EL ARTE DE LAS FLORES INMORTALES. SECADO, LIOFILIZACIÓN Y OTRAS TÉCNICAS DE PRESERVACIÓN

INTRODUCCIÓN

Hace unos 150 millones de años, cuando los helechos y coníferas dominaban la tierra y el ser humano ni siquiera era un vestigio, aparecieron en escena las primeras plantas con flores, las angiospermas, evolucionando y colonizando rápidamente casi todo el globo hasta la actualidad, en que constituyen el 90% de todas las especies vivas. Todo aquel escenario verde-apagado de la vegetación primigenia, fue cobrando una exuberancia y unos colores vibrantes que cambiaron por completo y para siempre el paisaje de nuestro planeta.

Imagen cortesía de las de RosaEterna

Si cuando emergió el hombre primitivo se detuvo a admirar la belleza vegetal que le rodeaba, no fue desde luego su principal entretenimiento, pues ya era suficiente intentar sobrevivir en un entorno hostil, buscando el alimento en la caza o en los frutos silvestres que podía recolectar. Aun así, debió servirse de las flores que hallaba en su entorno para ritos funerarios. En el Medio Oriente, fueron descubiertos huesos de humanos prehistóricos a los que debieron acompañar delicadas flores silvestres, a juzgar por los indicios de granos de polen hallados; probablemente fueron dispuestas como tributo a un ser querido fallecido.

El gusto por las flores, su cultivo y los usos como ornamento, aparecerían más tarde, cuando los primeros humanos que decidieron abandonar su vida nómada, se establecieron y comenzaron a practicar la agricultura y la ganadería. Las plantas para la alimentación familiar y como forraje para los animales, serían los primeros vegetales de cultivo ordinario, para después ir introduciéndose lentamente la jardinería de flores y plantas ornamentales.

Con el establecimiento de sociedades más estables, la importancia de las flores, y el jardín en general, cobró fuerza generalizada. Así, su cultivo y el arte que implica su manipulación desde una perspectiva emocional, del lenguaje y sentimiento que evoca al admirarlas, tomó relevancia en la mayoría de culturas, siendo en algunas de ellas parte esencial de su identidad.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Aunque las flores han sido parte integral de la vida humana desde que comenzó a cultivarlas, las técnicas para preservarlas de su inevitable finitud son más recientes. La más antigua, por sencilla, es el secado, utilizado sobre todo por los primeros botánicos, para conformar los herbarios con fines de identificación de las diferentes especies.

En la época victoriana surgió esa fascinación por la comunicación y simbología a través de las flores, el secado mediante deshidratación tuvo aquí su mayor auge. En la obra británica «The Florist», de 1860, ya se describen técnicas de desecación de rosas rojas, pensamientos, alelíes y otras flores utilizando arena, cuyo método ya se conocía en tiempos precedentes. Sin embargo, fue en Alemania donde se desecaron flores por primera vez para su comercialización, saliendo esa práctica de su entorno particular para terminar popularizándose.

El secado de las plantas ornamentales es en general menos costoso que la limitada conservación en el tiempo de las flores cortadas, permitiendo dotarles de una apariencia atractiva y eterna. Pero, han sido pocas las investigaciones y proyectos de desarrollo realizadas en la industria de las flores secas en el mundo, en comparación con otras áreas de la floricultura. No obstante, se ha distinguido un buen número de trabajos individuales, donde se expresan distintos enfoques y métodos para el deshidratado o secado de flores y otras partes de plantas ornamentales.

PRESERVACIÓN DE FLORES Y HOJAS

La preservación de las flores y hojas ornamentales se ha logrado mediante diferentes procedimientos, como el secado directamente al aire, al sol, por congelación y deshidratación, mediante prensado o, en los tiempos recientes, eliminando el agua de las células utilizando la tecnología de microondas. El destino de los artículos preservados son variados: para hacer artesanías, composiciones florales, tapices de pared, velas, tarjetas, paisajes, etc.

Composición de flores y hojas secas – Imagen Pixabay

La relación de las partes vegetales, además de las flores, susceptibles de preservar es extensa: tallos, brotes, raíces, frutos, inflorescencias, semillas, conos, follaje, cortezas, espinas, musgos, hongos, líquenes, espiguillas o selaginellas, etc. En cuanto a las flores, hay un buen número de ellas que responden bien a las técnicas de desecación, como clavel, anémona, zinnia, narciso, pensamiento, crisantemo, lirio, rosa, caléndula, fresia, allium, etc. En cuanto al follaje, destacan los helechos, eucalipto, laurel, hiedra, magnolia, aspidistra, etc.

