FILATELIA: CROATA FAMOSOS

Bajo este epígrafe, el servicio postal croata lanzaba una emisión de tres sellos (3,10 kunas, aproximadamente medio euro por ejemplar) y honraba a otras tantas personalidades de la historia del país, personas que en su momento hicieron famosa la prosa, la lírica o la política croata. La emisión comenzó a circular el 18 de abril de 2017, fue diseñada por Luka Juras, impresas en pliegos de veinte ejemplares y una tirada de 100.000 series completas, en offset multicolor, en la imprenta estatal de Zagreb.

Iniciemos un repaso en los antecedentes de estos croatas ilustres gracias a los informativos que nos facilitó el correo [por cierto tienen una preciosa oficina en el casco histórico de esta monumental ciudad al menos en su parte vieja que es todo un encanto para el viajero] ya que los materiales de la biblioteca no me fueron de gran ayuda y, hala, a repescar datos de los folletos y publicaciones que me traje de mi último periplo balcánico que fue todo un descubrimiento. Sólo Podgorica la dejaría fuera del circuito porque es una ciudad [antigua Titogrado] que no tiene prácticamente pasado y por lo tanto carece de interés para el viajero; hasta el hotel, posiblemente uno de los mejores del circuito, adolecía de la falta de energía y lo más cómodo era bajar las escaleras a pie so pena de quedarte “colgado”.

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FAUST VRANCIC [Faustus Verantius] fue un polifacético hombre de su tiempo, inventor, lexicógrafo, autor de diferentes materiales sobre filosofía, historia y literatura.  Nació en el seno de una familia noble de Sibenik [una preciosa población del sur] el 1 de enero de 1551, en ella  iniciaría su educación formal en 1561 [hoy los críos van a la escuela poco después de nacer y, por estos pagos, los más estólidos sólo son personajes alienados ¿qué estamos haciendo mal? ¡Por supuesto hemos cargado al presupuesto infinidad de expertos que en nada solucionan los problemas de la enseñanza en un momento de histórica dejadez!, y a pesar de todo algunos dicen España va bien].

De Sibenik marchó con su tío a Hungría, con él pasó los siete años de su infancia-adolescencia [Artur Vrancic era diplomático y uno de los dignatarios eclesiásticos de la época]. Tras esa etapa pasaría a la famosa Universidad de Padua (1568-1572) donde se formaría en leyes y filosofía [materia que por cierto eliminó de los planes educativos españoles Felipe González y el páramo creado es de impenetrable catástrofe]. Poco después de un trienio (1575) se convierte en miembro de los Hermanos de San Jerónimo de Roma. En 1579 ya era el comandante militar de la ciudad de Veszprem [una preciosa ciudad húngara que visité en mi primer viaje al extranjero en 1976 gracias a la Redacción Española de la desaparecida Radio Budapest tras resultar ganador del concurso deportivo lanzado por la emisora y donde, una enciclopedia impresa en México, me facilitó la tarea junto a la peculiar joya que tenía un amigo dedicada a los Juegos Olímpicos] y el mismo año se convertía en administrador de los bienes eclesiásticos del Obispado de la región.

Siguiendo su fulgurante carrera, dos años más tarde ya es el secretario de Rodolfo II (Emperador germano-católico y rey del territorio de Croacia y Hungría), estamos en 1581 y su centro de trabajo será la corte que funcionaba en Praga, nuestro personaje entablará relación con los famosos Tycho Brache, Johannes Kepler, Giordano Bruno y otros. Vaya que aquí se cumpliría aquello de quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija, así que será en la ciudad del Vltava, en 1594, donde completaba y enviaba a imprenta su Dictionarium quinqué nobilissimarum Europ Lingurum, Latinae, Italicae, Germanicae, Dalmatiae & Ungaricae [algo así como Diccionario de las cinco lenguas más nobles de la Europa del momento –hoy sería, seguramente, tachado de título demasiado pretensioso-] que vería la luz en Venecia un año después. Con ese aporte a la lexicografía ponía la primera piedra para los diccionarios de la lengua croata y húngara.

En 1598 retornaría, de nuevo lo encontramos prestando servicios al monarca Rodolfo II, nombrado Jefe del Obispado de Csanad y Gobernador Real de Hungría y Transilvania. Fueron años fructíferos, políticamente hablando, pero que no le llenaban personalmente, así que en 1605 decide poner fin a esos trabajos y se marcha para Roma donde pasaría a dedicarse a la religión y la escritura; consecuente con su fe, apoyaba la renovación de la Iglesia Católica y en 1608 decide ingresar en la Orden de San Pablo de Tarso (popularmente conocidos por Los Barnabitas), en esa etapa final de su vida verían la luz numerosas obras que aún engrandecieron más su legado.

