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Las algas




e puede asegurar que en el mundo occidental apenas se comen algas, aunque en algunas zonas costeras del norte de Escocia y de Irlanda se haga. Nuestro interés por las algas es puramente industrial, ya que forma la materia prima para la obtención de geles como el agar-agar, los alginatos, carragenatos, etc., que tienen un amplísimo uso en la vida moderna (fotografía, cosmética, gelificación y conservación de alimentos, bacteriología).

Las algas que se comen en Japón son nori (porphyra), konbu (laminaria), wakame (undaria), ogonori (graciliaria), hitoegusa (monstroma), ao-nori (enteromorpha) y algunas otras. De éstas sólo se cultivan las tres primeras. El cultivo de algas es, en términos económicos, la sexta actividad de la marcultura. El cultivo de nori representa la mayor producción dentro de los cultivos marinos japoneses, con un valor superior a 500 millones de dólares. La producción mundial de algas sobrepasa los 2 billones de dólares y, aun así, la demanda no queda satisfecha.

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A continuación se expone el cultivo de algas conforme a técnicas japonesas.

Porphyra

El talo de porphyra crece de noviembre a abril; después disminuye de tamaño, e incluso puede llegar a desaparecer a fines de julio. Mientras tanto algunas plantas emiten a fines de otoño células femeninas (carpogonia) y otras liberan células espermáticas. En el agua se produce la unión sexual entre ambas y cada carpogonia se divide para formar cuatro carposporas. Estas son arrastradas por las corrientes y acaban por hundirse y fijarse en conchas de moluscos donde germinan, dando lugar a unos filamentos microscópicos que se designan por conchocelis rosa. Antes se creía que estos filamentos eran un alga sin relación alguna con la porphyra, hoy, en cambio, sabemos que únicamente representan una fase de su ciclo vital, la fase conchocelis. En este estado continúan su crecimiento con apariencia de incrustaciones rojo-oscuras sobre el nácar de las conchas, y en otoño comienzan a emitir monosporas (conchosporas), que, una vez fijadas, empiezan a formar el talo de la macroalga porphyra.

Antes de conocerse el ciclo vital completo de la porphyra, que fue descubierto en 1949 por el botánico K. M. Drew, se limitaba el cultivo de esta alga a situar colectores de red, bambú o ramas de árbol en el agua para captar conchosporas. Las modernas técnicas, por el contrario, recolectan las carposporas. A tal fin se introducen en estanques trozos de talo de porphyra a principios de primavera. Tras la emisión de carpogonia y espermatozoos y su fusión sexual, se fijan las carposporas sobre conchas de ostras colocadas en el fondo de los depósitos. Las conchocelis así formadas se mantienen en los estanques, favoreciendo su cultivo por temperatura constante de unos 27° C. y por iluminación artificial. A medida que crece la planta se va disminuyendo la salinidad del agua. Al producirse la emisión de monosporas y con objeto de su fijación se introducen redes (movidas por diversos procedimientos) en los depósitos, que posteriormente se montan en el mar para terminar el desarrollo de la macroalga. La colocación de las redes en la mar suele ser vertical, a modo de telones paralelos, con lo que en reducida extensión superficial se logran grandes superficies de cultivo.

Laminaria

La planta se forma inicialmente partiendo del cigoto, que es una sola célula que se va dividiendo en creciente número de células (esporofito) hasta crear la macroalga. Esta, en un momento determinado, emite esporas (zoosporas) que, a las pocas horas, germinan en gametofitos que a su vez producen los gametos, o sea, células sexuales machos y hembras. Al cabo de cierto tiempo de crecimiento y desarrollo los gametofitos expulsan espermatozoides y oosferas (óvulos de las plantas), que al unirse dan lugar a que se formen los cigotos, con lo que comienza la vida de una nueva planta. Así pues, la laminaria, como las otras algas, tiene dos ciclos de vida, uno asexual (esporofito) y otro sexual (gametofito).

Para el cultivo de laminaria se colocan talos de este alga en cestas abiertas y se cubren con tela de saco. Durante unas cinco horas se mantienen a unos 18° C. fuera del agua y en oscuridad. Al introducir a continuación los talos en depósitos con agua se rompe su cubierta exterior, parcialmente deshidratada, y se liberan las zoosporas a los pocos minutos.

Para facilitar la reproducción de los gametofitos se precisa oscuridad, pues de lo contrario los espermatozoos no acuden a los óvulos. Pero en cambio, antes de producirse la emisión de gametos y después de la creación del cigoto, se necesita cierta cantidad de luz, ya que se trata de una planta.

Una vez logradas las plántulas se introducen sus radículas (raíces de las algas que sólo sirven para sujeción) entre las betas de una cuerda para pasarlas a la zona de cultivo final. Estas cuerdas se ponen por distintos procedimientos en sentido horizontal, intercalando entre ellas unos suministradores de fertilizante (sacos, latas perforadas o sistemas más sofisticados) para aportar a las algas compuestos nitrogenados que aceleran y favorecen su crecimiento.

Undaria

La planta desarrollada es asexual (esporifito) y mientras crece durante el invierno se le forma un tejido especial (esporofilo) con zoosporas que se liberan en primavera. Tras una corta vida planctónica caen las zoosporas y se fijan a cualquier sólido, sobre el que germinan en gametofitos (microalgas sexuales). En verano se expulsan los gametos que al fusionarse dan lugar al esporifito que crece hasta planta adulta sin abandonar su fijación inicial.

El cultivo se realiza introduciendo plantas maduras en depósitos, en los que se mantienen unos bastidores con tiras de cuerdas a las que se fijan las zoosporas. Una vez logradas las plántulas (septiembre) se cortan las cuerdas en trozos para, sujetas a diversos dispositivos, continuar su cultivo en la mar, donde pueden ser recolectadas a los pocos meses (enero) para su venta.

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