Historia militar: La Gran Alianza y la Guerra Fría

“La paz más desventajosa
es mejor que la guerra más justa”
Erasmo de Rotterdam

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, la Gran Alianza de las potencias occidentales y la Unión Soviética duró muy poco tiempo. El embrión de la tensión ya se dio mismo durante el conflicto, en que ambas partes cooperaban para derrotar el bando fascista. Sus modelos sociopolíticos, totalmente distintos, por no decir diametralmente opuestos, constituirían un obstáculo de difícil salvación, y se acrecentaría al concluir la Guerra, cuando ya la necesidad de la Alianza se difuminase. Alemania sería el caballo de batalla, tras decidir los aliados occidentales que ese país debía ser ocupado, aunque fuese por largo tiempo, para impedir la reproducción de fenómenos políticos que amenazasen la paz.

Alemania fue dividida en cuatro zonas: la soviética, la británica, la estadounidense y la francesa. Esa división incluía también la ciudad de Berlín, la cual se encontraba físicamente dentro de la zona gestionada por los soviéticos. En un principio se pensó en crear varias Alemanias, pero se acordó finalmente mantener la unión en la conferencia de Postdam y nombrar una comisión de control. Pero, la URSS pretendía imponer el sistema propio a las zonas de su influencia en la Alemania ocupada por sus fuerzas, lo que en la práctica significaba una escisión del país, pues las zonas ocupadas por los aliados occidentales seguían también su propio criterio político, social y económico. Los modelos eran contrapuestos, y eso significaba diferencias notables que influirían a la larga en la evolución y desarrollo de las poblaciones administradas.

El año 1947 marcó un giro decisivo en la situación política internacional. El rearme de los Estados Unidos ya marcaba su tendencia meses antes, en que se paralizó la desmovilización. El 12 de marzo el presidente Truman manifestó su intención de oponerse rotundamente y por cualquier medio al avance del comunismo, tras advertir el movimiento guerrillero en Grecia.

El Plan Marshall tuvo una buena acogida en Europa, y así EEUU pudo poner en práctica el alineamiento económico y político de las naciones europeas, haciendo que Stalin perdiera las esperanzas de que surgieran contradicciones entre Europa y América, que favorecieran una brecha por la que ir introduciendo su modelo a los países del entorno.

La consecuencia de estas políticas, fue la caída rápida de las coaliciones de gobierno creadas tras la finalización de la Guerra en los países del Este, formadas por aliados occidentales y soviéticos. Los comunistas se hicieron con el poder, y alinearon a los países que controlaban dentro del llamado Kominform, una organización que agrupaba a todos los partidos comunistas de países de la Europa Oriental y de la propia URSS. El papel de este órgano era mantener un estricta observación de la línea soviética. Y así, en la Europa Occidental los comunistas desaparecieron de los gobiernos por exclusión.

En 1948 seis países: EEUU, Gran Bretaña, Francia, Bélgica y Luxemburgo, celebraron una conferencia para propiciar un gobierno unificado de la Alemania ocupada por sus fuerzas. Esto significó un paso más hacia la división del país entre occidentales y soviéticos. De forma paralela creció la tensión en Berlín, en la cual se encontraban más de 6000 soldados de los citados países, pero aislados físicamente por una franja de casi 200 km. del resto de territorios que dominaban. Es decir, éstos necesitaban pasar por las zonas que controlaban los soviéticos para recibir los suministros y material.

La situación preocupaba seriamente a los mandos occidentales, y no tardaría en crearse una situación límite que daría lugar al llamado “bloqueo de Berlín”, y que abordaremos en próximos números.

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