HISTORIA Y ARTE - EL SIGLO XIX: Introducción - 6ª parte
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Historia y Arte

EL SIGLO XIX

Introducción - 6ª parte


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Un modelo de progreso basado en el constante cambio (continuación)

aralelamente al proceso de la Revolución Industrial, los nuevos medios de transporte incidieron en el mundo de las finanzas y de la economía, así como en los sistemas de relación social.

El proceso de industrialización exigió unos capitales que, en términos generales, fueron proporcionados por la burguesía que afianzaba así su posición política a través del control de la economía. Para ello, el mundo del dinero hubo de desarrollar nuevas técnicas que permitieran la financiación de industrias y de negocios cuyo volumen superaba, con frecuencia, la capacidad de un sólo individuo.

Se desarrollaron así las empresas financieras, las sociedades anónimas, las bolsas de valores y las compañías aseguradoras, al tiempo que la banca veía incrementadas sus actividades ante la creciente importancia y movilidad del dinero. Y cuando la competencia industrial comenzó a ponerse de manifiesto, nacieron las concentraciones empresariales en forma de trust o de cárteles, haciendo crecer el poder del dinero y dando lugar a la era del gran capitalismo.

Para entonces se había producido ya la segunda Revolución Industrial, que llevó a los países más desarrollados a superar las fronteras nacionales y a ejercer a través del colonialismo una influencia económica e ideológica de carácter casi mundial.

Todo este proceso de revolución tecnológica y económica repercutió en el ámbito de lo social, donde también se operaron cambios profundos. Se estableció una nueva forma de producción, la fabril, que exigía abundante mano de obra y que, paulatinamente, fue provocando el paso de una sociedad rural a una urbana.

El nuevo tipo de vida planteó una larga cadena de nuevas necesidades y nuevas problemáticas. Las fábricas se instalaban en las ciudades, pero éstas no estaban preparadas para albergar a los nuevos obreros industriales, cuya afluencia iba en constante aumento, de modo que los centros urbanos hubieron de cambiar para atender las necesidades de una población cada vez más numerosa.

El sistema de producción fabril favoreció y reforzó la sociedad clasista, que desplazó definitivamente a la vieja sociedad estamental. Apareció así el proletariado industrial, que pronto se constituyó como fuerza social a través de las asociaciones obreras, de los sindicatos y, con el tiempo, de partidos políticos que sostenían toda una ideología política, económica y social de carácter más o menos revolucionario.

En resumen, el proceso de cambios que se inició con el siglo XIX supuso la desaparición definitiva del Antiguo Régimen, la transformación de la vieja Europa agrícola en la Europa industrial, la progresiva sustitución del sistema de vida rural por el urbano, la configuración del sistema de clases con el proletariado como nueva fuerza política y el capitalismo como nueva fórmula económica y, potenciada por todo ello, una aceleración de la evolución histórica que hizo del cambio continuo el ritmo propio de la nueva sociedad.

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