Mitos y Leyendas - Mitología greco-latina: Dioses olímpicos: Atenea/Minerva - 1ª parte
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Mitos y Leyendas

MITOLOGÍA GRECO-LATINA

Dioses olímpicos: Atenea/Minerva - 1ª parte


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Naturaleza y hechos de Atenea

tenea (Minerva para los romanos) es una diosa de la guerra, aunque no le agrada la batalla tanto como a Ares y Eiris. Prefiere defender la ley y el arreglo de las disputas por medios pacíficos.

No porta armas en tiempo de paz, y si las necesita se las pide habitualmente a Zeus. Si no puede evitar entrar en guerra, una vez que interviene en la batalla jamás es derrotada, ni siquiera cuando lucha contra el mismo Ares, ya que posee un dominio muy superior de la táctica y la estrategia, recurriendo los capitanes prudentemente siempre a ella para obtener consejo de cómo actuar.

En los juicios criminales tiene siempre una gran misericordia, y cuando se produce un empate en los votos de los jueces otorga siempre el voto decisivo en favor de la absolución del reo.


El juicio de Paris, de Hendrick von Balen, donde se observa a Atenea,
en el centro, con el escudo, la lanza y el casco.

Atenea inventó la flauta, la trompeta, la olla de barro, el arado, el. rastrillo, el yugo para bueyes, la brida de caballo (que Poseidón se jactaba de inventar antes que ella), el carro, el barco y en consecuencia la navegación marítima. Fue la primera en enseñar la ciencia de los números y todas las artes que se consideraban femeninas, como la cocina, el tejido y el hilado.

En el plano amoroso, Atenea rechazaba siempre cualquier pretensión o requerimiento de muchos dioses, Titanes y gigantes que se habrían casado con ella de buen grado. Se cuenta una historia sucedida durante la guerra de Troya entre Atenea y Hefesto, el dios del fuego y la forja (Vulcano para los romanos): Atenea no quería pedirle prestadas las armas a Zeus ya que éste se había declarado neutral en la contienda, entonces ella pidió a Hefesto que le construyese un equipo especial para la batalla. Pero Hefesto fue víctima de una broma que le gastó Poseidón, al informarle maliciosamente que Atenea se dirigía a la fragua con el consentimiento de Zeus, y con la esperanza de que Hefesto le hiciera el amor violentamente.


Vulcano (Hefesto en la mitología griega)
forjando los rayos de Júpiter (obra de Rubens)

Hefesto no quiso que Atenea le pagara y tímidamente le dijo que le haría el trabajo por amor; ella no sospechó el significado de esas palabras, y al entrar en la fragua para observar como Hefesto trabajaba el metal, él --que no solía comportarse groseramente-- influenciado por la supuesta predisposición de Atenea hacia sus deseos, se volvió de pronto y trató de violarla. Atenea se apartó precipitadamente y Hefesto eyaculó sobre su muslo. Ella limpió entonces el semen con una lana y lo arrojó después con asco, cayendo al suelo en las cercanías de Atenas y fertilizando a la Madre Tierra que se encontraba allí de visita de forma accidental.

Fuentes: Robert Graves, Los Mitos Griegos; Isaac Asimov, Las palabras y los mitos; René Ménard, Mitología Greco-latina.

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