La acidificación corporal.PELIGRO!!!!!!!!!!!!!

Equilibrio ácido-base y valor pH

– El nivel de ácidos y bases es una variable que siempre está pre­sente en el organismo humano y es de vital importancia para la salud que exista una proporción equilibrada entre ellos. Dicho nivel se define mediante el valor pH, es decir, mediante el pH se mide el grado de acidez o basicidad de cualquier sus­tancia.

Si se une un ácido con una base (de igual fuerza y en concen­traciones idénticas) se obtiene una solución que no reacciona de manera acida ni tampoco de manera básica: se trata de una solución neutral que contiene una sal. Esta solución química­mente neutral tiene un pH de valor 7.

Un valor pH entre 0 y 6.9 es propio de un ácido, y un valor pH entre 7 y 14 es propio de una base.

Los valores pH en el organismo varían según el órgano que ana­licemos. En el estómago predomina el medio ácido mientras que en la saliva también se registran valores básicos. La sangre es el único componente del organismo en donde el pH presen­ta siempre un valor constante de 7.4 (ligeramente básico).

El análisis del estatus ácido-base de la sangre y la orina pro­porciona información crucial para la elaboración de los diag­nósticos en la medicina clínica.

¿Cómo surge la acidez?

El proceso de digestión de las proteínas genera ácidos dentro del organismo. Para estabilizar el equilibrio ácido-base el cuer­po elimina el exceso de ácido fundamentalmente a través de los ríñones. Además, la expulsión de dióxido de carbono en la espiración también contribuye a regular el valor pH.
Es muy importante que la relación de las proporciones ácido-base sea equilibrada
Unos hábitos vítales y alimenticios desequilibrados pueden descompensar el equilibrio ácido-base y con él la salud del organismo. Cuando ya no es posible evacuar los ácidos pro­ducidos éstos se acumulan, frecuentemente en el tejido con­juntivo, y el resultado de este proceso no es otro que la acidi­ficación.

La acidificación: un problema infravalorado

Diversos estudios sobre los hábitos de población arrojan un dato: el 80 % de los habitantes de los países industrializados de occidente presentan alteraciones de la relación de las pro­porciones ácido-base.
A muchos los síntomas les resultarán familiares: cansancio y decaimiento permanente, propensión a las infecciones, dolores de cabeza, problemas digestivos o acidez estomacal. Detrás de estas “indisposiciones” y malestares cotidianos, a menudo inexplicables, los médicos en general y los expertos en naturopatía y medicina natural detectan cada vez con más fre­cuencia un común denominador: la creciente acidificación del organismo. Todo aquel que quiera hacer algo por evitarlo debe procurar que su alimentación sea suficientemente alcalina y debe evitar exponerse a factores desencadenantes de estrés. Cuando no sea posible seguir esta estrategia como es debido se puede optar por la ingesta de una mezcla adecuada de sales minerales de efecto alcalínizante.

¿Por qué se produce la acidificación?

El tipo de alimentación y los hábitos de vida tanto en el traba­jo como fuera de él suelen ser las principales causas de un organismo ácido.
Principales causas que dan lugar a alteraciones transitorias de nuestro equilibrio ácido-base:

  • una alimentación incorrecta o predominantemente acida (mucha carne)
  • consumo inadecuado de alcohol
  • la nicotina y la cafeína
  • escasa ingesta de líquidos
  • el estrés, sobrecargas físicas y mentales
  • dietas desequilibradas
  • diversos contaminantes medioambientales
  • falta de actividad física
  • transformación y neutralización insuficiente de los ácidos debido a una carencia de vitaminas y olígoelementos


Pirámide de la dieta equilibrada

El mantenimiento de unos niveles de ácido normales es de importancia vital para la totalidad del organismo humano. Por ejemplo, la sangre sólo puede transportar como es debido el oxígeno y los nutrientes si el índice de ácido está dentro del ámbito considerado normal. Hasta el corazón deja de funcio­nar correctamente cuando el miocardio se acidifica.
El organismo ha desarrollado un ingenioso sistema para man­tener sus índices de ácido dentro de unos niveles saludables. Los ácidos resultantes del proceso metabólico pueden salir fue­ra del organismo a través de los ríñones, el intestino, la piel y los pulmones, o bien el propio organismo se encarga de supri­mir los efectos perjudiciales de dichos ácidos “compensándo­los” con las denominadas bases, es decir, neutralizándolos.

