Reflexión para mi YO

En el mundo hay establecidas de 36 – 38 religiones, pero se sabe que hay aproximadamente de 800 – 1000 variantes de éstas que forman parte del 70% de la población mundial, es decir aproximadamente 4200 millones de personas, tienen algún tipo de creencia sobre un o varios seres llamado/s Dios/es, entienden y reconocen así su espiritualidad, la procedencia de una fuerza superior y su enlace con el mismo.

¿Se pueden equivocar tantas personas? ¿Si perdura desde generaciones remotas y no desaparece ni en la actualidad, cuando el hombre es capaz de enviar un hombre al espacio y q pueda regresar ileso? ¿Cómo es posible?

No entiendo como las personas, entiendo así las de occidente, nosotros, los sumisos a la industrialización, el materialismo y la tecnología, podemos vivir descartando lo q desconocemos. ¿Por qué somos tan ignorantes?

Sabemos que las capacidades físicas del hombre son muy escasas, por ejemplo, el oído, muy mecánico, pero imperfecto o no,  únicamente funcional, nos limita a distinguir frecuencias entre los 30hz y poco mas de 6000hz, todo lo demás, que? ¿No existe? Como no lo percibimos, tendemos a ignorarlo.

Soy un joven de 23 años, entiendo mas o menos, todo lo que percibimos y su funcionalidad, siempre me ha interesado el funcionamiento y el sentido de todo lo q es “real” o lo que percibimos de forma física.  Puedo entender el mecanismo q poseemos para poder ver las cosas, distinguir los colores, oler aromas, incluso el funcionamiento de la sinapsis neuronal que nos permite almacenar, distinguir… en general se como funcionamos. Mi colapso mental se refiere ahora en el sentido del ser, el porque de nuestra existencia y no la nada, el… ¿Qué neurona o parte de nuestro ser nos proporciona esos sentimientos internos, profundos, esas sensaciones imperceptibles en los sentidos como la intuición, la bondad, la plenitud interior, la certeza de tu YO omnisciente…?

He investigado mucho, nunca del todo, pero si bastante para recoger impresiones de diferentes fuentes tanto las puramente científicas y empíricas, como las mas profundas y espirituales. Dando una conclusión, he visto que muchos médicos, sicólogos y neurólogos, compartiendo a la vez una religión o algún tipo de misticismo, negaban o disolvían las vivencias o experiencias cercanas al mas allá, realizando hipótesis sobre ciertas alucinaciones o proyecciones de deseo de la persona dados momentos de tensión o producidos por algunos fármacos. Es posible. Pero se les escapan muchos detalles y explicaciones que no responden a una idea que resulte totalmente viable, y lo “raro” es que se conocen centenares de miles de casos, en los que todos comportan mucha similitud.

Una de las conclusiones mas razonables de las que he podido sacar, o podremos compartir, es que el hombre teniendo muchos dones quizás el mejor que nos ha dado DIOS sea el del libre albedrío, lo q le hace ser.

Para mi el hombre nunca podrá ser capaz por ley natural o por la Gracia de Dios, de conocer el significado de la muerte, el mundo etéreo o Mas allá y el convencimiento de la existencia de DIOS. Por que entonces dejaría de ser libre, el hombre viviría acondicionado por el bien exclusivamente. Y el hombre y la vida terrenal carecería de sentido alguno. Todo el mundo, hasta los más escépticos tiene en su alma o espíritu, la certeza y el conocimiento divino. Pero nos avergüenza compartir nuestra espiritualidad y abrirnos al prójimo, ya que parece q nos moleste o irrite hablar de estos temas, cuando todos tenemos la misma pregunta y en el interior nuestra misma respuesta. 

