LA RADIO EN LA LITERATURA: DUKE

“Durante las guerras, un atajo de cabrones se hacen ricos vendiendo armas”
[Manuel Quinto, Duke, página 22]

La presente reseña, es fruto de la casualidad, porque no esperas que la radio esté presente en prácticamente cualquier libro que compras, pero así ha sido una vez más. Le hinqué el diente a DUKE [Manuel Quinto, EDEBÉ, Barcelona, 2008], por pura casualidad ya que, simplemente lo compré por la foto de portada que muestra a una miliciana y, como venía de leerme unos cuantos sobre la INCIVIL, estaba convencido que allí también encontraría material de mi agrado. Y tanto: tras acabarme LA MALAFOLLÁ GRANAÍNA [por extensión podría ser la de cualquier parte de España y, si me apuran, del mundo] que mereció más de una carcajada; tomé el libro de esta reseña en mis manos y… ¡Bingo!, otro que caía de una tacada.

LA RADIO EN LA LITERATURA: DUKE  - Manuel Quinto

 

Lo curioso es que en ambos casos, jamás me encontré con reseña alguna, lo que indica una vez más que “buenas piezas” acaban perdiéndose en los anaqueles de las librerías por el mero hecho de no haber merecido una triste reseña. Así que el placer era doble porque días antes había acabado otro que ciertamente dejaba mucho que desear a pesar de lo que prometía. Vemos que hay gente que vale para la literatura y, sinceramente, Manuel Quinto, me deja con la miel en la boca.

Una novela completa y atractiva para el lector. Trata un tema complejo y sabe hacerlo sin tener que herir la susceptibilidad del lector y con bastante ecuanimidad. Por lo tanto es de aquellos libros que, una vez leídos, te deja un recuerdo, una esperanza en el ser humano y que contrasta con los libelos y panfletos que sobre la INCIVIL circulan de manera impune quizá, porque nadie se atreve a alzar la voz y hoy vivimos en el “simplismo arrasante o paralizante” de lo políticamente bien hecho. Al mercado, lo siento, sólo debería llegar lo que realmente merece la pena y no aquellos textos que ensalzan [para bien o para mal] la supuesta actuación de una de las partes y lo desastroso de la otra parte.

Así que, una vez más, vamos a lo que nos preocupa. El mundo de la radio que aparece casi una decena de veces en esta excelente novela, en esta obra con cara y ojos que sin duda prestigian al autor. Entre corchetes y en negrita la página de donde se extrae la información radial.

“Además, con la radio de a bordo sintonizan las emisoras de Rabat o Casablanca para escuchar música o la retransmisión de un partido de fútbol. Algún viernes, el viento nos ha traído melodías bereberes mezcladas con el ruido de las olas sobre la playa. Hoy no alcanzamos a oír nada. El barco es sólo una luz oscilante a popa, envuelta en el silencio de la calma, la única señal de vida frente a nosotros cuando los pesqueros no salen a faenar.” [19]
“.. en la tahona es donde se encontraba tranquilo y a gusto, escuchando la radio y charlando con su ayudante, un chaval andaluz al que también enseñaba a leer y escribir.” [23]
“De madrugada invadieron las Ramblas, y lo que antes era sólo bullicio se transformó en una verdadera efervescencia guerrera, con altavoces que llamaban a la resistencia contra los fascistas. La misma Pasionaria nos arengaba desde Radio Madrid.” [40]
“Nos quedamos escuchando la radio en la panadería, y así oímos al general Goded rindiéndose y ordenando a sus partidarios que hicieran lo mismo. “ [41]
“Grupos de gente con banderas republicanas, cantando canciones y gritando consignas. Una radio -¿la de un vecino?- deja oír las noticias del alzamiento militar que el pueblo de Barcelona está sofocando.” [57]
“La radio lanza rumbitas al aire, falsa alegría en una cueva débilmente iluminada y oliendo a sudoración persistente. Cuando están solos, el matrimonio jugará a ver quien da más asco al otro.” [72]
“Nuestros servicios de información, salvo el SIM, que servía para meternos miedo entre nosotros mismos, fueron una completa nulidad, un desbarajuste total, como tantas otras cosas.” [74]
“-A partir de aquel momento, no sólo nos veíamos por las mañanas, sino que la ayudaba en la cocina al mediodía, escuchábamos juntos la radio por las tardes y luego salíamos a pasear por los alrededores del pueblo. Todo Saletas nos miraba con benevolente satisfacción.

-El forastero y la chica más hermosa del pueblo.
-Cuando la radio daba pasodobles, yo la enseñaba a bailar.
-Si era una chica joven y bonita, ¿cómo es que no tenía ningún admirador? –me muerde la curiosidad.” [101]

Y hasta aquí lo que encontré sobre la radio. El resto, como novela, repito: bien hilvanada y, eso, que precisamente no es lo más atractivo que encuentro en la literatura por cuanto una obra novelada admite muchos matices… En fin, que a pesar de cierta aprehensión cada vez que tomo algo sobre la INCIVIL, ya me cubro las espaldas [tengo pendiente otro que no hay manera de avanzar escrito por un sesudo catedrático barcelonés sobre LA PIRENAICA, se hace inleíble o infumable, como quieran] porque, sin quererlo, llevo la mosca detrás de la oreja por la falta de objetividad que muestran los “plumillas” que se creen Premios Nobel y no entienden que escriben para el lector y no para su ego particular. Por lo tanto, sus posicionamientos tienen que ser medianamente estudiados y, en la medida de lo posible, que el lector no los perciba.

Una novela entrañable, a veces te eriza la piel, se trata de una obra donde hay dos personajes básicos: el abuelo y el nieto, aunque algunos más harán verdaderamente placentera la lectura dentro del páramo de mediocridad que nos invade especialmente entre las obras que se acercan a aquella terrible sangría ibérica.

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