ACTIVIDADES ECOLÓGICAS - CONVIVENCIAS: Convivir con las abejas - 2ª parte
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Convivir con las abejas - 2ª parte


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Defendernos de las abejas conociendo sus costumbres (continuación)

as abejas buscan para posarse los puntos que despiden o conservan el calor, accidentalmente pueden encontrarlo en los pliegues profundos de una falda o determinadas partes de nuestro cuerpo. Si tenemos la mala suerte de que una abeja se enrede en nuestro pelo, no debemos intentar ahuyentarla violentamente con nuestras manos. Lo primero que pensara la abeja es que ha quedado atrapada en una tela de araña; nuestros movimientos pueden incrementar su nerviosismo y conseguir que termine picándonos en el cuero cabelludo. Lo más adecuado es tomar un peine ancho y arrastrarla suavemente hasta que se libere.

Abeja, picadura
Si una abeja decide posarse sobre alguna parte de nuestro cuerpo debemos conservar la calma y evitar movimientos bruscos

Puede ocurrir que una abeja se pose en alguna parte de nuestro cuerpo y detrás venga todo un enjambre. Cuando el enjambre encuentra un asidero quizá no repare en su naturaleza, y unos cuantos cientos de abejas pretendan tomarnos en grupo como un punto de apoyo. En un caso así la reacción de cualquier persona sería de pavor ante la creencia de que está siendo atacado, pero sabiendo que no es tal podremos enfrentarnos a la situación y salir airosos. La primera regla, aunque cueste trabajo llevarla a cabo, es mantener la calma a toda costa evitando realizar ningún tipo de movimiento brusco que pueda ser mal interpretado por el enjambre; debemos saber que las múltiples picaduras de abeja podrían ser mortales.

Si conservamos la sangre fría las abejas no repararan en nosotros, simplemente se irán asiendo a nuestro cuerpo formando una masa numerosa. Si no abandonan voluntariamente les podemos ofrecer algo apetitoso para que lo hagan; para ello podemos mojar en miel cualquier utensilio de cocina, como una cuchara de madera, y siempre con movimientos suaves acercarla al enjambre; la abejas se irán posando en la miel porque les encanta y nos dejarán en paz. Si no disponemos de miel siempre podemos utilizar azúcar disuelto en un poco de agua a modo de almíbar.

Otro método que puede dar resultado es hacer fuego con leña y añadirle encima alguna rama verde para que despida humo, a continuación tomamos aliento para no respirarlo y exponemos nuestro cuerpo al humo; con seguridad las abejas huirán en busca de un lugar menos molesto.

Si sufriéramos una picadura...

Aún cuando hayamos tomado todas las precauciones descritas anteriormente, si aún así sufriésemos una picadura, lo que nunca debemos hacer es restregar la zona afectada, pues romperíamos el aguijón que contiene pequeños arponcillos en sentido inverso (como los de un anzuelo) y el veneno se liberaría provocando la reacción. Tampoco debemos intentar extraerlo con unas pinzas, porque se rompería igualmente. La solución está en arrastrar el aguijón mediante el filo de una navaja y posteriormente aplicar amoniaco. Si se es alérgico hay que ir enseguida al médico, que probablemente nos aplicará adrenalina, antihistamínicos o corticoides.

Picadura de abeja, aguijón
Nunca debemos restregar la zona de la picadura porque podríamos romper el aguijón y liberar el veneno que contiene

En cualquier caso, las personas alérgicas deben tomar muchas precauciones cuando salgan al campo, no sólo en lo que respecta a las abejas sino también a otros insectos, pues lo que para una persona no sensibilizada se trataría de una picadura pasajera, en el caso de los alérgicos puede concluir incluso con la muerte. Como norma general, cualquier persona que sea víctima de una picadura de abeja debería consultar a un médico, pues existen zonas de nuestra epidermis que pueden presentar cuadros o manifestaciones peligrosas después de una picadura.

Hay que recordar de nuevo que en presencia de abejas no debemos realizar movimientos bruscos y violentos, manteniéndonos en calma si se aproximan mucho a nosotros. Si realizamos movimientos suaves con las manos o al andar, las abejas se acostumbran y aceptan nuestra presencia, e incluso cuando ya nos sentimos confiados es relajante observarlas como realizan su labor de recolección del polen. Cuando consigamos superar esa sensación de temor e inseguridad que supone su presencia, seremos capaces de acercarnos a ellas con naturalidad en la confianza de que podemos compartir el espacio sin sentirnos mutuamente amenazados.

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