LOS TRATAMIENTOS ESTÉTICOS Y DE BELLEZA. HISTORIA Y EVOLUCIÓN

INTRODUCCIÓN

La estética, como disciplina filosófica, trata de lo bello y de las diferentes realidades perceptibles a las sensibilidades humanas, aquellas que despiertan una peculiar sensación de agrado, placer o bienestar; etimológicamente el término deriva del griego aisthetikos, que significa “lo que se percibe mediante sensaciones”. Pero, la estética se halla íntimamente ligada a la belleza, un concepto no sólo estudiado por la estética, sino también por otras disciplinas como la sociología, la psicología social e incluso la historia, y que constituye un importante componente emocional en la vida humana.

La estética y la belleza, aunque son conceptos abstractos, tienen una influencia poderosa en el vivir cotidiano. La apariencia, el deseo de gustar y agradar a los demás, es una búsqueda constante de la humanidad, a través de la historia y en todos los tiempos. Probablemente, la primera vez que alguien del género Homo con capacidad racional vio su imagen reflejada en el agua, despertó su instinto por interpretar las formas y la belleza de lo que le rodeaba, tomando conciencia de su propio aspecto y de las influencias que la naturaleza ejercía en su organismo; las pinturas, figuras y otras representaciones del arte primitivo dan fe del despertar de esas sensibilidades.

El arte, en general, de cualquier tiempo, estilo o tendencia, guarda en sus trazos o formas los ideales de armonía y perfección a los que el ser humano siempre aspiró consciente o inconscientemente. Precisamente, la Estética nació como una disciplina que pretende analizar y reflexionar sobre este asunto.

Los cinco sentidos, de Hans Makart. Una obra típica del esteticismo, donde el artista entiende el arte como un medio para la exaltación de la belleza. Ilustración Wikimedia Commons.

La búsqueda de la belleza ha sido incesante en todas las sociedades, cada cual con sus peculiaridades culturales o sociológicas, normalmente bajo unos parámetros socialmente aceptados. Actualmente, esa dinámica se ha traducido en grandes avances en el campo de los procedimientos estéticos. La medicina estética ha evolucionado desde las últimas décadas del pasado siglo XX, disminuyendo las intervenciones quirúrgicas en favor de otros métodos menos invasivos. Algunos de ellos han crecido en popularidad como la lipolaser, una lipólisis que permite eliminar grasa localizada mediante haces de luz láser de longitud muy precisa. La eliminación de zonas adiposas localizadas es uno de los campos que más ha evolucionado, por lo que merece que más adelante nos detengamos en conocer un poco más sobre esas técnicas.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Casi siempre, desde que el ser humano emergió sobre la tierra, su principal prioridad fue sobrevivir. La Edad de Piedra debió ser un periodo especialmente duro para su supervivencia, pues en esa lucha ocupaba prácticamente todas sus fuerzas, en consecuencia, no había tiempo para prestar atención a la belleza. Fue en el Paleolítico donde los humanos comenzaron a entender tímidamente, que el sentido de lo bello podía tener un espacio dentro de la ya dura existencia. Como ya se dijo, esto quedó reflejado a través de las diferentes evidencias históricas en forma de arte, dibujos, representaciones, etc., que han llegado hasta nuestros días.

Cuando las primeras poblaciones pudieron establecerse, abandonando el bosque y la trashumancia para formar comunidades más estables, el concepto de belleza comenzó a acuñarse en los ideales de algunos pueblos. Varias pruebas vienen a indicar que fue en el valle del Nilo, hace unos 5.000 años, donde una próspera civilización consideró los primeros cánones de belleza, los cuales quedaron reflejados en las proporciones y armonía de las pinturas, monumentos e incluso las tumbas de ese periodo.

Pero, fueron los griegos los que realmente observaron el gusto estético de aquella época (recordemos que los filósofos griegos introdujeron el término “estética”), demostrando una preocupación por el análisis de las formas, proporción y armonía de las dimensiones, aquellas que, por alguna razón, resultaban más bellas y gratas a la vista.

Los cánones de belleza fueron llevados por los griegos incluso al campo de la geometría, en un intento de armonizar las líneas de los objetos, y como no, también del cuerpo humano. Nacieron así las primeras leyes geométricas del equilibrio y la proporción de las formas. El arte y la estética griega buscaron la “belleza ideal” en un intento de recrear, igualmente, un “mundo ideal”, y así lo representaron en hermosas obras en forma de esculturas y otras manifestaciones del arte, en una imitación platónica de la Naturaleza, donde la estética y la belleza eran sinónimos de esa perfección tan buscada, con el afán de conseguir sensaciones satisfactorias en el observador.

