ANATOMÍA HUMANA - NUTRICIÓN Y DIETÉTICA: Los minerales inorgánicos - 1ª parte
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Anatomía humana

NUTRICIÓN Y DIETÉTICA

Los minerales inorgánicos - 1ª parte

Fuente: "Manual de nutrición" (Ángeles Carbajal)


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Introducción

os minerales inorgánicos son nutrientes que cumplen funciones estructurales en el organismo, como la reconstrucción de tejidos, interviniendo también en otros variados procesos enzimáticos, en la contracción muscular, la coagulación sanguínea, reacciones del sistema nervioso, etc. Para el correcto funcionamiento del organismo, deben ser ingeridos a través de la dieta diaria.

A diferencia de las vitaminas que pueden ser fácilmente destruidas, los minerales son elementos inorgánicos que siempre mantienen su estructura química. El hierro, por ejemplo, puede combinarse temporalmente con otros elementos formando sales, pero sigue siendo hierro. Los minerales no son destruidos o alterados por el calor, el oxígeno o los ácidos, únicamente pueden perderse por lixiviación (en el agua de lavado y cocción de los alimentos, cuando ésta no se consume). Por ello, a diferencia de las vitaminas, no requieren un cuidado especial cuando los alimentos que los contienen se someten a procesos culinarios.

Algunos minerales como el potasio pasan fácilmente a la sangre, en la que circulan libremente y se eliminan por los riñones. Otros, como el calcio, necesitan transportadores para ser absorbidos y circular por la sangre. Igual que las vitaminas liposolubles, los minerales ingeridos en exceso pueden ser tóxicos.

Su biodisponibilidad -es decir, la medida en la que un nutriente es absorbido y utilizado- es variable y depende de numerosos factores. Por ejemplo, hay alimentos que contienen sustancias que son capaces de unirse a algunos minerales formando compuestos complejos que el organismo no puede absorber, reduciendo significativamente su disponibilidad. Este es el caso del ácido fítico que se encuentra principalmente en los cereales o del ácido oxálico de las espinacas, por ejemplo.

Los minerales, como las vitaminas, no suministran energía al organismo pero tienen importantes funciones reguladoras además de su función plástica al formar parte de la estructura de muchos tejidos. Son constituyentes de huesos y dientes (calcio, fósforo y magnesio), controlan la composición de los líquidos extracelulares (sodio, cloro) e intracelulares (potasio, magnesio y fósforo) y forman parte de enzimas y otras proteínas que intervienen en el metabolismo, como las necesarias para la producción y utilización de la energía (hierro, cinc, fósforo).

Se han descrito aproximadamente 20 minerales esenciales para el hombre. Según las cantidades en que sean necesarios y se encuentren en los tejidos corporales se distinguen dos grandes grupos:
  • Macroelementos minerales o Macrominerales: calcio, fósforo, magnesio, sodio o potasio, cloro, azufre.
  • Microelementos minerales o Microminerales (elementos traza): se encuentran en muy pequeñas cantidades: hierro, cinc, yodo, selenio, flúor, manganeso, selenio, cromo, cobre o molibdeno.

Macroelementos

Calcio

Es el mineral más abundante en el organismo, formando parte de huesos y dientes principalmente, que contienen el 99.9% de todo el calcio del cuerpo.

El calcio es un elemento básico en la formación de huesos y dientes. Se encuentra principalmente en la leche y sus derivados
El calcio es un elemento básico en la formación de huesos y dientes. Se encuentra principalmente en la leche y sus derivados

En los huesos tiene dos funciones: forma parte de su estructura y es una reserva de calcio para mantener una adecuada concentración en sangre (incluso cuando hay una deficiencia en la ingesta de calcio, la cantidad en sangre es constante, pero a expensas del hueso). Hay que destacar su importante papel en el crecimiento y en la formación del tejido óseo durante los primeros años de vida y minimizando la pérdida de tejido óseo en las personas mayores, previniendo la osteoporosis. Pero también interviene en la función inmunitaria, en la contracción y relajación muscular, en la función nerviosa y en la regulación de la permeabilidad de las membranas, de la presión arterial y de la coagulación sanguínea.
Osteoporosis: Atrofia ósea debida a la escasez de calcificación. El hueso, en este estado, se vuelve frágil y quebradizo. Se debe a múltiples causas y aparece de modo fisiológico en los ancianos
La carencia de calcio en el organismo da lugar a raquitismo y osteoporosis.

Cuando existe esa ausencia de calcio, los tejidos y la sangre pueden reabsorber el que está alojado en los huesos, que es el lugar donde se almacena casi en su totalidad. La osteoporosis, por ejemplo, que es una extrema fragilidad de los huesos, aunque puede deberse a variadas causas, una de las principales es la escasez de calcio en el organismo, el cual recurre a los huesos como fuente para suplir sus necesidades, dejándolos frágiles y propensos a romperse o quebrarse; este caso se da con más frecuencia en las personas ancianas. Se recomienda que la dieta aporte unos 1000-1500 mg/día. 

Las principales fuentes de calcio de la dieta son la leche y sus derivados. Los pescados pequeños, como las sardinas enlatadas o los boquerones fritos, cuando se consumen enteros, algunas hortalizas y leguminosas y los alimentos fortificados contienen también cantidades apreciables de este mineral.

En España la ingesta media de calcio es de 849 mg/día, de la que el mayor porcentaje procede del grupo de lácteos (66%) cuyo consumo es de unos 375 g/día (principalmente leche líquida, 338 g). En algunas zonas, la ingesta de aguas "duras" con un alto contenido de calcio, también puede contribuir significativamente al aporte total.

El exceso de calcio durante un tiempo prolongado puede producir estreñimiento, aumentar el riesgo de formación de cálculos renales y alteraciones renales e interferir en la absorción de otros minerales como hierro y cinc. Las ingestas altas sólo pueden producirse a través del consumo de suplementos.

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