HISTORIA Y ARTE - LA ALTA EDAD MEDIA: Economía y sociedad - 4ª parte
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Historia y Arte

LA ALTA EDAD MEDIA

Economía y sociedad - 4ª parte


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El feudo: marco de una economía rural (continuación)

n el sistema feudal toda la riqueza procedía del pueblo llano que, sometido al régimen señorial, era quien cultivaba la tierra y quien realizaba las tareas artesanales imprescindibles para la vida cotidiana. Esta situación de opresión y la falta de mercados, pronto se tradujo en un descenso de la producción o, cuando menos, de un estancamiento de la misma. El campesino sabía que cuanto más produjera, más beneficio obtendría su señor, pero no él, y como el comercio había desaparecido casi por completo, tampoco se sentía estimulado a lograr una mayor producción que no era posible vender.

La economía de los feudos era pues autárquica y cerrada. El poco dinero existente estaba controlado por los señores y era empleado en un comercio de productos de lujo, por lo general procedentes de Oriente (telas, perfumes, joyas, etc.) o de productos como el hierro o la sal que, procedente del sur de Europa, se vio sujeta a un activo comercio, con frecuencia controlado por los propios señores. También se empleó el dinero para pagar a caballeros que prestaban sus servicios militares como mercenarios.

La pirámide feudal

Las relaciones de dependencia personal establecidas en esta estructura social respondían a dos modelos, según se tratara de relaciones entre dos hombres libres o entre un hombre libre y otro que aceptaba dejar de serlo para entrar al servicio del primero. Se producían así relaciones de vasallaje y relaciones de servidumbre, cada una de las cuales suponía un distinto régimen de obligaciones que se concertaba en una ceremonia diferente.

La relación de vasallaje se establecía con la ceremonia del homenaje. En ella el futuro vasallo se arrodillaba ante quien iba a ser su señor y, poniendo sus manos entre las de aquél, manifestaba el deseo de ser su vasallo. El señor lo levantaba y, con un beso, se cerraba el pacto. Acto seguido, el vasallo realizaba el juramento de fidelidad sobre los Evangelios o sobre las reliquias de algún santo y el señor concedía, a cambio, un feudo, representado por un puñado de tierra, un anillo, un bastón o una rama; esta concesión era la "investidura" denominada así porque con ella se investía al vasallo de un poder casi absoluto sobre los dominios del feudo que se le concedía.

Las obligaciones del vasallo se concretaban en el "auxilium" y en el "consilium". Por el auxilio debía ayuda militar (la obligación terminó limitándose a 40 días al año) y, si era preciso, económica (para pagar rescates, para la dote de la hija mayor o para armar caballero al primogénito). El consejo suponía acudir a casa del señor para ayudar a éste a impartir justicia o para aconsejarle en asuntos de política (esta obligación terminó limitándose a tres reuniones anuales). Por su parte, el señor, además de entregar el feudo se comprometía a defender a sus vasallos.

Las relaciones de servidumbre también se concertaban en una ceremonia, pero ésta era más sencilla. En ella, el siervo renunciaba a su libertad a cambio de un manso y de protección.

Todo este sistema de relaciones y obligaciones varió según las épocas y los lugares.

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