Entre otras nos encontramos Zivotnikoliko izabranich divic [Las santas mujeres cristianas], Logica nova [Lógica Nueva], Ethica christiana y, sin duda,, su obra capital y en la que se adelantaba a su tiempo: Machinae novae [Máquinas nuevas, Venecia 1615/16], en ella encontramos los proyectos de sus visionarias propuestas para la tecnología de su tiempo, entre otros aportes está el paracaídas, el primero que realmente funcionó (curiosamente no sabemos cómo pudo probarlo y quien fue el osado que se atrevió a lanzarse con él, la historia de la aeronáutica aún faltaban siglos para llegar a ella); ideó los puentes metálicos, los transportes por cable, etc.

Sin duda una mente visionaria gracias a una formación enciclopédica y, sobre todo, porque en aquella época no existía la insensatez que hoy tenemos de “papeles para todos” o la fiebre de “títulos falsos” que en el siglo XXI se ha convertido en una de las peores lacras de una sociedad alienada y adormecida. Nuestro personaje moría en Venecia el 20 de enero de 1617 y de acuerdo con sus deseos, sus restos fueron llevados al cementerio de la Iglesia de Santa María de Prvic Luka, una preciosa isla cerca de su Sibenik natal a la que se puede llegar mediante un ferry, se trata de un encantador lugar y sin la presión que suele darse en otras zonas de la costa dálmata, la isla sólo tiene otro punto habitado Sepurine y unas centenas de habitantes que viven una vida apacible y lejos del mundanal ruido y las prisas que tanto daño hacen a bípedo humano.

ZINKA KUNC MILANOV (17 de mayo de 1906 en Zagreb, 30 de mayo de 1989 en Nueva York), sin duda una de las grandes voces de la música clásica, está considerada la Prima Donna croata por excelencia. Su enseñanza musical la completó en la Academia de Música de la actual capital croata, Zagreb formaba parte del Imperio Austro-húngaro, luego sería Yugoslavia y, finalmente, república independiente tras los terribles enfrentamientos de finales del XX que acabaron desintegrando el país, en este caso la República Federativa de Yugoslavia que saltó por los aires y todavía está en el punto de mira de cualquier posible conflicto; como resultado, aunque pueda parecer que la región está en calma, el ambiente es realmente preocupante puesto que se han cerrado en falso muchos contenciosos anclados en la noche de los tiempos. Para que la gente se haga una idea, de mi último periplo por todas las repúblicas surgidas tras el colapso del comunismo, prácticamente de 14 días, uno se fue en los controles aduaneros y policiales; por otro lado algunos territorios gozan de una emigración que roza el 10% de la población y en algunos casos el paro llega al 50% o sea: cualquier cosa menos la felicidad extrema que prometían sus políticos nacionalistas o que fomentaban el regreso a la tribu.

Sus maestros fueron Jan Ourednik, Mailka Trnina y Marija Kostrencic. Su primer concierto lo realizaba en su ciudad natal Zagreb en 1925, su debut operístico tuvo lugar en Ljubljana [actual capital de Eslovenia] en 1927, entonces fungió como Leonora en Il Trovatore [ópera de Verdi]. Entre 1929 y 1936 fue la Prima Donna de la Ópera en el Teatro Nacional de Croacia y tras esos años de esplendor operístico pasó al praguense Nuevo Teatro Alemán. En 1937, debutaba en la célebre Metropolitan Opera House de Nueva York donde, salvo un corto período, ella fue la diva durante nada menos que 29 temporadas, gracias a la belleza aterciopelada de su voz y sus dotes interpretativas. En esa gran época le añadirían un nuevo nombre a su figura “La reina del Metropolitan”. Por supuesto, fue la invitada en varios de los centros de culto del género [La Ópera Estatal de Viena, el Covent Garden de Londres o el Teatro de la Scala de Milán]. Se retiraba de la escena en 1966 pero ella seguiría en el mundo de la ópera en el terreno de la enseñanza, continuó aplicando su pedagogía a las nuevas generaciones.

