta. La víctima se llama Theo van Gogh y es presentador de radio y televisión, además de autor de varias películas. Una de ellas se titula Sumisión. Primera parte, y se basa en un guión de Ayaan Hirsi Ali, una joven de origen somalí que en esos momentos es diputada del parlamento”. [188]

En los programas de televisión que presentaba y en sus manifestaciones públicas había optado por el papel de provocador, y le costaba poco lanzar proclamas antisemitas (“las estrellas amarillas copulaban en las cámaras de gas”), islamófobas (los musulmanes son para él simples “folladores de cabras”) u hostiles al poder”. [189]

“En la propia Dinamarca se decide suspender durante tres mes Radio Holger, que en julio de 2005 incitaba “exterminar a todos los musulmanes fanáticos, es decir, a matar a buena parte de los inmigrantes musulmanes”. La libertad de expresión tiene muchos límites que decidimos no transgredir”. [205]

“La delegación de imanes se pone también en contacto con cadenas de radio y televisión, de modo que los millones de espectadores de Al Yazira se enteran de una versión muy parcial de la historia de los dibujos”. [210]

Otra lección que aprendemos de estos acontecimientos tiene que ver con el nivel de interconexión entre los habitantes del planeta. Nunca antes se había visto que una publicación de un periódico de Copenhague provocara en dos días una revuelta asesina en Nigeria. ¿Quién lo habría imaginado? La difusión instantánea de la información, en concreto la circulación de imágenes en la televisión, está transformando drásticamente nuestra relación con el mundo e influye profundamente en el comportamiento de todos. Esta difusión es mundial (gracias a las antenas parabólicas y a internet), procede de múltiples fuentes y escapa a todo control centralizado. Al Yazira compite con la CNN, lo que hace que los acontecimientos de Gaza tengan en la actualidad un impacto inmediato en los barrios de Londres y París. Descubrimos pues que nuestros actos pueden tener consecuencias mucho más serias de lo que habíamos previsto”. [218/219]

En el momento en que se ejercen responsabilidades públicas ya no basta con invocar las propias convicciones y el derecho a expresarlas. A ello se añade la exigencia de hacerlo como individuo responsable, que tiene en cuenta las previsibles consecuencias de sus actos. Esta responsabilidad no es la misma para todos, sino que aumenta a medida que lo hace el poder de que se dispone, por lo que todos los que participan en la organización del ámbito social tienen un papel decisivo. Entre ellos están los políticos, pero quizá todavía más aquellos que gestionan y orientan los grandes medios de comunicación: directores y periodistas de cadenas de televisión, de emisoras de radio, de periódicos y de revistas. El hombre de a pie goza de mayor libertad que el primer ministro; un periódico satírico y provocador como Charlie-Hebdo, que un periódico influyente como Jyllands-Posten; la universidad, que las cadenas de televisión, porque la responsabilidad limita la libertad. Pero esta norma tiene sus más y sus menos, y no puede aplicarse de forma mecánica. Se producen excesos tanto en la provocación como en la autocensura.

No obstante, una cosa es segura: los medios de comunicación incluyen en la opinión pública de manera decisiva, pero su poder no procede de la voluntad popular. Para adquirir legitimidad democrática sólo pueden seguir un camino imponerse límites a sí mismo. La libertad ilimitada acaba con la libertad”. [220]

Si las cadenas de televisión como Al Yazira dieran cobertura a predicadores abiertos al mundo contemporáneo y al diálogo con los que no son como ellos, contribuirían en gran medida a la evolución favorable de las zonas del mundo a las que se dirigen”. [234]

Y hasta aquí lo que podemos traer de esta excelente obra que, en cierta medida, a pesar de ser anterior a los hechos que estamos viviendo en el oasis, es clarificador. Muchos piensan que los medios son suyos y les importa muy poco encrespar los ánimos e incluso hacer propaganda perniciosa pretendiendo realizar programas “imparciales” y de calidad. Por eso ante la desfachatez, la mejor televisión es la que no está encendida.

En fin que todos somos bastante mayorcitos como para ver que una serie de personajes, pasado el listón de la estolidez, simple y llanamente, piensan que pueden emitir toda clase de improperios que, en determinados momentos, pueden desencadenar una oleada de “barbarismo”. Y tenemos claros ejemplos de violencia provocados por los medios. ¿Hasta cuándo?

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