Ahora bien, cuando el cuerpo se acidifica es porque recibe un exceso de sustancias acidas y carece de suficientes sustancias alcalinas (básicas) para luchar contra los ácidos. Entonces, en estos casos, el organismo recurre al “plan de emergencia”: los ácidos se depositan en el tejido conjuntivo que es donde -por el momento- menos perjuicios ocasionan

Síntomas de acidificación

A la larga la acidez termina ocasionando enfermedades
Los efectos de las alteraciones internas del metabolismo no se manifiestan espectacularmente, sino que van ganando terreno poco a poco. Por eso lo único que podemos hacer para detec­tarlas es prestar atención a las señales de aviso que emite nuestro organismo. En el caso de la acidificación corporal, sue­len ir apareciendo progresivamente una serie de molestias características.
Entre las manifestaciones típicas tenemos, por ejemplo:

  • falta de energía crónica
  • agotamiento al menor esfuerzo y tendencia a sentir frío
  • escasa capacidad de recuperación
  • dificultades para concentrarse
  • irritabilidad
  • cansancio
  • uñas blandas, quebradizas, hendidas, estriadas o con manchas
  • molestias articulares
  • excesiva sensibilidad al dolor
  • propensión a las infecciones
  • propensión a las alergias

También debemos prestar especial atención al estado de nues­tra piel porque una piel seca, resquebrajada, agrietada o con eccema seco en ocasiones puede ser indicio de acidificación.
Con el correr del tiempo, un exceso de acidez permanente sos­tenido durante mucho tiempo (también denominado acidosis) puede acarrear consecuencias peores, en este caso estaríamos hablando de enfermedades más graves

Alimentación acidificante

En el momento en que somos conscientes de dónde proceden los ácidos, podemos hacer todo lo posible para evitarlos. Muchos de los ácidos que se generan en nuestro organismo son fruto de una alimentación incorrecta. En cualquier caso, no es necesario insistir mucho en la idea de que una alimentación adecuada es la base de un estilo de vida saludable, no sólo en lo que al grado de acidificación se refiere, sino en otros muchos aspectos. En este caso hago mío ese refrán popular que dice: somos lo que comemos.
En principio las comidas acidificantes no contienen necesaria­mente ácidos, pero producen sustancias acidas durante el pro­ceso de la digestión y al ser absorbidas y aprovechadas por las células. Esta producción de ácidos constituye un proceso natu­ral e inevitable que tiene lugar en el organismo de cualquier persona. Un ejemplo muy conocido: como resultado de la digestión y la transformación de las proteínas de la carne se producen forzosamente ácidos, de los cuales probablemente el ácido úrico sea uno de los más conocidos. El exceso de ácido úrico se convierte en cristales de urato sódico, que por su pro­pio peso precipitan y se depositan en las articulaciones y en otros tejidos, provocando la gota y otras enfermedades articu­lares discapacitantes y muy dolorosas.

Nutrición y estilo de vida

La opinión de los científicos es que deberíamos Ingerir cuatro veces más elementos alcalizantes que acidificantes a través de la alimentación (proporción óptima 80 : 20) a fin de alcan­zar una relación equilibrada entre ácidos y bases dentro del organismo.
Tenga presente que el estrés y el tabaco agravan aún más los posibles desequilibrios existentes. También los diabéticos y las personas cuyo metabolismo es el propio de situaciones en las que se pasa hambre (rígidas dietas de adelgazamiento), es decir, todos aquellos organismos que cuentan con un apor­te alimenticio restringido, producen automáticamente más ácidos.
Por tanto, además de decantarse por una alimentación equili­brada, rica en minerales y con abundancia de fruta y verduras, también resulta aconsejable evitar el estrés y excesivo ajetreo. En este sentido hay que recalcar que comer es una de esas actividades que nunca deben llevarse a cabo deprisa y corrien­do. Masticar bien, ensalivar abundantemente los alimentos e ingerir suficiente líquido (por lo menos 2 o 3 litros diarlos) son hábitos muy saludables. La práctica de actividad física, a ser posible al aire libre y sin caer en el esfuerzo excesivo, propor­ciona también oxígeno y activa el metabolismo. Ésta es otra forma de impedir la acumulación de desechos resultantes del metabolismo de los alimentos que son perjudiciales para el organismo.
Por regla general cuantas más proteínas contiene un alimento más ácidos se producen al procesarlo. Los alimentos de sabor ácido no son necesariamente acidificantes. Por ejemplo, los limones y las naranjas son alimentos alcalizantes. Por tanto, lo que Importa no es el sabor de los alimentos sino cómo se metabolizan.