Y qué decir de los romanos, sino reiterar lo que tantas veces se ha repetido sobre la costumbre que tenían de copiar todo lo que hacían los griegos, desde los dioses, que asumieron como propios simplemente cambiándole los nombres, pasando por la escultura, los estilos arquitectónicos, los jardines y, por supuesto, la estética y la belleza, creándose una cultura romana tan apegada a la griega que terminó acuñándose como cultura greco-romana.

El Medievo se convierte en una etapa oscura para la estética. El sentido de las formas y las proporciones es sustituido por una estética teológica, pues ya no están al servicio de las sensaciones del observador, sino de la revelación, es decir, de las verdades de naturaleza religiosa, siendo aquellas anteriores condenadas por el fanatismo y tratadas como falsedad mítica y pagana de lo bello, al no estar destinada a representar un sentido divino.

Ápside de San Clemente de Taull, donde se escenifica un arte enfocado al simbolismo religioso, más que al realismo. Imagen Wikimedia Commons.

Así, las formas y armonía de los cuerpos humanos pierden entidad en favor de la expresión y la mirada, que predominan por encima de cualquier otro argumento de naturaleza real, proporcional o de perspectiva. Se puede decir, que en ese periodo los autores aparcan su creatividad y dedican su talento sólo a simbolizar personajes con un trasfondo religioso, en vez de representarlos con sus propias características individuales, belleza física o voluptuosidad. El arte y la estética tenían pues una función práctica, didáctica y social, alejados de la independencia artística de los creadores.

El Renacimiento vino a recuperar la pujanza de los antiguos valores de la estética y la belleza del clasicismo greco-romano. Miguel Ángel es uno de los grandes autores –sino el más grande– que simboliza ese cambio, identificado por una vuelta a la naturalidad y la proporción, que plasmó con gran realismo en su pintura, escultura y arquitectura; el “David”, por ejemplo, pasó a la historia como modelo neoclásico de la belleza.

El David, de Miguel Ángel. Imagen Wikimedia Commons.


Leonardo Da Vinci también estudió con profusión las proporciones matemáticas ideales del cuerpo y el rostro, como se deprende del “hombre de vitruvio”; el esbozo de sonrisa de la Gioconda o la Virgen de las Rocas expresan otra forma de belleza sugerida que captura la atención del espectador.

El Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci. Ilustración Wikimedia Commons.

El Barroco rompió con la rigidez de la estética renacentista y dio rienda suelta a la coquetería, el exceso y la apariencia, algo que fue enfatizado por las cortes europeas. También se distinguió por el uso desmedido de perfumes, así como variadas formas de vestido (encajes, corsés, calzado con tacones, atuendos suntuosos…), llamativos peinados, carmines y pintura en ojos y labios; también las joyas y la pomposidad destacaron en este periodo. Estos hábitos decayeron con la Ilustración en el siglo XVIII, imponiéndose comportamientos más sobrios, pero sin desaparecer totalmente determinados hábitos, como las pelucas tanto en hombres como en mujeres.

El Barroco se distinguió por la pomposidad y el exceso. La moda seguida por las cortes europeas transmitían así una imagen de supremacía del poder y de alta clase social. Pintura “La entrevista de Luis XIV y Felipe IV en la isla de los Faisanes”, de Jacques Laumosnier. Ilustración Wikimedia Commons.

Los siglo XIX y XX manifestaron un cambio radical en los criterios estéticos. Las nuevas técnicas audiovisuales, representadas por el cine, la televisión, la fotografía y la publicidad, ofrecieron nuevos patrones de belleza. Los actores y actrices marcaron de alguna forma muchas tendencias, estéticas, de imagen, de vestido…, incluso de comportamiento. Pero, entramos ya en un campo que podría estudiarse incluso desde la vertiente de la psicológica y la técnicas de comunicación en la que, por su extensión y complejidad, no profundizaremos aquí.

