INVENTOS E INVENTORES: Inventos que cambiaron el mundo: Tres inventos revolucionarios - 3ª parte
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Inventos e inventores

INVENTOS QUE CAMBIARON EL MUNDO

Fuente: Simon Usborne

Tres inventos revolucionarios - 3ª parte


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La brújula

on la brújula las técnicas de navegación dan un paso de gigante, quitan el miedo a los marineros menos avezados y se empiezan a hacer incursiones marítimas por océanos desconocidos hasta entonces. Eran viajes más seguros y no tan erráticos como ocurría anteriormente. La utilización de la brújula como instrumento náutico, corriente desde finales del siglo XII y comienzos del XIII, unida al desarrollo del astrolabio, fue decisiva en la construcción de las cartas de navegación.

En el siglo VI a. C. se descubrió (por un pastor, según cuenta la leyenda) que cierta clase de mineral atraía el hierro. Al ser hallado cerca de la ciudad de Magnesia, en Asia Menor, se llamó «piedra de magnesia», y el fenómeno se denominó magnetismo, estudiado por vez primera por Tales de Mileto. Más adelante se descubrió que si un fragmento de hierro o acero se frotaba con el mineral magnético (imán), quedaba magnetizado (imantado). También se descubrió que si se permitía a una aguja magnética girar libremente, siempre señalaría la dirección Norte-Sur. Se ignora cómo se produjo el descubrimiento, pero los chinos fueron los primeros en percatarse de esa propiedad en el siglo IV a. C. Los árabes pudieron aprender de ellos aquel fenómeno, y tal vez algunos cruzados lo aprendieron a su vez de los árabes, llegando así a Europa en el siglo XII.

Los conocimientos que demostraron los árabes en matemáticas y en astronomía están fuera de toda duda, como demuestra la utilización y perfeccionamiento de los astrolabios.
Los conocimientos que demostraron los árabes en matemáticas y en astronomía están fuera de toda duda, como demuestra la utilización y perfeccionamiento de los astrolabios.

Existen investigadores que creen que en el continente europeo, por esas mismas fechas, llegaron a los mismos descubrimientos de forma independiente. Incluso se postula que fue el sabio inglés Alexander Neckam (1157-1217) el primer europeo que hizo referencia a esa capacidad del magnetismo para señalar la dirección en el año 1180. Con el tiempo, la aguja magnética se colocó sobre una tarjeta marcada con varias direcciones que podía moverse libremente en torno a ella. En la jerga marinera a la brújula se la conoce como compás (que proviene de una palabra francesa que significa girar).

En el siglo XIII en Occidente se admitía la existencia de dos fuerzas: la gravedad y el magnetismo. En Occidente la brújula no aparece hasta muy avanzado el siglo XII, como un instrumento de astronomía cuya función era determinar el meridiano. La aparición de este instrumento hizo que los estudiosos empezaran a interesarse por la energía magnética. Así, en 1269 el alquimista Piero de Maricourt montó una piedra imán globular en sentido paralelo al eje celeste y que giraría una vez al día. Bien acoplada a un mapa de los cielos, serviría para observaciones astronómicas y como reloj perfecto.

La brújula (término que procede de buxula, cajita hecha de boj o boxus) como instrumento magnético aparece descrito en La Divina Comedia de Dante de la siguiente manera:

Los navegantes tienen una brújula que en el medio tiene enclavada, con un perno, una ruedecilla de papel liviano que gira en torno de dicho perno; dicha ruedecilla tiene muchas puntas, y una de ellas tiene pintada una estrella traspasada por una punta de aguja; cuando los navegantes desean ver dónde está la tramontana, marcan dicha punta con el imán.

Alfonso X el Sabio la menciona en el Código de las Siete Partidas, y Ramón Llull, en su Fénix de las Maravillas del Orbe, escrito en 1286, da además la primera referencia que se tiene de su uso común en las cartas de navegación.

Otros historiadores señalan que la primera brújula de navegación práctica fue inventada por un armero de Positano (Italia), Flavio Gioja, entre los siglos XIV y XV. Él fue quien la perfeccionó suspendiendo la aguja sobre una púa de forma similar a la que actualmente conserva. Y la encerró en una cajita con tapa de vidrio. Más tarde apareció la «rosa de los vientos», un disco con marcas de divisiones de grados y subdivisiones, que señala las 32 direcciones o rumbos celestes posibles. Fue la brújula marina que se utilizó hasta finales del siglo XIX.

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