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Historia y Arte
LA EUROPA DE LA ILUSTRACIÓN
Manifestaciones artísticas - 8ª parte
La pintura europea del siglo XVIII y comienzos del XIX (continuación)
Las influencias y estilos individuales
omo se ha visto en los apartados anteriores, la
confluencia de estilos e influencias en la pintura es grande y no puede hablarse
de una corriente única; Barroco, Rococó, Clasicismo e incluso Romanticismo se
entremezclan en países y pintores, por lo que las influencias hay que buscarlas,
casi en cada obra de cada pintor.
Francia
Durante buena parte del siglo XVIII, tanto por la técnica, como, sobre todo, por la temática, se puede hablar de una pintura en la que el espíritu del Rococó se plasma perfectamente. Esa influencia fue más evidente en la pintura francesa que en la de otros países; allí, artistas como Watteau (1673-1721), Boucher (1704-1770) o Fragonard (1732-1806) realizaron una obra en la que quedaron plasmadas las costumbres cortesanas (sus juegos, sus placeres, sus modas o sus ideales mitológicos), con frecuencia, enmarcadas en unos paisajes exuberantes y amables en los que el color brillante y los tonos suaves son las características dominantes.
En Watteau destacó el paisaje, como se muestra en su obra Embarque para Citerea; Boucher cultivó el desnudo femenino delicado y sensual, del que es buen ejemplo El baño de Diana y Fragonard alcanzó, con su obra El Columpio la más clara representación de la pintura rococó. Otro pintor de esta época merece destacarse, Quentin La Tour, quien, utilizando la técnica del pastel, logró unos delicados retratos que parecen captar la psicología de los modelos.
El Columpio, de Fragonard, una de
las obras más características de la pintura Rococó. Galería Wallace,
Londres
Hacia finales del siglo aparece una nueva corriente, bajo el influjo del Neoclásico, es el "clasicismo pictórico", cuyo primer representante fue Jacques-Louis David (1748-1825) quien, con su pintura plasmaría personajes y momentos de la Revolución Francesa y de la época napoleónica.
El estilo de David se fundamenta en un predominio de la línea y del dibujo sobre el color, para el que prefiere tonos austeros y apagados. En sus obras, frecuentemente de ambiente y tema greco-romano, pretende ensalzar los valores revolucionarios, hasta hacer de su pintura un arte fuertemente ideológico. La aparición del Clasicismo de David supuso una completa ruptura con la pintura francesa y europea anterior a él y su influencia en la primera mitad del siglo XIX fue enorme. Entre sus obras pueden destacarse: El juramento de los Horacios, La muerte de Marat o Napoleón cruzando los Alpes.