LAS NECESIDADES ESTÉTICAS DEL SIGLO XXI

Los humanos nos desarrollamos a lo largo de la vida en múltiples facetas, y como seres dotados de raciocinio también manejamos valores que responden a necesidades alejadas de las razones prácticas. Así, crecemos físicamente y en conocimientos y, al mismo tiempo, al margen de cubrir las necesidades primarias, necesitamos atender también otras dimensiones, como la religiosa, la moral, la afectiva y psicológica, la intelectual, la estética…

Ya en pleno siglo XXI, el cuerpo es objeto de atención, las razones sociales no las vamos analizar aquí en profundidad, aunque podemos observar más que intuir que las manifestaciones de la estética corporal se hallan a nuestro alrededor, en los medios de comunicación, en los personajes populares, en la moda, el cine, la televisión…

Pero, independientemente de los patrones que nos llegan externamente, existe y existió desde siempre un deseo de agradar, de mostrar “buena presencia”, ésto no sólo constituye una actitud para sentirnos bien con nosotros mismos, sino que influye también en otros parámetros de la vida en sociedad, pues afecta a las relaciones personales, laborales, de dignidad y aceptación social…

Los valores estéticos se pueden aprender; según el profesor José María Quintana: la educación estética consiste en “ayudar al individuo a formarse ideas, sentimientos, capacidades y hábitos estéticos, que impregnen sus actitudes ante la vida y sus relaciones tanto con el mundo como con el arte, sabiendo comprender, juzgar, contemplar y acaso crear”. En consecuencia, la estética y la belleza, o simplemente la buena presencia, son valores actuales que, al margen de un culto al cuerpo indeseado o mal entendido, viene a complementar y llenar las necesidades humanas tanto desde la vertiente física como la emocional.

LOS TRATAMIENTOS DE ESTÉTICA

En nuestro tiempo podemos decir que la belleza se ha democratizado, pues los tratamientos y productos cosméticos que en otros tiempos eran artículos de lujo han conseguido llegar a todas las capas de la sociedad. Además, la salud comienza también a entroncar con la estética y la belleza, pues independientemente de aquellas intervenciones relacionadas con la reconstrucción externa de partes dañadas del organismo (medicina plástica), también existen productos y tratamientos en los que se valora sus efectos saludables, de mantenimiento de la vitalidad y la energía, con capacidades antioxidantes e incluso regenerativas.

La medicina estética (no confundir con la cirugía estética), es la especialidad de la medicina encargada de mejorar la apariencia física utilizando procedimientos mayormente no quirúrgicos, es decir, que no precisan intervención con anestesia general ni un largo periodo postoperatorio. Las técnicas mínimamente invasivas son las más aceptadas; una encuesta reciente centrada en la población estadounidense, arroja datos significativos en relación a la preferencia de los procedimientos no quirúrgicos en las intervenciones estéticas; en realidad esa tendencia ya se viene dando desde finales del pasado siglo XX, probablemente por el mayor conocimiento de los interesados sobre los inconvenientes que puede provocar la anestesia, junto con los riesgos inherentes a la cirugía y las posibles consecuencias postoperatorias.

Eliminación de grasa localizada

Una de las primeras preocupaciones de las personas que recurren a la medicina estética es la eliminación de la grasa localizada, por ello a continuación vamos a profundizar sobretodo en este tema y las técnicas empleadas.

Criolipólisis

La aplicación de frío de forma controlada es una de las técnicas indoloras empleadas en la eliminación de grasa localizada con resultados efectivos. Tras la aplicación en aquellas zonas a tratar (muslos, caderas, abdomen…), que puede realizarse en una sesión de unas dos horas, las células que contienen la grasa a combatir mueren, cristalizando el contenido adiposo que posteriormente será eliminado a través de la orina en el proceso metabólico natural del organismo. Al ser un tratamiento localizado, no se dañan los tejidos que se hallan alrededor de la zona tratada. Los efectos no son instantáneos, sino que hay un periodo que puede durar unos dos a cuatro meses, aunque a la tercera semana ya se comenzarían a observar resultados.

Crioterapia

La crioterapia también es una técnica donde se aplica frío pero en este caso, a diferencia de la criolipólisis, las zonas a tratar suelen ser más amplias y la forma de aplicación y mecanismo del frío es distinta. Se utilizan temperaturas por debajo de -130ºC, en sesiones que pueden durar en algunos casos poco más de tres minutos, en tratamientos que se realizan durante unos diez días. En otros casos, dependiendo de la técnica de crioterapia empleada, la duración de las sesiones puede ser de hasta media hora, a lo largo de hasta 20 días.

Preparación para una aplicación de crioterapia de unos tres minutos. Imagen Wikimedia Commons.

