ANTÁRTIDA - EXPLORACIÓN - HISTORIA: Eras antárticas - 2ª parte
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Antártida

EXPLORACIÓN - HISTORIA

Eras antárticas - 2ª parte


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La "era heroica"

urante una expedición ballenera el 24 de enero de 1895 Carsten Borchgrevink fue el primero en desembarcar en el Continente Antártico (cabo Adare), más allá de la Península Antártica;  la zona ya fuera divisada por James Clark Ross 54 años antes. Algo más de una década de heroicas exploraciones había comenzado.

La primera expedición científica de esta era fue llevada por el belga Adrien de Gerlache en 1897. Entre la dotación de la nave se encontraban Roald Amundsen, el Dr. Frederick y Henry Arctowski, quienes más tarde se harían un nombre en la exploración polar. Su nave, el Bélgica, llegó a quedar atrapado en el hielo alejado de la Península Antártica, transcurriendo trece meses flotando entre las placas heladas. Su expedición fue la primera en invernar, alejados de tierra, entre las aguas del Océano Glacial Antártico (aunque no intencionadamente). Las privaciones soportadas en ese lugar fueron severas; los alimentos eran inadecuados, la calefacción muy escasa y la moral de una tripulación enferma muy decaída; un miembro falleció de un ataque cardíaco y otros dos quedaron afectados a su regreso. El Dr. Frederick Cook logró no obstante mantener cierto orden en la expedición.

Carsten Borchgrevink
Borchgrevink

Borchgrevink en 1898 regresó con una nueva expedición a bordo del Cruz del Sur, al mismo lugar de cabo Adare donde desembarcara cuatro años antes, con la intención de invernar allí. Sería la primera expedición en la historia en invernar sobre tierra continental del Antártico. Una de sus cabañas aún se conserva intacta en ese lugar como monumento a los héroes de la exploración antártica.

Al doblar el siglo, los exploradores enfocaron sus metas hacia el verdadero Polo, el "Polo Sur Geográfico", punto sobre cuyo eje imaginario gira la Tierra. El primer intento fue realizado por Robert Falcon Scott en 1901, en una expedición británica al Mar de Ross. Después de invernar en una cabaña en la isla de Ross, Scott y otros cinco hombres iniciaron su aventura hacia el interior. Llegaron hasta 450 km. del Polo Sur Geográfico, punto en que tuvieron que regresar derrotados. Al final del primer invierno uno de los miembros de la expedición, Ernest Shackleton, tuvo que ser repatriado a causa del escorbuto en contra de su deseo; Shackleton sintió su honor empañado decidiendo volver encabezando su propia expedición.

Shackleton en 1908 llevó la expedición antártica británica al Mar de Ross. Después de invernar en cabo Royds (isla de Ross) él y un equipo de tres expedicionarios se adentraron hasta sólo 105 km. del Polo Sur Geográfico. A lo largo de la misma expedición se ascendió al monte Erebus de 3.794 m. de altura, situado en la isla de Ross y cuyo volcán estaba activo. Los insuficientes suministros le privaron de alcanzar el Polo, debiendo detener la marcha y emprender el regreso a poco de su meta en previsión de un desastre. Mientras Shackleton estaba comprometido en alcanzar el Polo Sur Geográfico, otro grupo de su propia expedición compuesto por el Dr. Dowglas Mawson, Edgeworth David y el Dr. escocés Alistair Mckay, partieron también del campamento de invierno de isla de Ross en dirección al punto conocido como Polo Sur Magnético; una serie de desventuras les siguieron en su trayecto, pero el 15 de enero de 1908 consiguieron izar la bandera británica en esa situación. El viaje transcurrió a lo largo de 1.200 millas a pie y sin apoyo de animales.

Scott en 1911 regresó al Antártico para un segundo intento de alcanzar el huidizo Polo Sur Geográfico. Más allá, al este, una expedición noruega invernaba también con intención de ser el primero en llegar a esa meta, iba a comenzar la carrera por la conquista del Polo Sur. El jefe de esta expedición se llamaba Roald Amundsen, un explorador avezado con una considerable experiencia polar tras la histórica  expedición de Gerlache de 1897.

Amundsen
Amundsen

El equipo de Amundsen tenía varios factores a favor: la base donde se habían ubicado estaba 105 km. más cerca del Polo que el de Scott, que se encontraba en la isla de Ross. El noruego tenía otra ventaja añadida pues disponía de perros para arrastrar los trineos, los cuales no solo estaban perfectamente amaestrados, sino que eran manejados con gran habilidad. En cambio, Scott había decidido utilizar potros en lugar de perros; los potros no eran tan hábiles para tirar en la nieve blanda y únicamente servían de apoyo a los perros y como reserva de carne fresca. Además, los potros transpiraban a través de la piel, grave inconveniente en aquellas latitudes. El 14 de septiembre de 1911, después de 57 días en movimiento, Amundsen, cuatro compañeros y 18 perros (de los 59 que habían partido) alcanzaron finalmente el Polo Sur Geográfico, abriendo así una nueva ruta hacia la meseta polar. La expedición de Amundsen regresó a la Bahía de las Ballenas sin ninguna baja, haciéndose a la vela hacia el norte rumbo a Australia a informar al mundo de su triunfo. Léase el relato más detallado en Roald Amundsen (1911).

Por su parte, la expedición de Robert Falcon Scott y su equipo compuesto por Bill Wilson, Henry Birdie "Bowers", Edward Edgar Evans y Laurence "Titus" Oates, pudieron alcanzar el Polo un mes más tarde; allí Scott se encontró la bandera noruega y la tienda de Amundsen; en su interior había cartas para el Rey de Noruega. Scott y su equipo, amargados, desilusionados  y debilitados por las heladas, encabezaron el regreso a la base en la costa, en un ejercicio de terrible sacrificio. Oates, dándose cuenta que sus condiciones físicas debilitadas retrasaban el avance de sus compañeros, poniendo así en riesgo la vuelta sin novedad, caminó fuera de la tienda sin rumbo fijo durante su confinación ante una tormenta; nunca se le volvió a ver de nuevo. El grupo siguió adelante desconsolado y hambriento, pero ocho días de tiempo extremadamente malo les paralizó solo a 18 km. de un depósito que, paradójicamente, contenía una tonelada de alimentos. Allí, impedidos para continuar, perecieron todos. No fueron descubiertos hasta el siguiente verano, cuando una expedición de búsqueda consiguió encontrar el campamento casi completamente enterrado en la nieve. La imagen era trágica; entre las posesiones había 16 kg. de muestras de rocas y cartas explicando el porqué del fracaso que culminaría con sus muertes. Léase el relato más detallado en Robert Falcon Scott (1911).

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