ACTIVIDADES ECOLÓGICAS - ACTIVIDADES PROPIAS: Elaboro mi propio vino y sus derivados - 4ª parte
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Actividades ecológicas

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ACTIVIDADES PROPIAS

Elaboro mi propio vino y sus derivados - 4ª parte
(Por Abel Domínguez)


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El cultivo de la vid (continuación)

Acodos

letra capitular El acodo es un método utilizado en botánica para conseguir la multiplicación de plantas o árboles. Se puede realizar de forma alta o baja. La alta requiere introducir parte de las ramas dentro de recipientes con tierra, con objeto de que se produzcan raíces en su interior; se trata de un método muy utilizado para multiplicar árboles frutales. En viticultura se utiliza preferentemente la forma baja, es decir, enterrando las ramas. Por ello me centraré únicamente en la explicación de este método.


Ilustración de un acodo (Wikimedia Commons)

Cuando deseemos acodar varas de vid para multiplicar, tenemos que elegir aquellas parras del patrón deseado (Jaca, Riparia, Catalán, etc.), y dejar que se desarrollen los brotes más cercanos a la tierra, los conocidos popularmente como "ladrons" o "fillos ladrons" (ladrones o hijos ladrones). Obviamente, si las parras elegidas ya están produciendo uvas, éstas sufrirán el proceso del acodo y desarrollarán en peores condiciones, por ello es conveniente que esas parras se dediquen exclusivamente a la función de los acodos y no a la producción de uva.

Cuando la parra que se ha reservado para los acodos (que en adelante llamaremos madre) haya producido varas suficientemente largas (al menos dos metros), se entierran a partir del  mes de octubre extendidas en una zanja o canal poco profundo, sin cortarlas de la madre, de forma paralela y en tramos de un metro o 3/4 de metro, es decir, enterrando un metro o menos y dejando otro sin enterrar, cuidando de que en la parte aérea afloren al menos dos o tres ojos en cada vara. De esta forma, al cabo de un tiempo en la parte del tallo enterrado nacen raíces, mientras en la parte aérea nacen brotes y se desarrollan, formando nuevas varas.

A partir del mes de octubre del año siguiente en que se efectuaron los acodos las varas pueden ser desenterradas, separadas de la madre e individualizadas en nuevas parras, es decir, cortando cada una de ellas con su correspondiente raíz. Los ejemplares pueden después se empleados en cualquier replantación de vid, y más tarde injertados con la especie de uva que más nos interese.

Poda

La poda se realiza en nuestra zona desde el mes de octubre hasta el mes de febrero. Los mayores y las costumbres del lugar sostienen que la luna llena de febrero es la mejor para realizarla.

La poda es fundamental en el cultivo de la vid. Se trata de una operación botánica consistente en acortar o eliminar determinadas ramas, brotes, hojas, etc., con el objetivo de mejorar la producción o dar formas determinadas. En la vid se realiza sobre las ramas, y su función es obtener frutos regulares y de calidad. Si a una parra se le dejase sin podar y a su libre albedrío, desarrollaría largas y delgadas varas y produciría generalmente muchos frutos, pero pequeños, débiles y a merced de los elementos meteorológicos, que los derribarían con mucha más facilidad que aquellos otros que, aunque en menor cantidad, son más grandes y fuertes ante las inclemencias.

La poda puede realizarse de forma sustancialmente diferente dependiendo de la región. En las zonas cálidas y secas de España, por ejemplo, las parras son habitualmente bajas (sin viña ni emparrado), las varas suelen retrotaerse mucho para impedir que alcancen excesiva longitud, y así poder controlar año tras año la copa que desarrolla el arbusto.


Una poda en parra baja, típica de regiones cálidas y secas (imagen Wikimedia Commons)

En nuestra zona, por lo general, la poda se realiza sobre viña alta en emparrado y también en espalleres. Se debe podar siempre la vara del año, es decir, la última rama nacida en la parra. Suele ser muy fácil distinguirla, ya que es la más joven y delgada y nace a partir de una rama de mayor grosor procedente de la poda del año anterior. En esa parra, según su fortaleza, pueden existir varias ramas del año, y debemos podarlas todas. Como norma general, se deja una sola vara del año en cada rama (la más fuerte de ellas), pero hay veces en que las ramas han alcanzado excesiva longitud, complicando el proceso de mantenimiento de la viña, y es por ello que se suele "retrotraer" la viña dejando aquella vara del año que, aunque sea menos fuerte, se encuentre más cercana al tronco de la parra.

En la técnica de retrotraer también se suele dejar alguna vara extra, aunque no sea del año, lo más cercana al tronco, y podada con muy pocos ojos, con objeto de utilizarla como rama principal en el año siguiente, momento en que será eliminada la más larga. Ocasionalmente, por motivo de que se ha secado una parte, o por perdida de vigorosidad, es necesario eliminar alguna rama del año aunque esté sana cortándola por su base, dando así más fuerza para producir a las otras ramas del año que le queden.

Al podar hay que determinar a que altura de la rama se debe cortar. Aunque debe seguirse un método general de poda, como la explicada anteriormente, la experiencia en el reconocimiento de las variedades que estamos podando es importante en el momento de decidir como proceder. Así, no se poda igual una vara de Picalpollo que de Pedral o de Retinto. La de Picalpollo, por ejemplo, posee una vara con ojos muy próximos entre sí, y por ello debe dejarse muy corta, con objeto de que no germine en exceso. Por el contrario, el Retinto, posee varas con ojos más distanciados, motivo por el que debe dejarse mucho más larga. Como norma general, se dejarán entre 5 y 7 ojos, excepto en el Picalpollo, que son suficientes entre 3 y 5 ojos.

Esporádicamente, por razones físicas o de espacio, se nos presentará la necesidad de dejar algún ojo más de lo habitual, o una vara distinta de la elegida en un principio, con objeto de facilitar después su atado sobre la viña.

Varas de Retinto (Sousón) podadas con 5 a 6 ojos
Poda en parra alta: varas de Retinto (Sousón) podadas con 5 a 6 ojos

Es importante eliminar siempre los brotes de la parra que son ajenos a la vara de la poda, es decir, todos aquellos que no se encuentren en la vara del año o que estén por debajo de la superficie injertada. A todos estos brotes se les suele llamar popularmente como "ladrons" o "fillos ladrons" (ladrones o hijos ladrones), y nacen habitualmente de forma espontánea a lo largo de la parra, al margen de las varas que se podan año tras año. Las varas nacidas de estos brotes sólo son útiles en casos especiales, como los siguientes:
  • Cuando deseamos utilizar la parra como madre para producir varas de acodo (véase más arriba como realizar acodos).
  • Cuando deseamos reinjertar la parra con una nueva variedad (véase más adelante cómo proceder al injertado)
  • Cuando deseamos retrotraer la parra por haber alcanzado sus ramas excesiva longitud. En este caso hay que tener la precaución de saber si esa vara pertenece a la misma variedad que ya se está produciendo, ya que los ladrones pueden nacer por debajo de la superficie injertada, y entonces podría no producir uva útil, o ser silvestre (nacida del patrón original).

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