LITERATURA PROSISTA - LA LITERATURA EN EL SIGLO XVII: La prosa no novelesca - 2ª parte
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Literatura prosista

LA LITERATURA EN EL SIGLO XVII

La prosa no novelesca - 2ª parte


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Principales orientaciones prosistas (continuación)

Obras morales y religiosas

a literatura de tipo religioso queda marcada por el ejemplo de la gran obra de los místicos del siglo XVI, al que debe unirse la influencia de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Sin duda, las obras morales más relevantes (al menos desde el punto de vista de la literatura) del siglo XVII corresponden a Quevedo y Gracián. Pero hubo un buen número de escritores que compusieron obras de devoción, ascéticas o morales de desigual importancia literaria; entre ellos, se puede destacar a Fray Hortensio Félix Paravicino (1580-1623), Juan Eusebio de Nieremberg (1595-1658), Miguel de Molinos (1628-1696) o Sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665).

Fray Hortensio Félix Paravicino, uno de los autores destacados de obras de tipo moral o religiosa
Fray Hortensio Félix Paravicino, uno de los autores destacados de obras de tipo moral o religiosa

Obras filológicas

La preocupación por los estudios filológicos había sido, probablemente, la base más destacada del humanismo renacentista. Y al estudio de los textos y de las lenguas clásicas habían dedicado sus esfuerzos muchos humanistas de toda Europa, desde Petrarca hasta Nebrija. Estos estudios sobre la filología clásica, además de descubrir buen número de textos desconocidos hasta entonces, tuvieron otro efecto: despertar el interés por las lenguas vulgares.

En el siglo XVII se publican algunas obras fundamentales para el conocimiento de la lengua castellana y se inicia el estudio de la historia literaria. Entre las primeras, hay que destacar el diccionario de intención etimológica Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias (1539-1613) y el Vocabulario de refranes de Gonzalo de Correas (1571-1631), autor también de una Gramática y de una Ortografía castellanas.

Aunque escritas en latín, las obras de Nicolás Antonio (1617-1684) deben citarse por suponer una brillante iniciación de los estudios de historia literaria: en 1672 apareció su Bibliotheca hispana nova, y en 1696, la Bibliotheca hispana vetus. En castellano aparecieron numerosas obras sobre métrica, crítica y estudios literarios; conocidas e influyentes fueron las Cartas filológicas de Francisco Cascales (1564-1642).

Obras históricas

El interés por la historia no se interrumpió entre los dos siglos. En 1601 apareció la versión castellana de la Historia general de España, del Padre Mariana, que fue la síntesis de historia de España más leída y publicada en el siglo XVII (y también en el XVIII y comienzos del XIX). Juan de Mariana (1536-1624), miembro de la Compañía de Jesús y profesor durante un tiempo en la Universidad de París, publicó la obra primero en latín (1592: Historias de rebus Hispaniae), cuya traducción castellana realizó él mismo. El periodo histórico tratado va desde los orígenes hasta 1516. A pesar de su escaso valor científico (con la inclusión de leyendas y otros materiales no históricos), la obra del Padre Mariana tuvo vigencia durante unos dos siglos y medio, debido en gran medida a su sencillez y a la gran claridad en la exposición.

Por lo demás, las obras históricas escritas en el siglo barroco adoptan la forma, ya tradicional, de crónicas de los diferentes reinados, relatos de guerra o anales. Igualmente prosigue la historiografía sobre los territorios conquistados y colonizados en América; en este campo se producen algunas obras de interés, como los Comentarios reales (1609) del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) sobre Perú, o la Historia de la conquista de México (1684) de Antonio de Solís y Rivadeneyra (1610-1686).

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