Raúl Jiménez López

2 comentarios:

  1. Me parece una reflexión muy acertada, pues aunque yo estoy del lado de la ciencia, no debemos ser tan “cerrados” como para pensar que un sentimiento de dolor, alegría o pena son debidos a la acción combinada de cientos de miles de millones de microscópicas moléculas formadas por minúsculos átomos, a su vez formados por toda una suerte de una partículas aun más pequeñas(protones, neutrones, electrones, muones, quarks…) que en sí, supuestamente no son más que unas, aun más pequeñas, cuerdas vibrantes. Tiene que haber algo más, yo no lo definiría como divino o superior, simplemente desconocido.

  2. Dada tu juventud (según tú mismo declaras sólo tienes 23 años) realizas un planteamiento asentado, y aparentemente poco proclive al cambio si no se te ofrece un razonamiento convincente. Ignoro si es fruto de una convicción prematuramente formada, o de alguna experiencia personal que te ha marcado. Yo, desde una convicción que sintoniza con la línea general de este Blog (el Pragmatismo), no puedo negar ni afirmar nada de lo que expresas, pues no estoy en posesión de la verdad, como no lo está ningún mortal, pero sí puedo hacerte un planteamiento diametralmente opuesto para hacerte pensar, pues de eso se trata en estas páginas ¿no?

    Primero afirmas: “¿Se pueden equivocar tantas personas?”. Ciertamente, creo que puedo responder a esa pregunta con argumentos que considero válidos, en el sentido de afirmar que sí, que tantos millones de personas pueden estar equivocadas; yo también puedo estar equivocado, pero acepto la réplica, eso sí, con argumentos cuyo peso no puedan ser rechazados sin un debate previo.

    Así, por ejemplo, en estos momentos estamos viviendo una situación en la cual pueden apoyarse mis reflexiones. Me refiero al choque de culturas que se está produciendo en la actualidad ¿Consideras que las personas que se están inmolando por la fe del Islam están equivocadas?, es decir, si cada vez más jihadistas mueren por su fe luchando contra nuestras creencias y forma de vida ¿crees que existe al menos una mínima posibilidad de que estén errados en sus acciones? Ya sabes que el Islam es la religión monoteísta más importante del mundo (y en aumento), o sea que su número de fieles supera con creces a las religiones cristianas y varias más juntas, y como sabes, una religión monoteísta niega la existencia de cualquier otro Dios que no sea el suyo propio, es decir, el Dios Alá es el único y verdadero y los fieles de cualquier otra religión son para ellos herejes. En consecuencia, los fieles de la religión islámica están obligados por su Ley (Ley que los más fundamentalistas han manipulado interesadamente) a combatir a las demás religiones, y gran número de esos fieles van mucho más allá, pues no sólo se limitan a hacerlo verbalmente predicando las enseñanzas de Mahoma, sino que llegan a extremos incluso dramáticos desde nuestra perspectiva, como es invertir sus propias vidas en el empeño. Pero no resulta dramático para ellos, que lo consideran una liberación y un premio divino por sus actos mártires.

    Dicho esto, repito: ¿tantos millones de personas están equivocadas?, estoy seguro que dirás que sí, que ningún ser humano debería matar a otro en nombre de ningún Dios o por tener creencias diferentes ¿verdad?, pues debes saber que ellos (que son muchos más que nosotros) piensan que son los cristianos (en realidad no sólo los cristianos sino cualquier otra forma de religión ajena) los que están equivocados.