Las diferentes partes de las plantas pueden deshidratarse y componer con ellas arreglos florales muy estéticos, cubiertas con vidrio transparente, plástico u otros materiales traslúcidos pero que permitan protegerlos del polvo y la humedad atmosférica. Por tanto, las flores desecadas pueden trascender a las flores cortadas, para la decoración del hogar, la oficina o cualquier estancia pública o privada, debido a su capacidad para permanecer inalterable por tiempo casi indefinido y con los mínimos cuidados.

Cultivo, cosecha y control de la humedad

La elección del tipo de cultivo y variedad es importante para el éxito del secado. Algunas flores pierden sus valores ornamentales después de someterlas a ese proceso. Algunos frutos, como los guisantes dulces, pueden perder el color y tornarse amarronados perdiendo igualmente su atractivo original. La variedad o cultivar de una flor también puede influir en un resultado más o menos aceptable, por ejemplo, algunas asteráceas como el helichrysum o flor de papel a pesar de sus pétalos duros pierden su forma después del secado, doblándose o torciéndose hacia dentro.

Helichrysum bracteatum – Imagen Wikimedia Commons

La etapa de recolección puede ser diferente según la especie, aunque como norma general las flores deben cosecharse justo antes de que abran completamente y puedan conservar el color con su máxima intensidad. No obstante, se ha observado que las flores que han abierto completamente poseen menos humedad y eso influye favorablemente en la calidad del secado; a menor contenido de humedad mayor rigidez, al suceder una contracción celular uniforme de los tejidos. Por su parte, el exceso de humedad da como resultado flores flácidas y con menor consistencia.

El proceso de secado dará un resultado satisfactorio asegurando una flor fácil de mantener, siempre que la humedad final permanezca por debajo del 11% hasta un mínimo del 8%; un porcentaje mayor influye directa y negativamente en la longevidad, mientras que un porcentaje menor produce un desecado excesivo y en consecuencia debilidad en la adherencia de los pétalos con la posibilidad de su abscisión, pudiendo producirse el desprendimiento de manera fortuita o durante la manipulación. Esta vulnerabilidad ha sido observada en flores secas al vacío, y en siempreviva azul (Limonium sinuatum) cuando se deseca por microondas.

Los métodos de secado condicionan la calidad y apariencia de las flores y otras partes ornamentales. Se han desarrollado varias técnicas de deshidratación que conservan su aspecto fresco incluso durante años.

LAS TÉCNICAS DE PRESERVACIÓN

Secado al aire

El secado al aire es un método muy común. Las materias vegetales se cuelgan con cuerdas o alambres y se mantienen en esa posición, bien en la oscuridad el tiempo necesario para la evaporación, bien a la luz natural para un secado más rápido. El lugar debe estar limpio; se requiere calor, buena ventilación y baja humedad. Otra opción es extender los vegetales sobre hojas secantes, por ejemplo de periódicos. El secado al aire se distingue como el primer método para secar rosas, siemprevivas, Delphinium, entre otras.

Secado de flores y hojas en Ámsterdam – Imagen Pixabay

Para obtener flores secas de buena calidad, hay que seleccionarlas cuando aun no han llegado a la madurez, quitándoles el follaje y colgándolas boca abajo preferiblemente en una zona cálida y oscura. Si hay ejemplares débiles, deben alambrarse antes de proceder. Si el secado se realiza en habitaciones polvorientas, se pueden colocar las flores dentro de una bolsa de papel perforada, al objeto de facilitar la circulación del aire. El secado a la sombra se puede realizar durante la temporada de verano, especialmente para flores como acroclinium, helichrysum y limonium. Algunas flores como crisantemo, siempreviva, salvia, amaranto globoso y otras, se pueden recoger en fresco cuando están parcialmente abiertas, ya que continúan abriéndose mientras se secan.

Las áreas o habitaciones de secado no deben sobrepasar el 75% de humedad relativa, ya que estarían expuestas al crecimiento de moho que estropearía los vegetales en proceso de desecación. Aunque parezca una contradicción, se pueden secar cabezas florales manteniendo sus tallos en un poco de agua, esto da buenos resultados en plantas como hortensias, aciano, gypsophilla y otros.

Se ha observado, que las flores desecadas al aire quedan suficientemente rígidas una vez secas. Los colores azules y amarillos se conservan cuando se utiliza este método, pero en las flores rosadas tiende a desvanecerse el color. Las flores y hojas más carnosas son las que toman más tiempo en secarse.

Desecación por prensado

Se cree que fue en 1820 cuando se informó de esta técnica por primera vez. Más tarde fue utilizada por los botánicos para preparar los herbarios de especies a clasificar.

