DESCUBRIENDO RUMANIA: ORADEA

La ciudad se localiza a unos 150 kilómetros al oeste de Cluj y es la capital del departamento de Bihor que limita con la frontera húngara; algo más de 600.000 habitantes (de los que un tercio están en Oradea). Los húngaros la denominan Nagy Varad, destaca por ser un importante centro comercial y gran núcleo industrial que se ha visto, en un principio, favorecida por su ubicación geográfica y la pertenencia a la Unión Europea.

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Culturalmente sobresale por su rica tradición universitaria que genera un bullicioso ambiente en una ciudad de frontera y multilingüe que ya estuvo habitada en el período neolítico. Evidentemente hay vestigios de otros pueblos: romanos, godos, eslavos, tártaros… Los turcos la arrasaron en el XVIII y sólo bajo el imperio austro-húngaro llegó a recuperar su viejo esplendor, aunque no será hasta 1920 cuando es reintegrada a lo que actualmente conocemos como Rumania.

Documentalmente, sus 900 años se celebraron en el 2013 y ese fue el motivo para dedicarle cuatro sellos que hoy nos han llevado a esta bella zona. Referencias notariales aparecen ya en el reinado de Bela III, concretamente en Gesta Hungarorum no sólo explica la zona, sino que documenta la gran fortaleza de Biharia (situada a una decena de kilómetros de Oradea). El episcopado católico-romano estableció lazos con su fortaleza en el lejano 1092 y jugó un importante papel en el desarrollo de toda la región. La ciudadela fue resistiendo las diferentes oleadas de los denominados pueblos bárbaros que, constantemente, asediaban la región procedentes de Oriente. Los tártaros se hicieron con ella en 1241-1242.

Posteriormente se procedería a realizar los trabajos de reconstrucción y reforzamiento; en 1341 llegaría el reconocimiento de civitas. Bajo el mando del príncipe Juan Segismundo se procedió a un concienzudo trabajo de reconstrucción y reforzamiento de la ciudadela en forma de estrella de cinco puntas por el arquitecto italiano Domenico de Bologna. La fortaleza que ha llegado hasta nuestros días denota la clara influencia del arquitecto italiano; en su interior el príncipe Gabriel Bethlen hizo levantar el Palacio Principesco que así quedaba protegido: fue el mejor guardado de la región. La planta presenta cinco impresionantes bastiones y sus límites fueron los que sirvieron para un paulatino crecimiento extramuros a partir de 1589.

 La siguiente ocupación llegaría con la irrupción del ejército otomano, convirtiéndose en la sede de la corte del Sultán Solimán el Magnífico entre 1529-1538. Los turcos habían roto las defensas con sus 45.000 hombres y el jefe de las tropas Ali Pasha informó al sultán que con aquella victoria habían herido de muerte el corazón de Transilvania. El colapso otomano llegaría en 1660, el austriaco lograba recuperar la posición y paulatinamente las fuerzas del sultán iban perdiendo terreno en las grandes llanuras centroeuropeas. Recordemos que restos de ese turbulento pasado llegaron hasta bien entrado el siglo XX donde los Balcanes siguieron padeciendo hechos de extrema violencia.

Sin duda el gran rol cultural jugado por Oradea hay que buscarlo en la Edad Media cuando compartieron espacio, con mayor o peor fortuna, rumanos, húngaros, italianos, judíos o eslovacos. De aquella etapa es la gran biblioteca del Episcopado Católico, el observatorio astronómico, los archivos educativos y un largo etcétera que la convirtieron en el XVIII en la ciudad más habitada de toda la región transilvana.

La fortaleza-ciudadela está en la Lista del Patrimonio Mundial, alberga también el Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Oradea y uno de sus muchos elementos, que sorprenden al visitante, es la red de canales subterráneos que la alimentaban de agua caliente durante todo el año, o sea: a pesar del riguroso invierno ya tenían un sistema que evitaba congelarse cuando llegaba el punto álgido del frío glaciar.

Los cuatro sellos representan otros tantos edificios históricos; en el valor de 2.10 Lei vemos la esbelta catedral ortodoxa, popularmente conocida como de LA LUNA. Fue levantada en 1784, bajo la torre del reloj encontramos la explicación de ese nombre popular: una esfera de tres metros indica las diferentes fases lunares gracias a un ingenioso mecanismo que idearon los hermanos Rüpper en 1793.

El siguiente sello tiene un facial de 4.30 Lei y está dedicado a la Catedral Católica que es la iglesia barroca más grande de Rumania; fue levantada entre 1752-1780 siguiendo los planos del arquitecto italiano Giambattista Ricca. El imponente edifico está revestido de mármol, hay interesantes obras pictóricas en su interior donde también encontramos un fastuoso órgano.

El valor de 4.70 Lei muestra el estatal Teatro Reina María, un imponente edificio neoclásico que levantaron los austriacos Fellner y Helner en 1900. Finalmente, para el facial más alto de la serie conmemorativa de los 900 años, 9.10 Lei el impresionante edificio del Ayuntamiento que fue levantado a principios del siglo XX.

Aunque no haya sido filatelizado en esta ocasión, bien merece la pena citar el Palacio Barroco que fue la antigua sede episcopal y pasa por el ser el más grande de su estilo en Rumania [en cierta medida nos sirve el facial de 4.30 Lei], Fue levantado por Hildebrant (1762-1770) como réplica del famoso Belvedere vienés, tiene forma de U y 365 ventanas para sus más de 120 habitaciones, en él se alojaría la emperatriz María Teresa cuando visitó la región en 1771, poco después de haberse finalizado la obra de tan impresionante construcción.

Los sellos los diseñó Mihai Vamasescu, hubo varias formas en las configuraciones de la emisión, por ejemplo, la hojita bloque donde aparece el plano medieval de Waradiin [denominación en alemán]; en el lado superior derecho va el facial de 9.10 Lei. Hojita bloque con los cuatro efectos, minipliegos de 8+1 viñeta central sin valor postal para cada efecto y finalmente los pliegos de 32 ejemplares. Sumando todas las variedades de presentación prácticamente no se consiguen ni 25.000 series completas.

JUAN FRANCO CRESPO
lacandon999@yahoo.es

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