    Tengo más argumentos en este sentido: los seres humanos somos inteligentes, pero desgraciadamente muy fáciles de moldear a voluntad de algunos pocos, sean personas físicas o entes abstractos. Diariamente estamos siendo sometidos a un control más o menos férreo, habitualmente sibilino, por diferentes medios y con origen en diferentes entes. Algunos de estos son mediáticos o sociales (medios de comunicación, publicidad, personajes con opinión relevante…), que no tienen un poder político definido o de derecho (poderes fácticos), pero que nos dan muchos pensamientos ya masticados, para que no nos esforcemos en pensar o dedicar alguna neurona a la meditación. Otros entes están bien definidos y son identificables (gobiernos legítimos, políticos con representación, personas con poder administrativo del ciudadano…) que tienen en sus manos la posibilidad de dirigir de alguna forma nuestras vidas, e incluso adoctrinar nuestras mentes con las ideas o moral que ellos entienden como más adecuada (ya los políticos romanos aplicaban esta técnica). Dirás que esto es algo común, y que cualquier sociedad tiene que estar organizada, tener un poder político, un programa de gobierno, una educación de la ciudadanía…; es cierto, pero en muchas ocasiones un líder avispado y sin escrúpulos puede utilizar todas esas herramientas de forma inapropiada y “convencer” ideológicamente en masa a la población, haciendo que le sigan como corderos. Para ellos, los ciudadanos, una vez convenientemente adoctrinados (en ocasiones se requieren generaciones de adoctrinamiento) se convencen de que su líder les lleva por el camino de la verdad y de la gloria. En ocasiones, ese camino lleva a la destrucción de un pueblo o su degeneración; solo hay que retroceder muy poco en el tiempo y ver lo que ocurrió con Hitler: su lideradgo hizo que todo un pueblo le aupara al poder, y después él mismo se rodeara de los más válidos para llevar a cabo su visionarios fines, manejando hábilmente la propaganda, controlando los medios de comunicación, creando e instaurando un sentimiento imperaliasta que hiciera a su pueblo sentirse ante las demás naciones profundamente orgulloso de su poderío, e incluso de una supuesta raza superior (los arios). Esos sentimientos de pueblo, nación, raza y poder entroncados en su líder, junto con la desmedida ansia de expansionismo, hizo que Hitler llevara a su pueblo (también los judíos que masacró eran su pueblo) a la guerra y la destrucción, así como a la decadencia moral y humana en general ¿la población estaba equivocada al elevarlo al poder? Naturalmente que sí.

    Lo mismo sucede con los imanes del Islam, que desde las Madrasas o escuelas coránicas, adoctrinan a la población desde muy temprana edad, de tal forma que sus mentes son orientadas en el sentido que marcan los líderes, que será, inevitablemente la destrucción de la capacidad de discernir. Es decir, ese “libre albedrío” que como tu expones “es el mejor que nos ha dado Dios”, está cercenado (por no decir anulado) desde la cuna, en esas sociedades tan sometidas al control de la mente, que inhiben la posibilidad de evaluar en conciencia libre lo que se puede considerar como el bien y el mal, puesto que esos conceptos ya han quedado definidos mucho antes de que la persona obtenga lo que en Occidente llamamos “uso de razón”, y será muy difícil para ella romper y construir un pensamiento o una idea propia y ajena a lo que le fue inculcada. Es más, la vida religiosa está profundamente arraigada en la forma de vida de esas sociedades, de tal manera que las manifestaciones religiosas no son actos independientes y autónomos del ser, si no que están firmemente ligados al gobierno político, e incluso se confunden con él: no existe política sin religión ni religión sin política, e incluso el jefe político es habitualmente al mismo tiempo el director espiritual de su pueblo.

    Llegados a este punto, podría plantearte la cuestión de ¿qué religión es la verdadera? Yo, particularmente, considero que no existe ninguna religión verdadera, porque todas son origen y fruto del hombre; todas ellas han tenido algún precedente que les ha llevado a fundar un tipo de iglesia o una filosofía de vida más o menos espiritual. Dirás: si creo en Cristo tengo que creer que la religión cristiana es la verdadera, pero, los islamistas también creen ciegamente en su profeta Mahoma, que fue para ellos quien les enseñó el camino del verdadero Dios. Otras religiones del mundo siguen ejemplos similares. Algunas tribus sólo reconocen a la Naturaleza como el propio Dios, pero hoy sabemos que la Naturaleza sigue unas reglas cuya formulación divina ha quedado en entredicho, en el sentido de que puede ser Creacionista o Evolucionista, aunque Darwin ha presentado pruebas tangibles de que es Evolucionista, y sólo los acérrimos creacionistas siguen negando que esas pruebas puedan ser válidas; aquí es donde la Ciencia y la Religión establecida chocan frontalmente. Pero, como ya sabes, la Iglesia también ha tenido que ir retrocediendo en sus planteamientos, casi siempre forzada por la propia ciencia, que le ha ido presentando pruebas irrefutables que no han podido rebatir: Galileo Galilei, por ejemplo, tuvo que renegar públicamente de su creencia con respecto a la teoría heliocéntrica que el planteó, debiendo aceptar por imposición, que no por convencimiento, la teoría geocéntrica mantenida desde siempre por la Iglesia, so pena de ser condenado a la hoguera por hereje ¿quién estaba equivocado, Galileo o la Iglesia?, está claro que hoy en día nadie discute si la Tierra es el centro de la Galaxia, o un simple planeta más que gira alrededor del Sol, pero si tú lo hubieras planteado así hace 500 años podrías terminar en la pira para tu purificación a través del fuego redentor, como algunos otros que sí se atrevieron a contradecir la doctrina instaurada.

