HISTORIA Y ARTE - LA ANTIGUA GRECIA: Manifestaciones artísticas - 6ª parte
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Historia y Arte

LA ANTIGUA GRECIA

Manifestaciones artísticas - 6ª parte


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La época clásica (continuación)

Escultura

a evolución de la escultura del periodo clásico podría explicarse como la búsqueda del movimiento a través de una mayor perfección técnica. Hay también una necesidad de lograr modelos de belleza que se plasmarán en los cánones (reglas de las proporciones ideales del cuerpo humano). Debe hacerse la advertencia de que, de la escultura de la época clásica, son escasísimos los originales que han llegado a nosotros.

La mayoría de las obras conocidas son copias romanas, con frecuencia de gran calidad, de los originales griegos. La desaparición de los originales se debe, en parte, a que el material empleado por los escultores griegos fue el bronce y este metal fue refundido, sobre todo en épocas de guerra para hacer material militar, hasta dejar tan sólo media docena de originales (el Auriga, Poseidón o los Guerreros de Riace, encontrados en el mar en 1972).

En los primeros tiempos, aunque ya habían desaparecido los rígidos kuroi y koré, las figuras resultaban estáticas, aun cuando pretendían dar idea de movimiento. Así, el temprano Efebo del escultor Critias, con una pierna adelantada y la cabeza ligeramente ladeada rompía ya la ley de la frontalidad impuesta en el periodo arcaico. El Auriga de Delfos (original de bronce) que representa a un conductor de carros (pertenecía a un grupo compuesto por la cuadriga, el carro y su conductor) consigue, con un mínimo de movimiento, el del brazo que sujeta las riendas, transmitir toda la tensión de la carrera con una dignidad que nos hace olvidar lo que podría ser rigidez.

Una de las primeras obras que intenta plasmar el movimiento es el Discóbolo de Mirón pero, a pesar de la postura, aún carece de fuerza y resulta demasiado frontal, como si se tratara de un relieve del que se ha eliminado el fondo.

Fidias fue un magnífico escultor que destacó por su interés por la composición, como lo demuestran las metopas del Partenón. Plasmó la realidad con perfección y gusto por el detalle y descubrió una técnica conocida como "los paños mojados", con la que conseguía que los ropajes no ocultaran los cuerpos de quienes los llevaban porque las ropas aparecen pegadas a los cuerpos como si estuvieran mojadas.

En la búsqueda de cánones clásicos, Policleto creó en su Doríforo el ideal de proporción de la figura humana. Se trata de una representación, probablemente de Aquiles, en la que el movimiento es sutil y pretende dar vida a la imagen. El peso descansa sobre la pierna derecha, haciendo que el cuerpo se incline hacia un lado mientras la cabeza se inclina al lado contrario. Se genera así, tímidamente, una doble curva con las caderas y los hombros que da ligereza a una representación de sereno reposo. Con el paso del tiempo, el periodo clásico fue fundiendo influencias y avanzando en su búsqueda de libertad. Un buen ejemplo de ello es la Niké atándose la sandalia, procedente del templo de Atenea Niké. La figura tiene una gran naturalidad llena de movimiento en ese acto de ir a atarse la sandalia.

Otro gran escultor de la época clásica fue Praxíteles. Su obra Hermes con Dionisos niño introduce nuevos elementos, que anuncian la época siguiente, el Helenismo. Praxíteles puso en relación las dos figuras a través de una mirada que parece aislarlas del entorno y en el Hermes acentuó al máximo la doble curva generada al cargar el peso del cuerpo en una sola pierna. Esta postura, que utilizó con frecuencia queda perfectamente plasmada en su Apolo del lagarto, en la que un joven Apolo contempla el lagarto que sube por el árbol en el que está apoyado.

Apoxiomeno
Apoxiomeno

El último gran escultor del periodo clásico fue Lisipo y su obra se caracterizó por un cierto realismo alejado ya del idealismo precedente. Por esa razón, la cabeza que Lisipo esculpió representando a Sócrates, es un auténtico retrato en el que la fealdad del filósofo no ha sido idealizada.

Otra de sus obras más conocida es el Apoxiomeno; y en ella, la tendencia realista se pone de manifiesto en el momento que Lisipo eligió para representar a un campeón olímpico; no era en el momento de triunfo (idealismo), sino el instante en el que el campeón se limpiaba el aceite que los luchadores se daban por todo el cuerpo antes del combate. Esta actividad, poco importante, anunciaba la cultura helenística, que fue muy partidaria de la representación de la vida cotidiana y sus quehaceres.

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