FILATELIA: 150 ANIVERSARIO DEL PRIMER SELLO HÚNGARO

El 25 de agosto de 2017 se ponía a la venta una nueva emisión conjunta entre las administraciones postales de Viena y Budapest. En la capital húngara sería una hojita bloque con dos faciales de 120 y 450 Ft (60.000 ejemplares de tirada). El primer efecto corresponde a la tarifa básica nacional hasta 30 gramos de peso; el segundo sirve para las cartas certificadas. Si se franquea con la hojita entera el valor cubre hasta los 50 gramos a cualquier punto de Europa. El diseño fue obra de Anita Kern [Attilla Elekes se encargó del sobre y el matasellos de primer día].

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El año 1867 marca el inicio del uso del sello en Hungría, se fraguó tras una pasiva resistencia que vivió el país tras la denominada Guerra de Independencia de 1848. En cierta medida tuvo efectos devastadores para el Imperio de los Habsburgo. Ese año se restauraba el estado húngaro y el Emperador Francisco José gobernaría entre 1849 y 1916. El año del primer sello húngaro, 1867, fue en el que se llegó al acuerdo con la monarquía austriaca para montar la peculiar dualidad imperial. El hecho quedó plasmado en un compromiso que redactó el jurista Deák y las capitales fueron Viena y  Budapest.

Desde ese preciso momento y bajo la dirección de Gyula Andrássy [sería elegido primer presidente del Consejo Húngaro 1867-1871 y Ministro de Asuntos Exteriores 1871-1879] el país inició una etapa de gran desarrollo. En 1873 se unían los tres distritos de Buda, Obuda y Pest que compactaron el territorio capitalino. No hay que perder de vista que durante el período imperial, Francisco José fue uno de los monarcas más longevos de la historia de las monarquías: 68 años. Todo ello acabó significando una infinidad de cambios, pérdidas y penas [recordemos la llorada muerte de Sissi, inútil y casual, a manos del anarquista italiano Luigi Luccheni el 10 de septiembre de 1898, justo delante del ginebrino Hotel de la Paz: de ese luctuoso hecho arranca una etapa de incertidumbre que, en poco menos de dos décadas, el continente acaba protagonizando la I Guerra Mundial].

De acuerdo con los pactos alcanzados por Andrássy, los servicios postales se separaban y Hungría tomó, entre otras medidas, la decisión de imprimir sus propios signos postales, aunque las autoridades chocaron con un problema técnico: no tenían la maquinaria para su impresión, así que los sellos se harían en la Imprenta Estatal de Viena y el 1 de junio de 1867 comenzaron a circular los efectos con el perfil del emperador y faciales de 2-3-5-10 y 15 krajcár; los de 25 y 50 llegarían al público magiar el 1 de septiembre siguiente.

Se dio la paradoja que, tanto Viena como Budapest, utilizarían los mismos diseños, así que el debate estaba servido y, a veces, circulaban indistintamente por los servicios postales de ambos países. Así que para detectar que en realidad eran genuinamente sellos húngaros debía de comprobarse el origen de la carta [que no siempre era el que indicaba el matasellos] y sólo los que aparecen en pliegos completos y están cancelados en el servicio postal contrario tienen un plus añadido, por eso suelen alcanzar buenas cifras en las subastas en que logra aparecer alguna pieza que ha quedado olvidada por archivos de Castillos y Palacios de la región. Más o menos como cuando España tenía sus colonias africanas, muchas veces la gente que tenía sellos de esos territorios simplemente los colocaba en las cartas y a circular –entonces era frecuente que los soldados recibieran sellos dentro de las cartas para aligerar su economía y tratar de obtener respuesta, también era usual incluir algún billete y recuerdo cómo en mi pueblo se preferían sobres de luto y con papel oscuro interior para evitar transparencias-. Hoy ese hecho, en España, ocasionalmente ocurre con los sellos de Andorra: las máquinas automatizadas no leen el nombre, sino que buscan el sello para cancelarlo. ¡Cuando lo matasellan pues hoy son escasos los pliegos que llegan franqueados!

Los efectos de esa primigenia serie estuvieron en uso hasta 1871 cuando aparecería el primer timbre genuinamente húngaro. Los dos tipos que han sido escogidos para la hojita del 150 aniversario y que corresponden a los faciales de 5 y 50 krajcár. La decoración de la pieza se ha tomado como ejemplo el primer valor que también sirvió para el matasellos especial. La emisión se complementó con una tarjeta conmemorativa (vendida a 2400 florines) con textos explicativos en alemán y húngaro.

 

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JUAN FRANCO CRESPO

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