HISTORIA Y ARTE - LA ALTA EDAD MEDIA: Mentalidad y pensamiento - 1ª parte
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Historia y Arte

LA ALTA EDAD MEDIA

Mentalidad y pensamiento - 1ª parte


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a mentalidad de la época feudal quedó perfectamente reflejada en la estructuración por estamentos del conjunto de la población. Cada individuo sabía qué misión le correspondía desempeñar en función del estamento al que pertenecía.

La mentalidad en el orden estamental

La población del Occidente cristiano estaba sometida, hacia el siglo IX, a dos peligros fundamentales: la falta de seguridad (por la ausencia de un poder único y fuerte y por la segunda oleada de invasiones) y las temibles catástrofes (representadas por las epidemias, el hambre y en última instancia el miedo a la llegada del año mil). Estos peligros y sus correspondientes temores fueron los que justificaron el orden estamental.

Así, la nobleza representaba el poder y sobre todo la defensa, por ello su misión era la guerra; el clero, como intermediario entre los hombres y Dios, debía buscar la misericordia divina que evitara las catástrofes y solicitar el perdón ante el inminente fin del mundo, para ello su misión era orar; el pueblo llano, mientras tanto, debía procurar que la nobleza y el clero pudieran cumplir sus respectivas misiones, y para ello su obligación era trabajar en beneficio de los que oraban y combatían.

Los señores feudales, nobles o eclesiásticos, ponían de relieve esta idea de protección con la obligación, al menos teórica, de proteger del hambre a los campesinos en caso de malas cosechas. De este modo, el orden estamental llegó a ser considerado como un orden natural en el que nadie estaba exento de una obligación.

A lo largo de la etapa feudal, esta concepción fue variando y así, cuando los peligros de las invasiones desaparecieron o se estabilizaron, cuando el año mil no trajo ningún acontecimiento especial y cuando el campesinado entendió que de lo único que podía ser defendido por los señores feudales era, precisamente, de los propios señores feudales y que la visión de pobreza que la Iglesia predicaba poco tenía que ver con su modo de vida. Cuando todo eso comenzó a suceder, la situación de clara desventaja que tenía el pueblo llano como estamento trabajador ya no resultó aceptada como un orden natural. A partir de entonces comenzó a ser más difícil mantener la situación privilegiada de los estamentos no productivos frente al pueblo llano.

La toma de conciencia de esta realidad supuso que, tanto la nobleza como el clero cambiaran ciertas actitudes e introdujeran nuevas formas que habían de actuar como elementos correctores. Apareció así un nuevo ideal de caballero concebido como noble justiciero, defensor de la ley de Dios y protector de los débiles. La Iglesia por su parte, reaccionó con la reforma Cluniacense que, desde finales del siglo X, pretendió restaurar la regla benedictina atendiendo a su máxima de trabajo y oración alejada de la ostentación de riqueza que muchos clérigos habían hecho.

A pesar de estos cambios, por otro lado sólo aparentes, los campesinos siguieron siendo explotados y poco o nada debieron interesarse por las justas luchas de los caballeros que les eran tan ajenas como la labor cultural de los escritorios de los monasterios.

Se caminaba pues hacia una situación de conflicto social, que hacia finales del siglo XI, se encauzó hacia el exterior con las Cruzadas, siendo esta especie de guerras santas una auténtica válvula de escape de una situación económica y social poco menos que insostenible.

La nueva aparición de las ciudades y la recuperación de las monarquías, pondría fin a buena parte de los privilegios señoriales.

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