HISTORIA Y ARTE - LA ANTIGUA GRECIA: Manifestaciones artísticas - 8ª parte
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Historia y Arte

LA ANTIGUA GRECIA

Manifestaciones artísticas - 8ª parte


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La época helenística (continuación)

Escultura

l periodo helenístico supuso para la escultura un proceso de barroquización en la búsqueda del movimiento, pero también la implantación de nuevos temas escultóricos. Interesados por los aspectos urbanos y las escenas de costumbres, los artistas de esta época realizaron cientos de obras, a veces de pequeño tamaño, que recogen momentos de la vida diaria o escenas callejeras.

Con frecuencia, estas representaciones adquieren un tono amable en el que el protagonista es la infancia. Así sucede con obras como El niño de la oca o El espinario, donde el tema es el juego o la anécdota de quitarse una espina de la planta del pie.

En otras ocasiones, el tono más realista impone cierta crueldad a la representación, como sucede en La anciana borracha, que recoge el momento en que una mujer, de avanzada edad y sentada en el suelo, se abraza a una gran jarra de vino. Estas obras, que podríamos considerar menores, le dan todo un carácter a la escultura helenística.

El aspecto efectista del movimiento, unido a la representación de la belleza, lo encontramos en la Victoria de Samotracia. Portadora de la victoria, la diosa alada desciende sobre la proa de un barco, y el viento pega a su cuerpo, adelantado y desafiante, un vestido que se retuerce una y otra vez entre las piernas, antes de quedar ondeante. Se ha mezclado aquí la técnica de los paños mojados de Fidias con el efectismo teatral y barroco del helenismo. La Victoria de Samotracia es una obra conmemorativa de una victoria naval y el periodo helenístico fue rico en este tipo de esculturas relacionadas con el mundo militar.

De esa misma temática, son varias las obras que tienen como protagonista a un bárbaro vencido; en ellas se engrandece el honor de la victoria, al representar, no al vencedor, sino al enemigo vencido, ya que la potencia y dignidad del caído nos debe hacer suponer una mayor potencia y dignidad en el vencedor. Pertenecen a este tipo de esculturas El Galo moribundo o el Galo herido (también se llaman Gálatas).

Si el periodo clásico tuvo su gran friso en la obra de Fidias para el Partenón, el periodo helenístico tiene el suyo en el Altar de Zeus en Pérgamo. Allí se esculpió el mayor friso de la antigüedad, con casi 200 metros de longitud y figuras de tamaño mayor que el natural. Esta gran obra representaba la Lucha de los dioses contra los gigantes, y se caracteriza por un patetismo retorcido y por la casi total desaparición del fondo del relieve. Esa necesidad de llenar de figuras todo el espacio, se denomina en arte "horror vacui" (horror al espacio vacío) y es de evidente tendencia barroquizante.

Los últimos tiempos del helenismo ofrecieron, en escultura, un doble panorama. Por un lado, se mantuvo la tendencia barroca, que alcanzó sus más altas cotas; y, por otro, hubo ciertas obras que parecieron regresar al clasicismo.

La mejor obra, que representa la tendencia barroca, es el grupo conocido por Laoconte y sus hijos. La representación nos ofrece un momento de la muerte de Laoconte y sus hijos, que han sido atacados por dos serpientes marinas. El tratamiento exagerado de la anatomía en el personaje central, los retorcidos cuerpos de las serpientes, las forzadas posturas y el teatral patetismo de los rostros, son los elementos más destacables.

Laoconte y sus hijos
Laoconte y sus hijos

Características similares podemos encontrar en el grupo escultórico El Toro Farnesio. En este caso, la expresividad del dolor no es tan patente, pero la gran cantidad de objetos y de adornos hacen de la obra uno de los trabajos más recargados del arte griego.

La Venus de Milo representa un cierto intento de mirar hacia el periodo clásico, aunque sin dejar de lado, por completo, las tendencias propias del helenismo. La pureza de líneas de la figura contrasta con el efectismo que supone contraponer medio cuerpo desnudo a otro medio vestido. Por otro lado, cabe señalar que, si el clasicismo llegó hasta la doble curva, se añade aquí un giro de cintura, con lo que la obra gana en movimiento, al tiempo que acentúa su carácter de escultura, por generar más puntos de vista posibles.

Pintura

No hubo novedades importantes durante este último periodo del arte griego, en lo que se refiere a la decoración de las cerámicas. Se siguieron repitiendo los modelos de los periodos anteriores. Más importante resultó la gran difusión que en esta época helenística sufrió el mosaico. Esta forma de decoración, que ya se había utilizado antes, se hizo entonces más frecuente y su importancia trascendió al mundo romano, en donde fue un elemento decorativo casi esencial.

Los primeros mosaicos se hacían con minúsculas piedras blancas, negras y ligeramente coloreadas, encontradas en playas y ríos, son los mosaicos de guijarros. Este tipo fue progresivamente sustituido por el mosaico de teselas (piedras cortadas a mano, de tamaños regulares) que es más rico en colorido.

Los más antiguos mosaicos de teselas se han encontrado en Sicilia y datan del siglo III a. de C. (en esa época Sicilia pertenecía al mundo griego) y en Delos los hay del siglo II a. de C.

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