INVENTOS E INVENTORES: Inventos que cambiaron el mundo: Tres inventos revolucionarios - 4ª parte
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Inventos e inventores

INVENTOS QUE CAMBIARON EL MUNDO

Fuente: Simon Usborne

Tres inventos revolucionarios - 4ª parte


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El arte de comer con tenedor y cuchillo

letra capitular Es como si nada nuevo hubiera bajo el sol. Como si todo tuviera su momento y su lugar y aquello que ocurre antes de ese tiempo no ve la luz, se censura o se destruye. Por ejemplo, antes de finalizar el siglo XVI los europeos no solían tener platos, tenedores ni manteles en sus mesas. Se comía al estilo medieval, con pinchechitos, cuchillos, manos y dientes. Todo valía.

La primera noticia del tenedor como utensilio para comer en Europa se remonta a principios del siglo XI, procedente de Constantinopla de la mano de Teodora, hija del emperador de Bizancio, Constantino Ducas. Lo llevó a Venecia al contraer matrimonio con Doménico Selvo, el Dux de aquella República. La bella Teodora era tachada, por esta y otras refinadas maneras orientales, de escandalosa y reprobable. Hasta san Pedro Damián amonestó desde el púlpito estas extravagancias, llegando a llamar al tenedor instrumentum diaboli, ya que era harto difícil comer macarrones o tallarines con semejante instrumento.

Pinchecitos y tenedor medievales
Pinchecitos y tenedor medievales

La clase alta de Italia usó los tenedores durante la Edad Media, pero no se empezaron a conocer de forma masiva hasta el siglo XVI, introducidos en Europa por Catalina de Médicis, madre de tres reyes franceses y apodada «madame la serpiente» por la astucia y fría crueldad de sus maniobras políticas. Durante su largo período de reina regente, María de Médicis, italiana de origen, introdujo el tenedor en los banquetes de palacio para evitar que los invitados comiesen con los dedos, y se le ocurrió también poner a los tenedores un mango más largo para rascarse la espalda: siempre llevaba uno a manera de cetro y lo usaba a su antojo en las fiestas de palacio y durante sus largos consejos de ministros, que para eso era la reina madre. Introdujo también el ballet como espectáculo oficial en la corte francesa, comenzando con uno denominado Circe, ideado y encargado por ella en 1581, que duraba tan sólo cinco horas y costó más de tres millones de francos.

Los tenedores no fueron conocidos en Inglaterra hasta 1608, cuando el escritor inglés Thomas Coryate regresó de una larga excursión a pie y mostró a sus compatriotas el instrumento que empleaban los italianos para comer. Los ingleses fueron tan remisos y lentos en adoptar esta costumbre por el hecho de que la consideraban algo afeminada y porque, según palabras del clérigo Jonathan Swift en 1738: «Los dedos se hicieron antes que los tenedores y las manos antes que los cuchillos». Lógica deducción.

No obstante, los pueblos de América central disponían de utensilios parecidos un millar de años antes de la aparición de Hernán Cortés. Mucho antes los antiguos egipcios habían utilizado cucharas en una época más temprana, en el año 333 a. C.

E incluso podemos retroceder aún más en el tiempo. Se han encontrado tenedores de madera y de hueso en Catal Huyuk (en la actual Turquía) de hace 9.000 años. En el Arte Cisoria (1423), Enrique de Villena no sólo se detiene en la forma de cortar con el cuchillo, sino que además ofrece la descripción precisa del variado instrumental necesario y más adecuado para cada corte.

Cada tipo de cuchillo debe ser empleado para una determinada función, y lo mismo las brocas, el perero, el gañivete y el pungán. Según el autor, el arte de cortar tiene que ver con la salud, ya que el buen cortador ha de saber qué partes de los animales pueden resultar nocivas para el hombre o qué corte resulta más beneficioso para la digestión. Y es que Villena da mucha importancia al cortar en relación con la digestión, en la que distingue ocho fases, cuatro dentro del cuerpo y cuatro fuera de él.

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