Filatelia polar práctica – 2ª parte

     En la historia de las exploraciones polares, la búsqueda del Pasaje del Noroeste fue una aventura permanente durante todo el siglo XIX. Al iniciarse el siglo, en contraste con Eurasia, la mayor parte de la zona norte del continente americano era totalmente desconocida para el hombre blanco.

     Algunos balleneros se habían adentrado en los brazos de mar que separan Groenlandia de Canadá; sabían de los peligros y dificultades que les acechaban a todos los que se adentraban por aquellos gélidos territorios que permanecían inexplorados y la mayor parte del tiempo cubiertos por el hielo. Sin embargo, por la otra parte, desde Alaska, se habían hecho algunas expediciones para extender los dominios zaristas [luego el territorio sería vendido a los Estados Unidos] y algunas naciones europeas trataban de realizar expediciones que permitieran descubrir el misterioso pasaje que se resistía a los navíos de la época.

     Hasta la expedición de Sir John Franklin en 1845, una treintena de navíos habían fracasado, se quedaron atrapados en los hielos o simplemente naufragaron en la región. Se tardaron varios años en poder cartografiarla y sólo se consiguió tener una cartografía fiable a mediados de los sesenta. El primer navío que realizó aquella histórica misión fue el Gjöa, comandado por Roald Amundsen, éste empleó tres largos años en completar su expedición (1903-07) y llegar al otro lado de América por la región norte.

     El intrépido explorador polar volvería a la zona con el navío Maud [la soberana noruega tenía este nombre y en la Antártida el sector noruego se denomina, precisamente, Territorio de la Reina Maud] en otra épica expedición exploratoria realizada entre 1918-1923. El intrépido explorador intentaba ahora realizar el viaje desde una posición situada más al Este, pero las dificultades no tardaron en aparecer, entre ellas también estaban las económicas. Sin embargo, aquél viaje sería completado por el Maud y se convirtió en el cuarto en la historia de la navegación que conectó ambas orillas del norteño territorio, pero también se dejaron de lado una serie de objetivos y el navío tuvo que ser embargado. Por supuesto, Amundsen continuaría en las expediciones polares y en 1925 realizará otra misión con aviones, pero esta sería ya otra historia.

     El navío noruego quedó grabado en la tradición oral inuit y es hoy parte consustancial de la historia de estos territorios y del particular capítulo de exploraciones árticas y, hoy, su figura está siendo inmortalizada en la escasa correspondencia que parte desde la gélida ciudad de Cambridge Bay [Nunavut*-Canadá] tiene carácter de matasellos permanente. (*) Un artículo sobre el territorio de Nunavut fue publicado en Crónica Filatélica nº 184/2001, página 10, dentro de la serie Mundo Insólito.

     Dicho matasellos nos ofrece la figura del navío mirando hacia el Este, su nombre aparece debajo de la fecha y la bandera noruega completa esta preciosa marca ilustrada de uso permanente en la oficina del correo canadiense. Comenzó a utilizarse, si nuestras fuentes no nos fallan, a finales del 2001. Los posibles aficionados que deseen incorporar este matasellos polar a sus colecciones pueden intentarlo escribiendo una nota en inglés y enviando tantos IRC (Cupones de Respuesta que se compran en Correos) como piezas deseen cancelar, al contrario que las peticiones que se realizan a las expediciones, al ser una oficina de correos permanente, no hay límite para el número de piezas a cancelar.

     El sobre colector debe dirigirse a Postes Canada, Attention Head Postmaster, Central Post Office, Request the pictorial postmark with the ship "MAUD", Cambridge Bay, Nunavut X0E 0C0 (Canadá).

CARL BEN EIELSON

     Como estábamos con el Gran Norte decidimos recuperar una vieja información que completa nuestra anterior referencia a este intrépido piloto postal (véase Correo Polar nº 13, página 18). Esta información la descubrimos, una vez más, en los célebres libros de Time/Life, en esta ocasión en el ejemplar número 29 de la colección Grandes Épocas de la Aviación: Pilotos en tierras agrestes. 

     El piloto protagonista de nuestro relato desapareció, junto a su mecánico, en noviembre de 1929 en la costa de Siberia y fueron protagonistas de una de las expediciones de rescate más largas y frustrantes de la historia de la aviación en el Ártico. La pareja de intrépidos voladores desapareció cuando intentaban recoger el cargamento de pieles de la goleta "Nanuk" que había quedado atrapada en los hielos. Los vientos reinantes tenían categoría de galerna y reinaban los 40º grados bajo cero. Estas circunstancias climatológicas obligaron a permanecer en tierra a media docena de aviones norteamericanos, canadienses y soviéticos que participaban en las tareas de rescate.

     A mediados de diciembre dos aviones pilotados por los norteamericanos Joe Crosson y Harold Gillan, llegaron hasta el "Nanuk" y establecieron la base de rescate, el tiempo reinante era tan duro que ambos pilotos sólo pudieron levantar el vuelo en ocho ocasiones durante cinco semanas. Peinaron el territorio unos cien kilómetros al este del navío siguiendo las referencias que les habían facilitado los inuits que informaron haberlo visto sobrevolando la región Justo cuando regresaban a Alaska en busca de gasolina [habían consumido todo el combustible que había en el barco] Crosson divisaba un punto negro sobre la nieve ártica, aterrizaron y descubrieron, aplastada, la cabina del avión, sin embargo no había ni rastro de los tripulantes.

     Al día siguiente cambió el tiempo y permitió que otros aviones llegaran hasta el Nanuk, desde allí partieron más aeroplanos y hombres hasta el lugar del accidente. Durante 22 días estuvieron buscando alrededor de los restos del avión. El 16 de febrero, más de tres meses después de la desaparición, un grupo de Chukchi siberianos informó del descubrimiento de un cuerpo congelado: Vorland había sido encontrado; dos días más tarde encontraban a Eielson a 40 metros de los restos del aparato. Ambos aviadores murieron instantáneamente al impactar el avión contra el hielo y el golpe les catapultó fuera del habitáculo del aparato.

     Lo peor de la historia es que el accidente fue algo en cierto sentido premonitorio. Dos personajes impulsivos, luchadores, se cruzaron en esas difíciles rutas: Frank Dorbandt y Eielson, ambos fueron obligados a aterrizar en Teller [130 kilómetros al norte de Nome] debido a las dificultades meteorológicas del momento y esperaban que mejorasen las condiciones para reemprender el viaje. Una oscura mañana, el 9 de noviembre de 1929, el impulsivo Dorbandt, enfadado por el retraso del vuelo, despegaba. Eielson, en contra de sus principios, le siguió, al encontrar fuertes vientos y espesas nieblas en el estrecho de Bering, Dorbandt lograba regresar al punto de partida: Eielson y Vorland desaparecieron.

     Y de esta manera completamos aquel trabajo que preparamos sobre la pieza de marcofilia polar que honró a uno de los grandes exploradores aéreos de la región Ártica, pero recordemos también que participó en la aventura Antártica, fue un 20 de diciembre de 1928 cuando Eielson despegaba desde la pista de la isla Decepción con su Lockheed Vega "San Francisco", en aquella etapa voló 2100 kilómetros a lo largo de la península Antártica y alcanzó los 71º 20’S. Ese mismo año había logrado, junto al explorador Hubert Wilkins, convertirse en el primer hombre que cruzaba el Océano Glaciar Ártico uniendo Point Barrow (Alaska) con las islas de Spitsbergen (Noruega).

JUAN FRANCO CRESPO
lacandon999@gmail.com

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