GEOGRAFÍA - PAÍSES: Irán - 2ª parte
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Geografía

PAÍSES

Irán - 2ª parte


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Geografía humana

a población iraní se caracteriza por ser pluricultural y multiétnica, joven y con una fuerte tendencia a la urbanización y a la asimilación religiosa. Lingüísticamente se distinguen dos grandes grupos: el primero lo engloban las poblaciones de lengua iránica, una docena de pueblos entre los que destacan persas, kurdos, baluchis y diversos pueblos nómadas de los Zagros y del Caspio; el otro gran grupo lo forman 8 pueblos de lengua turco-altaica. A estos dos mayores grupos hay que sumar otras minorías, como árabes y armenios.

La mayoría de los habitantes son persas o farsis, pueblo ario, de origen indoeuropeo, que supone casi la mitad de la población total de Irán; éstos utilizan la lengua oficial: el persa o farsi. Pero son numerosas las minorías que habitan la periferia de este estado iraní, destacando, por número de habitantes (algo más de un 20 %), la población compuesta por los distintos pueblos de influencia lingüística turca u otomana (azeríes, turkmanos). También de estirpe iránica o indoeuropea destacan los kurdos que viven al NO del país, un pueblo separado políticamente, marginado, «aniquilado» por el régimen islámico impuesto tras la revolución de 1979 y con fuertes aspiraciones nacionales que la actual configuración política en los estados de Irak, Irán y Turquía les niega; representan cerca de un 10 % de la población.

De las otras muchas minorías etno-lingüísticas también destacan, con un 2,2 %, los árabes de las costas e islas del golfo Pérsico y Arábigo (pueblo de origen semítico); los baluchis ocupan el SE del país y representan también algo más del 2 % de la población. El resto de minorías son pequeños núcleos de armenios, zíngaros, georgianos, pueblos nómadas de origen afgano y paquistaní, judíos, etc. Existe también un número importante de población extranjera, esencialmente refugiados afganos.

Irán es un país con una densidad de población baja, no en balde más del 50 % de su territorio se considera improductivo y, por lo tanto, no apto para el desarrollo de asentamientos humanos. La población se concentra al pie de las montañas, así como en el curso y los estuarios de los ríos, esencialmente al O y N del país. El fuerte crecimiento de la población incluso superó el 3 % en el período de guerra. Este hecho, sumado al fuerte proceso de sedentarización y urbanización de la población en un 55 %, hace que cada vez los desequilibrios de distribución sobre el territorio de sus habitantes sea mayor. Así, en 1976 dieciséis ciudades superaban los 100 000 habitantes y tres los 500 000; en el último censo (1986) este número creció a 28 y 8 respectivamente. La población total pasó de 31,5 millones en 1976 a 49,5 millones en 1986 y a 55,5 millones a principios de los 90. 

Las mayores ciudades se concentran bajo las dos principales cadenas montañosas; se trata de espacios urbanos muy antiguos que tuvieron su época de esplendor siendo capitales de algún régimen político durante la compleja historia del país, y que en la actualidad, gracias a la industria y el petróleo, crecen rápidamente, acogiendo a gran número de nómadas, agricultores y emigrantes. Destacan, por superar ampliamente los 500 000 habitantes, Tabriz, Isfahan, Mashhad y Teherán, la capital del país, y una más entre las grandes ciudades de Asia. En ella conviven grandes y modernos barrios con extensas zonas de barracas habitadas por emigrantes kurdos y azeríes. La ciudad tuvo su esplendor con la dinastía Pahlavi; desde entonces ha crecido de manera vertiginosa, pasando de 540 000 en 1939 a 2,7 millones en 1966, 4,5 millones en 1976, y algo más de 6 millones según el último censo de 1986. El fuerte crecimiento de la población, junto con una esperanza de vida no muy alta (67 años), hacen de Irán un país joven.

La situación social media del pueblo iraní tiene todavía carácter subdesarrollado. La mortalidad infantil, que aún era del 59 ô en 1990, o el índice de analfabetismo, que afectaba en las mismas fechas a un 35 % de hombres y a nada menos que un 57 % de las mujeres, justifican el hecho de que el peso de la religión sea un hecho muy relevante en la sociedad y en la política de Irán, y particularmente tras el triunfo de la revolución islámica. La nueva censura del actual régimen refuerza el papel de la religión en la sociedad iraní (musulmana de rito chií, al contrario que los países árabes de rito sunní), convirtiendo a Irán en un «exportador» potencial del islamismo y de sus influencias político-religiosas a los países del Oriente Próximo y, tras la caída del bloque del Este, a las nuevas repúblicas del Cáucaso y de Asia Central. A pesar de ello, existen pequeños núcleos de católicos, hebreos y zoroastrianos (la antigua religión de Persia antes de la expansión del Islam en el s. VII).

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