JARDINERÍA - CULTIVOS: Los rosales - 7ª parte
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CULTIVOS

Los rosales - 7ª parte


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Propagación (continuación)

Propagación por semillas

a propagación por semillas está destinada a reproducir especies muy resistentes, como la Rosa canina o Rosa englanteria, que posteriormente nos servirán como patrones o portainjertos. Se deben dejar fermentar unos días las bayas o frutos maduros, para que las semillas que contienen se suelten con facilidad. Nada más extraer las semillas de sus bayas en septiembre u octubre, deberán sembrarse enseguida para evitar la pérdida de humedad que les afecta en gran medida.

La tierra del semillero tiene que ser ligera y con un mantillo bien descompuesto. Se esparcen las semillas densamente y se las cubre con tierra 1,5 cm. aproximadamente apretándola bien. Esperar a regar al día siguiente por primera vez, y mantener el semillero desde entonces húmedo y en un lugar con sombra. Reducir el riego y abonar moderadamente cuando las plántulas hayan nacido. Al llegar la primavera siguiente se trasplantan al vivero, colocando las plantas en caballones separados unos 25 cm. entre sí. Al final del verano ya podemos injertar estos patrones.

Hibridación

Los rosales que producen semillas con normalidad son susceptibles de hibridación; ésta consiste en crear una variedad que la naturaleza no produce por si misma. Para conseguir un híbrido solo es necesario conocer un poco la estructura de la flor:

La flor consta de cáliz, corola, androceo y gineceo. Externamente, la envoltura del cáliz está formada por los sépalos y la corola por los pétalos. El androceo o aparato masculino, lo forman los estambres y las anteras. Por su parte, el gineceo o aparto femenino, está formado por los ovarios, estilos y estigmas.

Una vez adquiridos estos conocimientos básicos sobre la estructura de la flor, imaginemos que disponemos de dos rosales distintos; tomaremos uno de ellos como padre y el otro como madre. Al llegar la primavera escogeremos la flor padre, previniendo que se abra un par de días antes que la flor madre. Por su parte, a la flor madre le quitamos todos los estambres y la cubrimos con un plástico transparente; quitaremos también aquellos brotes que le salgan lateralmente. Observaremos la flor padre con una lupa para saber cuando ha madurado el polen, consistente en un polvo amarillo contenido en las anteras. Cuando el polen esté listo cortamos las anteras y las guardamos en un frasco de cristal, a la sombra pero en lugar caliente, a la espera de que los estigmas de la flor madre se encuentren en disposición de recibir el polen. Esto ocurrirá en el momento que los estigmas retengan el polen por contacto, lo cual puede comprobarse mediante la lupa, acercando los granos de polen que se extraerá del frasco con un pincel fino.

Una vez se ha aplicado el polen a los estigmas de la flor madre, se cubrirá de nuevo durante unos diez días más. Después solo hay que esperar a que nazca y madure el fruto, recogiendo las semillas y sembrándolas de asiento separadas unos 40 cm. entre sí. Cuando las plantas estén crecidas se puede proceder a su injerto.

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