En 1984 le entregaban la medalla especial de los Estados Unidos, junto a otras 87 personas que consiguieron engrandecer el nombre de Nueva York en particular y los Estados Unidos en general, Recordemos que es uno de los países con la mayor tasa de emigrantes croatas que, dicho sea de paso, prácticamente superan a los que viven en el territorio de la actual Croacia [las otras dos grandes colonias de expatriados croatas son Canadá y Australia]. Poco antes de morir, en 1986, viajaba a la ciudad que le vio nacer, sería su último viaje antes de dejar este mundo en 1989.

FRANO SUPILO (1870-1917), político croata, periodista y publicista, había nacido en Cartat (la Epidaurum romana y que fue destruida por los ávaros en el siglo VII). Inició su andadura profesional en Dubrovnik en 1891, allí fundó su revista política  Crvena Hrvatska [Croacia Roja], de la que fue el principal editor hasta 1899. En su mente estaba la creación de un estado propio, una Croacia libre. Para ello se embarcó en la reorganización del imperio austro-húngaro bajo los principios de crear unos estados federales.

A finales de 1899 aceptaba la invitación que le hizo el empresario de Susak para convertirse en el editor del periódico Hrvatska Sloga [Unidad Croata] que acabaría modificando su cabecera el 2 de enero de 1900 cuando apareció como Novi List [Papeles Nuevos] y otro nuevo cambio en 1907 Rijecki novi list [Papeles nuevos de Rijeka] aprovechando la mayor apertura en materia de libertad de prensa de esta famosa ciudad portuaria del Adriático, logró convertir el periódico en uno de los medios más influyentes de su tiempo.

Junto a Anto Trumbic sería el principal iniciador de las que, posteriormente, serían conocidas como las Resoluciones de Rijeka y Zadar (1905) que acabaron modificando el rumbo de la vida política de su tiempo. Fundó la coalición croato-serbia y, junto a Svetozav Pribicevic, elegidos para el Parlamento de Croacia en 1906. Lideró la oposición croata en el parlamento húngaro en donde eran frecuentes las discusiones constitucionales sobre el futuro de los diferentes territorios que entonces estaban amalgamados por la monarquía imperial de los Habsburgo que habían sobrevivido casi cuatro siglos.

Marcado políticamente, tras el estallido de la I Guerra Mundial [recordemos que fue un menor de edad el que encendió la pira en Sarajevo tras el atentado contra el Emperador] se verá obligado a abandonar el país y escapar del infierno en el que de una u otra forma él también montó. Se instala en Londres en donde continuaría su lucha en pro de la liberación de los eslavos del sur  [los políticos de todos los tiempos siempre ofrecen la misma receta libertad y, llegado el momento, sin darse cuenta, la sociedad se encuentra en peores condiciones que cuando inició la aventura de irse al paraíso. Sin duda podemos aplicar aquí lo fácil que es prometer y lo difícil que es construir] como por entonces eran conocidos los pueblos de esta parte del imperio austro-húngaro; fue uno de los cofundadores del Comité Yugoslavo de 1915. Hubo numerosas dificultades en esta zona caliente del Adriático que incluso chocaban con el expansionismo italiano del momento. Su posición en busca del Estado Federal le llevó a enfrentamientos insalvables con el entonces Primer Ministro Serbio Nikola Pasic.

Tras padecer numerosas crisis nerviosas en su exilio de Londres, en 1917 fallecía en un asilo en la ciudad del Támesis, una década después sus restos serían llevados a Dubrovnik. Precisamente el año de su muerte fue cuando se produjo la famosa Declaración de Corfú (20 de julio de 1917) en la que, finalmente, los eslavos del sur podían formar su propio reino que sería conocido como YUGOSLAVIA; los problemas no se solucionaron, sino que continuaron latentes y sólo se atenuaron con la llegada de la II Guerra Mundial y el régimen de Tito que, tras desaparecer, abriría de nuevo la llave para la violencia, el incendio de la zona balcánica y los horrores de finales del siglo XX. En cualquier momento pueden volver a saltar los plomos en esta región donde hay almacenado demasiado odio a pesar de la belleza de sus paisajes, la grandeza de sus ciudades y la tranquilidad, teórica, de sus gentes. Mientras sea posible, una zona que realmente merece la pena conocerse, incluso como “purga” para todos aquellos iluminados que se creen más que los demás por el simple hecho de tener un idioma diferente o una característica racial que lo diferencian de otros bípedos y que hace que uno se pregunte ¿con eso se vive?

JUAN FRANCO CRESPO
lacandon999@yahoo.es

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