En el secado por prensa, las flores y follaje se colocan entre los pliegues de hojas de periódico o papeles secantes, dejando espacio entre ellas sin que se toquen los bordes. Por encima de estas hojas se colocan cartones ondulados, de forma que el vapor del agua que despiden las flores pueda disiparse en el ambiente. El tiempo de secado podría reducirse si las hojas se introducen en un horno a una temperatura adecuada. En este método de secado las formas no se suelen mantener, ya que las flores frescas se aplanan al ser presionadas dentro de las hojas de papel al tiempo que tienden a pegarse a estas.

El ataque microbiano es una característica común en este tipo de secado, ya que la humedad y la celulosa del papel sirven como un potencial sustrato para la esporulación y el crecimiento de los organismos, por lo que conviene tratar previamente con un antibiótico. A pesar de las formas planas generadas por el prensado, flores y follaje sirven para componer diferentes piezas artísticas sin apenas relieve, como diseños florales, tarjetas de felicitación, y en general toda aquella creación artística que pueda enmarcarse.

Se estima, que el tiempo necesario para el secado con este método varía entre 24 y 120 horas, según el tipo de vegetal, por ejemplo rosa, clavel y helichrysum. Siendo la rosa la que más tiempo necesita para la evaporación. El pensamiento puede secarse de forma óptima en 48 horas si se le somete al horno a 35-39º. Por su parte, el tiempo de secado puede reducirse notablemente en determinadas especies, por ejemplo se pueden concluir en 24 horas las hojas de roble plateado, flores de hibisco, caléndula, hemotoxylon, adiantum, nephrolepis, thuja y otros. Elevando la temperatura a 40-44º durante 24 horas, se obtienen resultados óptimos en Euphorbia leucocephala, Galphimia nitida, Lantana camara, Lantana depressa y Lantana montevidensis. Si la temperatura se eleva a 45-49º, es adecuado para flores de Ixora sp y Mussaenda sp. Como se dijo, la deformación es un problema en este método, pero sin embargo la coloración original se mantiene.

Secado con glicerina

La glicerina se puede utilizar para flores pero el color es afectado, quedando oscurecidas o con aspecto satinado, por ello este sistema es más adecuado para hojas, ramas y bayas, aunque funciona con muchos otros tipos de follaje. Hojas de eucalipto, laurel y sus frutos, hiedra, magnolia, retamas, juncos, gramíneas…, son vegetales que aceptan muy bien este método de secado. Además, es menos costoso y tiene una alta capacidad de atracción del agua.

Pérdida de color

Debemos preparar en un recipiente una mezcla de agua (preferiblemente tibia) y un 33% de glicerina, e introducir las partes vegetales dejando que actúe durante cuatro días, o hasta que se observen pequeñas gotas de aceite. Durante el proceso, el agua de las células es reemplazada por la glicerina mediante absorción, quedando las hojas y tallos flexibles y suaves, no rígidos como sucede en otros tipos de secado. Después de extraerlas de la solución, hay que lavarlas con jabón líquido y secarlas.

Secado mediante enterrado

En este tipo de secado se utiliza arena, bórax, serrín, harina de maíz, gel de sílice y otras sustancias sólidas. De éstas, la arena y el bórax son las más económicas, aunque necesitan más tiempo para realizar el secado. Para flores delicadas como rosas, claveles, dalias…, el gel de sílice es el agente desecante ideal; para rosas con pétalos muy compactos es el mejor absorbente. Hay que aclarar, que se le llama «gel» pero en realidad no lo es, se trata de una forma de sílice granular (como el azúcar), es un «xerogel» de ácido silicílico, es decir, una sustancia híbrida orgánica-inorgánica, donde se combinan ambas para obtener determinadas propiedades beneficiosas. El gel de sílice es útil para flores delicadas, y se ha convenido que es el mejor método por sus excelentes resultados en comparación con la mayoría de los demás procedimientos, al conservar satisfactoriamente el color y la forma, por ejemplo las rosas, donde el color siempre es uno de los mayores alicientes. Este gel funciona mediante una vasta red que interconecta poros microscópicos, los cuales atraen y retienen la humedad por capilarización, actuando además muy rápidamente.

Aunque el gel de sílice es un desecante más caro que otros de los citados, tiene la peculiaridad de ser reciclable para su reutilización. Los cristales son azules cuando están secos, tornándose de color rosa cuando ya han absorbido la humedad. Para poder reutilizarlo de nuevo, hay que calentar los cristales en el horno hasta que evaporen la humedad y recuperen su color azul. Una alternativa al gel de sílice es el ácido bórico en gránulos.

Gel de sílice – Imagen Wikimedia Commons

Independientemente del método, utilizando contenedores profundos, se pueden enterrar los vegetales cómodamente sin alterar su forma, los cuales abarca variadas especies como buganvillas, dalias, crisantemos, gerberas, caléndulas y como no, las tan apreciadas rosas. Se ha constatado que el secado de helichrysum y las flores de zinnia en arena, da un resultado de buena calidad con un atractivo color y textura suave de los pétalos.