En la crioterapia, el cerebro reacciona intentando regular la temperatura en la zona donde se aplicó el frío. Al descender el calor corporal en el área tratada, el organismo eleva la temperatura para intentar estabilizarla. Para ello se necesita energía suplementaria, la cual encuentra en los depósitos de grasa de la zona. En consecuencia, los cúmulos de grasa disminuyen.

También se produce un efecto revitalizador de la piel, ya que el frío produce primero una vasoconstricción de los vasos sanguíneos, y después una vasodilatación oxigenante y tonificante al desaparecer el efecto frío. La crioterapia tiene aplicaciones tanto estéticas como terapéuticas, médicas y deportivas (es común en los centros de fisioterapia). También se puede utilizar en el tratamiento de lesiones y la recuperación física después de alguna sesión de ejercicio físico intenso.

En los tratamientos estéticos, esta técnica está indicada para varias afecciones: celulitis, dermatitis atópica, psoriasis, eccemas y otras alteraciones dérmicas. En comparación con la criolipólisis, que necesita un largo periodo de tratamiento, en la crioterapia se quema grasa desde el primer momento.

Carboxiterapia

Ya en la Edad Media, se conocían los efectos curativos de los “humos” o gases expulsados por la tierra (dióxido de carbono o CO2), para varias afecciones como el Ergotismo. Desde entonces, diversos investigadores como Van Helont, Boyle o Lavoisier describieron las propiedades anti-infecciosas del CO2. Otros siguieron después esa estela, pero fue en 1932 en la estación termal francesa de Royat donde se utilizó por primera vez el gas natural de la instalación para tratar diversos problemas, tanto arteriales como venosos y en piel ulcerosa. Más tarde, en 1946, los médicos de Royat pudieron constatar que la carboxiterapia resultaba eficaz para tratar la celulitis.

La aplicación de la carboxiterapia consiste en la introducción del CO2 bajo la piel mediante agujas muy finas. El gas debe tener una pureza de casi 100%. Según las zonas a tratar, la duración de cada sesión ronda entre los 30 y 60 minutos. Son varias las aplicaciones estéticas de la carboxiterapia, como la adiposidad localizada, flacidez, rejuvenecimiento facial y celulitis, entre otras.

Lipolaser

El Lipolaser es una técnica no invasiva de eliminación de los excesos de grasa corporal, pero que no destruye la estructura adiposa, sino que estimula su liberación de forma natural. Puede aplicarse en la reducción de la celulitis y de moldeamiento corporal.


El mecanismo de funcionamiento del Lipolaser, consiste en la aplicación de haces de láser frío que penetran la piel a una potencia y profundidad muy precisas, suficientes para alcanzar las capas de grasa y estimularlas. En ese proceso las células de grasa no mueren, pero liberan gran parte de su contenido (ácidos grasos, glicerol y agua) siendo posteriormente drenado hacia el sistema linfático, que es la responsable de eliminar los desechos del organismo.

El Lipolaser ha revolucionado el mundo de la medicina estética, e incluso de la cirugía en este campo, por su eficacia en la reducción de la grasa localizada sin dolor ni efectos secundarios. Es un procedimiento muy seguro, pues no se alteran las funciones biológicas ni fisiológicas durante el tratamiento ni tras su aplicación. Los resultados son visibles rápidamente y las actividades se pueden reanudar de forma inmediata.


Las técnicas estéticas son muy variadas según los objetivos perseguidos, y también el equipo empleado. En este artículo se hizo un pequeño acercamiento a algunos de los tratamientos empleados para eliminar la grasa localizada. Pero, dada la amplitud del campo de la medicina estética, continuaremos en próximos artículos otras áreas y tratamientos que no hemos podido abarcar aquí.


Fuentes de consulta:

-El canon de belleza a través de la Historia – Ramón Pérez Parejo
-Evolución histórica de los conceptos de belleza – M. Rodríguez
-Desafíos de la belleza corporal – Enrique Gervilla Castillo
-La estética y la práctica profesional – Vilma García y otros.
-Disminución de grasa corporal local… – Marco Antonio Conde y otros.
-El envejecimiento cutáneo – Temas para la educación
-Metabolismo de las grasas – David Zussa
-Distribución regional de la grasa corporal – Mª J. Pérez y otros.
-Grasa localizada – Revista Belleza médica
-Celulitis – CEFAC
-Criolipólisis – ANMAT

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