ANTÁRTIDA - ECOLOGÍA: La CBI y las actividades balleneras - 2ª parte
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Antártida

ECOLOGÍA

La CBI y las actividades balleneras - 2ª parte


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letra capitular En 1972 las Naciones Unidas propusieron a la CBI establecer una moratoria de 10 años en la caza comercial de ballenas pero fue rechazada. No obstante, intentaron mejorar la gestión mediante el establecimiento de cuotas regionales sobre especies, abandonando definitivamente la "Unidad Ballena Azul", que ya se propusiera una década antes. Un sistema internacional de observadores fue introducido para la supervisión de la caza pelágica, pero su eficacia quedó en entredicho ya que la URSS y Japón, países con potenciales intereses en la industria ballenera, intercambiaron observadores por su propia conveniencia; de hecho, al año siguiente (1973) la URSS y Japón superaron en 3.000 ballenas cada uno las cuotas que tenían asignadas.

En 1976 la CBI estableció un nuevo sistema de gestión (NMP), creando cuotas para áreas más pequeñas de las utilizadas hasta entonces, y protegiendo algunas especies en algunas zonas concretas; sin embargo fue imposible aplicar adecuadamente este nuevo sistema, ya que se carecía de la información necesaria para llevarlo a cabo, finalizando en un fracaso absoluto. Por estas fechas comienzan a alzarse voces internacionales. Instituciones conservacionistas como Greenpeace que ya venían realizando actos de concienciación, realizan una serie de actividades más llamativas y beligerantes en ocasiones con los buques balleneros. Algunos países cedieron, así en 1978 Australia decidió clausurar su última estación ballenera considerando indefendible la caza de la ballena. Pero otros países no pertenecientes a la CBI, de la que no se libra España, acompañada por Chile, Perú, Portugal, Taiwán o Sudáfrica, continuaron realizando capturas muy desproporcionadas a sus propias necesidades, influenciadas por las demandas del mercado japonés; esto supone que las cuotas establecidas sean insignificantes y carentes de valor a la hora de gestionar la caza de ballenas. Al mismo tiempo, las cazas furtivas de todo tipo de ballenas sin tener en cuenta especie, tamaño, sexo o área. se dispara ante la falta de un verdadero control.

Hasta 1986 la actividad ballenera legal o ilegal se sustentó: la primera en una legislación que no podía controlar con eficacia sus propias decisiones, y la segunda en la imposibilidad de aplicar medidas legales a infractores cuyo buques solían llevar en ocasiones banderas de conveniencia para eludirlas. Fue entonces cuando entró en vigor una moratoria que ya fuera aprobada el 24 de julio de 1982 en Brioghton, por la cual se establecían 5 años de paralización comercial de la caza de ballenas, aunque Japón, Noruega y Rusia presentaron objeciones y mantuvieron la caza. Por su parte, Islandia y Corea del Sur suscribieron el documento, pero camuflaron el mantenimiento de las capturas mediante una argucia legal que llamaron "caza científica". Asimismo, en esta época Japón inició un programa de "caza científica" de Rorcuales Aliblancos en la Antártida, y Rusia continuó la caza comercial en ese continente durante dos años más (hasta 1988), pero después de haber capturado más de 6.000 Rorcuales Aliblancos.

En 1991 la CBI decide prorrogar la moratoria de 1986 durante otro año, pero en 1992 se establece como indefinida. A pesar de las resoluciones adoptadas, la autoridad de la CBI es minada continuamente durante los años siguientes por países pequeños del Caribe, aliados a las potencias balleneras como Japón o Noruega; éste último creó en 1992 la "Comisión del Atlántico Norte para los Mamíferos Marinos (NAMMCO)" para la gestión de ballenas y focas, precisamente para imponerse a la CBI y contrarrestar su autoridad.

En 1994 la Antártida empieza a tener vestigios de poder llegar a convertirse en una "verdadera" reserva natural para la ciencia, ya que la CBI influenciada por los miembros del Tratado Antártico establece la creación de un santuario de ballenas en ese continente. A pesar de todo, increíblemente, ciertos países siguen empeñados en mantener la caza camuflándola como "científica", y así en 1996/97 la flota japonesa realizó capturas en el área VI de la Antártida violando el santuario recién creado. Análisis de ADN de ballenas comercializadas en Japón y Corea del Sur, detectaron que no procedían únicamente de la "caza científica" de Rorcuales Aliblancos, sino también de Rorcuales Comunes, Yubartas y otras especies.

La Antártida terminará siendo probablemente un "verdadero" santuario para las ballenas, pero en los océanos del resto del planeta no existe expectativas de que llegue a ser un lugar seguro para estos hermosos mamíferos, dadas las presiones de países poderosos e influyentes con grandes demandas internas y asentada industria ballenera, que pueden dirigir en muchas ocasiones hacia su interés las resoluciones de los organismos encargados de su protección o control, o en todo caso debilitarlos en sus actuaciones.

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