En capacidad higroscópica de los diferentes absorbentes, el gel de sílice y el bórax es mucho mayor que la arena y actúan más rápidamente. Algunas experiencias también dieron buenos resultados utilizando bórax y harina de maíz, en proporción del 50%, en flores de crisantemo y dalia. El bórax se ha convenido como un buen desecante para rosa, aster clavel, dalia, caléndula, geranio, zinnia, entre otros. De todas formas con el bórax debe controlarse el tiempo de exposición, ya que podría blanquear los pétalos si se mantiene durante mucho tiempo.

Secado al horno

El horno clásico también es una buena herramienta para hacer un secado más rápido. La materia vegetal se mantiene a una temperatura controlada durante un tiempo determinado, el cual viene dado según el tipo de vegetal a tratar. Es adecuado para el secado de flores y otras partes ornamentales, pero no es recomendable para aquellas flores que ya están completamente abiertas, además los colores pueden quedar devaluados, siendo en este caso preferible usar el método de secado por arena. La tasa de transpiración de la humedad en el secado al horno es directamente proporcional a la temperatura; con un aumento de temperatura aumenta la vaporización.

Las temperaturas recomendadas, como se dijo, varían mucho de unas especies a otras, incluso entre variedades de una misma especie. Hay muchos registros, tanto de temperatura como de tiempo empleado, por ello citaremos sólo algunos. Por ejemplo, a una temperatura de 45-49ºC la caléndula francesa necesita 72 horas y la caléndula africana 96; a 35-39ºC las buganvillas necesitan 48 horas, las dalias y narcisos 72 horas; a 40-44ºC hacen falta 48 horas para Aerva javanica, Callistephus chinensis, Euphorbia leucocephala, Delphinium ajacis, Mina lobata, capullos de rosa y Zinnia linearis. Algunos vegetales, como los nenúfares, necesitan 120 horas a 45-49ºC.

Secado por microondas

El secado mediante hornos de microondas es rápido. Funciona haciendo vibrar electrónicamente las células del vegetal y generando una alta temperatura en su interior, lo que provoca la evaporación de la humedad. Este método se considera adecuado para racimos de floretes, rosa, anémona, crisantemo, caléndula, pensamiento, flor de maíz, gypsophilla y otros. Combinando el horno de microondas con el gel de sílice, se mejora la forma del vegetal, mientras que sustituyéndolo por arena blanca mejora el color.

Las rosas grandes requieren apenas dos minutos y medio para secarse. Los capullos de rosa se pueden secar satisfactoriamente durante cuatro minutos, conservando la forma y un buen color. Si introducimos aire forzado dentro del horno, reduce el tiempo de secado y mejora la calidad del resultado. Los pétalos de flores que han sido secados en horno de microondas conviene rociarlos con laca para evitar que absorba la humedad ambiental.

Una medida apropiada es colocar una taza de agua dentro del horno antes de comenzar; la humedad interior permitirá prevenir un exceso de secado.

Liofilización o secado en frío

Es el método más eficaz para preservar flores, como rosas y claveles. El secado se basa en el principio de sublimación, por el cual el hielo se mantiene en condiciones de vacío parcial y baja temperatura (menos de 0ºC), evaporándose al calentarlo sin pasar por la fase líquida. La ausencia de agua líquida durante el proceso de deshidratación, significa que no se producirán reacciones químicas indeseadas, en consecuencia se conserva el color prácticamente intacto, e incluso se retiene la fragancia.

Rosas preservadas – Imagen cortesía de las de RosaEterna

En este proceso, que puede durar varios días, se disponen las flores en una cámara refrigerada con el termostato por debajo del punto de congelación. Seguidamente se crea el vacío dentro de la cámara, provocando la sublimación, es decir, la humedad de las flores pasan de estado sólido a gaseoso. El vapor de agua es recogido en una cámara separada y las flores se dejan calentar a temperatura ambiente lentamente.

La liofilización es perfecta para rosas y claveles, obteniéndose resultados de muy buena calidad, en muchas ocasiones incluso de gran parecido a las flores frescas. Se han registrado ensayos de liofilización de distintas variedades de claveles, seleccionando -20ºC durante al menos 12 horas, y siete días en el liofilizador, obteniéndose con éxito un producto de apariencia muy natural.


Fuentes de consulta:

  • Flores preservadas las de RosaEterna
  • Process of making dry flower technology – The Asian Journal of Horticulture
  • Flower drying techniques – International Journal of Farm Sciences
  • Drying and Preserving Plant Materials for Decorative Uses – Sydney Park Brown
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