    Ahora, asumiendo que ninguna religión es verdadera y que millones de humanos pueden estar equivocados, podemos plantearnos un terrible dilema: la NO EXISTENCIA DE DIOS. Era aquí a donde quería llegar después de toda esta larga disertación. Claro que, si no aceptas que somos fruto de una continua perfección (perdón por lo de “perfección”, pues es algo que sí puede ser dudoso) en la cual el tiempo y los factores bióticos y abióticos han tenido mucho que decir, y que primigéniamente el ser humano no estaba dotado de una mente formada al nivel intelectual que conocemos hoy, si no que fue resultado de la evolución y la selección natural, sería entonces inútil continuar expresando mi teoría. Además, sería negar el hecho evolutivo, lo cual nos llevaría a rechazar un fenómeno sobradamente probado. Por tanto, suponiendo que participes de esta ciencia, que no creencia, pues la ciencia “prueba”, mientras que la creencia “debe probar”, debemos plantear esa gran duda existencial sin reparos.

    Es terrible imaginar que la existencia humana puede ser un simple accidente en el camino, o un producto fruto de miles de millones de combinaciones bióticas a lo largo de miles de millones de años, tras los cuales se produjeron las condiciones propicias para el inicio de una vida inteligente. Esto no es una conjetura, es un principio viable. Por ejemplo, Fleming descubrió la penicilina por una pura casualidad en 1928, cuando determinado hongo cayó accidentalmente sobre el cultivo de unas bacterias que estaba estudiando; no hay duda de que con su descubrimiento se salvaron muchas vidas desde entonces. Pero, si Fleming no hubiera tenido esa fortuna, alguien, a lo largo de la historia, transcurridos muchos años, siglos, o incluso milenios, por el simple hecho de la combinación repetitiva de factores, se llegarían a dar las condiciones para obtener un hecho casual similar. Si este ejemplo no te parece suficiente, imagina la lotería Primitiva a la que seguramente habrás jugado alguna vez: si fueras inmortal y apostaras todos los días los mismos números, alguna vez, en algún tiempo futuro, saldrían por ley de probabilidad.

    Si en verdad somos un hecho casual, lo cual tengo que decir que creo tristemente, nuestras vidas no tienen un sentido real ni obligación predefinida, pues no existiría un ser supremo que haya decidido los parámetros de nuestra existencia. Ante esta creencia es inevitable sentir una inmensa soledad, la que destila el sentimiento de que, llegado el fin biológico, no queda más que materia para las redes tróficas.

    Si en verdad somos energía, y no sólo en cuerpo físico, nos queda la posibilidad de creer que la transformación de la materia no se realiza solamente a nivel de nuestra dimensión, si no de otra u otras que desconocemos y que escapan al razonamiento científico. Aquí sí podría existir un gran debate, pero no religioso (eso ya lo hemos descartado), si no a nivel de dimensiones que están fuera de nuestra comprensión, y que podrían formar parte del propio proceso evolutivo.

    Ojala sea así, al menos podremos seguir investigando nuestra naturaleza aunque sea desde otras dimensiones.

    Abel Domínguez.

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