GEOGRAFÍA - PAÍSES: Italia - 10ª parte
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Italia - 10ª parte


Música   Cine

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Música

letra capitular En Italia se han creado numerosos géneros musicales; ya el papa Gregorio Magno mandó fijar un conjunto litúrgico coherente, constituyendo el Canto Gregoriano. Pero hasta el s. XIII no surgió la primera forma musical propiamente italiana: la Lauda, nacida entre los franciscanos. En el s. XIV surgió el Ars Nova, un brote de polifonía cortesana, con dos formas fundamentales: el madrigal y la caccia. El Ars Nova tuvo a Florencia por capital. En el s. XVI tuvieron lugar las primeras ediciones de obras musicales; el madrigal se convirtió en el género más difundido, culminado por Claudio Monteverdi.

La capilla real de Roma era la más brillante de Italia. En ella, Giovanni da Palestrina complacía los principios de la Contrarreforma de hacer inteligibles las palabras del canto. A comienzos del s. XVI empezó a desarrollarse la música instrumental, alcanzando su cima en Venecia con Giovanni Gabrieli. En el s. XVII se inició el teatro musical, la ópera, basada en el recitativo cantado. Paralelamente se desarrolló la cantata. En el s. XVIII la ópera conoció un esplendor extraordinario, tanto profana como religiosa, seria o buffa. Nápoles ostentó el primer lugar con Alessandro Scarlatti y con Giovanni Battista Pergolesi. 

En el campo del concierto, destacaron Tomaso Albinoni y Antonio Vivaldi. En 1728 se fundó la Scuola delle Nazioni, donde se puso al día el cuarteto de cuerda, gracias sobre todo a Boocherini. La ópera dominó absolutamente el s. XIX, conducida por tres músicos: Gioacchino Rossini, Gaetano Donizetti y Vincenzo Bellini. La cumbre de la ópera fue Giuseppe Verdi; tras él, sólo Giacomo Puccini escapó al declive. En la música instrumental destacó el virtuoso Niccolò Paganini. Tras la interrupción que significó el fascismo, las generaciones recientes de músicos italianos intentan escapar del dominio operístico.

Cine

Roberto Omegna filmó a principios de siglo las primeras cintas de actualidades. En 1905 Filoteo Alberini, con La Cadutta di Roma, inauguró las superproducciones históricas. Entre 1906 y 1909 la industria cinematográfica se desarrolló espectacularmente; careciendo de tradición, los productores italianos se volvieron hacia Francia para atraerse a técnicos cualificados. La producción se orientó hacia fastuosas reconstrucciones históricas. Los intelectuales (D'Annunzio) no dudaron en colaborar como guionistas. Se filmaron una gran cantidad de películas y el éxito internacional de éstas (incluido el mercado norteamericano) afianzó el poderío del cine italiano. Paralela al cine histórico surgió una moda de filmes cómicos.

En 1912 los italianos desarrollaron un genio arquitectónico insuperable en las superproducciones. La Cabiria (1914) pasó a la historia por sus innovaciones técnicas. Apareció otro género: el drama burgués, adaptación de novelas famosas, generando un nuevo mito: las «divas» o vampiresas. Desde 1914 a 1915 se observan intentos aislados de realismo. Pero la Primera Guerra Mundial significó una gran decadencia; los cineastas y las estrellas huyeron hacia Berlín. La producción italiana no se recobró hasta 1930. El gobierno de Mussolini multiplicó las iniciativas de prestigio (inauguración de los estudios de Cinecittà en 1937), pero no consiguió utilizar propagandísticamente a la industria cinematográfica. Cineastas como Mario Soldati y Alberto Lattuada se refugiaron en adaptaciones refinadas de novelas antiguas.

En 1942 apareció Ossesione (Lucino Visconti), reivindicado después como el primer filme neorrealista. Este movimiento se impuso a partir de Roma, città aperta (Robero Rossellini, 1945). Otros filmes neorrealistas, dedicados a mostrar sin disimulos la verdad cotidiana, fueron: El limpiabotas (Vittorio de Sica, 1946), Anni difficili (Luigi Zampa, 1948), y La terra trema (Visconti, 1948). Hacia 1953 el neorrealismo empezó a agotarse y se buscaron nuevos caminos: Visconti en Senso, Federico Fellini en La strada, o Michelangelo Antonioni en Le amiche. La producción italiana tendió progresivamente a la diversificación y se desarrolló un cine de autor liderado por Antonioni y Fellini.

En los años 60 se produjeron cuantiosas obras maestras: La notte (Antonioni), Otto e mezzo, Giulietta degli spiriti y Satyricon (Fellini) e Il gattopardo (Visconti). Aparecieron nuevos nombres: Francesco Rossi, Ermanno Olmi, Pier Paolo Passolini, Gillo Pontecorvo, Damiano Damiani, Franco Zeffirelli, etc. A partir de 1960 el cine «comercial» inventó el spaghetti western e inundó el mercado de comedias satíricas. En sentido opuesto, se desarrolló un cine sociopolítico con Rosi, Bernardo Bertolucci, Marco Bellocchio, Liliana Cavani y los hermanos Taviani, que forman la actual generación de cineastas prestigiosos.

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