Relatos cortos: “Experiencias físico-místicas”

 

No era un escritor al estilo clásico, sino más bien un autodidacta de inspiración tardía. Era un ser, que una vez abandonó tierras adentro y enfiló sus pasos hacia el mar, y le fascinó tanto, que aquella faceta que aun no había despertado en él quedó por décadas postergada.

Entonces, el escritor nonato se convirtió en un explorador de la senda de las sirenas, aquellas féminas imposibles de amar que buscó sin descanso, pero que sólo halló en sus fantasías.

Y la sal penetró en sus venas, y la mar se fundió con su alma. Vivió las experiencias más gratificantes a los sentidos naturales, y a otros que sólo pueden comprenderse desde la intuición, más no desde la razón.

En él, la física de las cosas chocaba violentamente con la pasión inmaterial, intangible…, que suponía la sensación de vivir las dimensiones a través de los poros de su piel, y el viaje a las estrellas en una máquina del tiempo a base de nervios y neuronas interconectados por la mano de un ser omnipotente.

Y la vida le sonrió. Puso en sus manos la tierra, el cielo y, sobre todo, la mar.

¡Ay!, la Mar, con mayúsculas, y en femenino, como debe definirse a esa dama que se cubre con satén azul. Esa diosa que te da sus frutos y con sus olas acaricia tus sueños, pero que también te acoge y te desprecia, te toma y te deja, te besa y te apuñala, te ama… y te hunde en las profundidades de sus entrañas.

Pero, cómo olvidarla sin añorar su mágica atracción. Cómo abandonarla sin temer su ira y las tinieblas abisales de su corazón bravo.

Sus sueños encarnan un delfín, que juega en su seno, se ríe y se mece con el pecho mirando al cielo. y mientras las aguas corta en mil volteretas, ansía el encuentro con su musa, esa sirena que nada en su mente y en un infinito abrazo lo encadena.

Y la vida, de nuevo le mostró un camino.

La senda de las sirenas se perdió y otra se abrió ante sus ojos. Sumergiéndose en las ciencias naturales, descubriendo sus secretos, la física y la química de las cosas más sencillas, aquellas de las que apenas nos percatamos a lo largo de nuestra corta existencia.

¡Qué hermosa y compleja es la vida!, desde la macro a la molecular, y cuan poco sabemos de ella. Sólo es seguro, que nacemos y morimos, pero entretanto nos amamos y descubrimos.

¡¡Qué paradoja!!, la de adquirir el uso de razón, sólo para descubrir que nuestra vida está destinada a la desparición.

Y, entre ambos hechos naturales, aun tenemos la necesidad de obtener conocimiento, de aprender, de experimentar, y de almacenar en nuestros recuerdos los resultados de nuestro saber y entender.

Pero, ¿que sentido tiene adquirir el saber, si no puedes compartirlo? Triste destino el de aquel que lo asume, lo guarda para si y no lo divulga. Triste final, el llevarse consigo las experiencias y negarlo a las generaciones venideras como generoso fruto de su paseo terrenal.

Sólo el egoismo extremo puede llevarnos a las tinieblas portando cargas inútiles para nuestra última morada. Así lo sentía él, y así nació el pseudo-escritor. Y De todo lo narrado, una moraleja deja al lector antes de que la vida lo convierta en la nada:

“Si a lo largo de tu paso existencial,
con fortuna el saber has obtenido,
no lo guardes para cuando estés dormido,
cédelo generosamente en garantía de tu último aval.”

Un comentario:

  1. Editora - MCarmen

    Un relato de experiencias vividas, de la mar, de tu paso existencial, de cosas que pasan en la vida, y en tu mente lo guardas, me ha encantado leerte.
    Lo he disfrutado de principio a fin.
    Un placer haber pasado, un beso

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