Alimentación equilibrada rica en sustancias minerales

En la tabla anterior podemos observar una clasificación de los ali­mentos en relación a su grado de acidez. De todos es sabido que una alimentación equilibrada, muy variada, abundante en ali­mentos frescos y de origen vegetal, rica en vitaminas y minerales, y moderada en su contenido de grasa e hidratos de carbono, es una magnifica base para mantener nuestro cuerpo en buen esta­do de salud.
En cualquier caso, cuando se produce la acidificación corporal debemos prestar especial atención a la alimentación y sobre todo a su contenido en sustancias minerales que, además de contribuir a contrarrestar la acidez corporal, son muy importantes dentro de cualquier plan de alimentación razonable y saludable, tanto para el desarrollo fisiológico de numerosos procesos metabólicos como para la profilaxis de gran cantidad de enfermedades.
Hoy en día la sofisticación y el refinamiento de numerosas mate­rias primas usadas en la industria alimentaria han dado como resultado que cada vez resulte más difícil aportar al organismo sustancias de importancia vital como el zinc, el calcio, el magne­sio o el manganeso. Estos elementos minerales son sustancias inorgánicas que deben ser suministradas regularmente a través de la alimentación a fin de preservar al organismo de la apari­ción de síntomas carenciales, siendo la acidificación de los teji­dos corporales uno de los primeros síntomas apreciables, al que le seguirán otros más graves si no se pone remedio.
Por todo ello nuestra alimentación cobra una vital importancia. No se trata de evitar permanentemente la comida rápida, la bollería Industrial, los alimentos envasados y los precocinados, se trata más bien de no convertir este tipo de comida en nuestra forma habitual de alimentación, y de prestar atención al conte­nido natural de sustancias básicas, como vitaminas y minerales, de los alimentos que ingerimos, así como de contrarrestar su
ausencia o escasez con algún complemento alimenticio de cali­dad, sobre todo en aquellos momentos en los que no podemos decidir sobre el tipo de alimentación que queremos, o cuando se hacen dietas en las que se ingieren pocos alimentos o poca can­tidad.

Consejos para una alimentación equilibrada:

  • una o dos porciones de pescado semanales productos elaborados con harina integral en lugar de harinas refinadas
  • muchas frutas, verduras y hortalizas frutos secos una vez por semana como máximo legumbres y productos derivados de la soja dos veces por semana
  • carne magra dos veces por semana como máximo dos huevos por semana como máximo debe emplear exclusivamente aceites vegetales de cali­dad
  • hay que tomar mucho líquido: por lo menos dos litros diarios (¡sin azúcar y sin gas!) consumo regular de productos lácteos y queso

¿Cómo reacciona el organismo ante la acidificación?

Normalmente, el organismo trata de neutralizar el exceso de acidez corporal recurriendo a nutrientes alcalinos y a elemen­tos minerales aportados por el propio cuerpo, incluso en los casos de acidosis respiratoria, que es la que se produce por la retención respiratoria del CO2.
Si estos nutrientes minerales no están presentes en la alimen­tación o no se absorben en cantidades suficientes a través del intestino, el organismo recurre a sus propios depósitos, que poco a poco se van quedando vacíos. Esta pérdida de sustan­cias alcalinas necesarias para el correcto equilibrio ácido-base deja al cuerpo “literalmente desnutrido”.
Una vez consumidas estas reservas de nutrientes minerales ya no es posible neutralizar los ácidos. Entonces se forman sales difícilmente solubles que se acumulan preferentemente en los tejidos adiposo y conjuntivo. La elevada sobrecarga acida sos­tenida durante largo tiempo recibe el nombre de acidificación crónica.

 

Un comentario:

  1. Muy buena guía para tratar la acidificación , hay otros autores que mencionan el uso del agua de mar y evitar productos derivados de la leche ademas de los que aqui se sugieren.

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