Bolívar odioso

Simón Bolívar

Antes de esta versión, había yo redactado una exposición genética, es decir, una que exponía el orden en el cual fui conociendo el tema que, en realidad, me fue novedoso, y expresé la idea de que fuera interesante que un alienista hiciera el análisis del personaje, ya que esto no me corresponde a mí.
Varias personas que leyeron aquella versión, me aconsejaron abandonar la primera estrategia expositiva y que más bien armara yo con los datos que se encuentran en İnternet, un relato que en cierto grado supla el análisis psiquiátrico. Saltaré unos datos sin marcar con […] las omisiones. Si mi selección de datos parece arbitraria al lector, recomiendo leer en İnternet el trabajo de Juan Carlos Vélez Correa “El Bolívar desconocido” del 2 de junio de 2010.

Infancia traumatizante

«Cuando Simón contaba dos años de edad, su padre murió de tuberculosis, y así doña su madre quedó como cabeza de familia. Sin embargo, las responsabilidades hicieron que su salud, también enferma de tuberculosis, decayera rápidamente y, según la opinión de médicos historiadores, es posible que ya entonces Bolívar sufriera la primo-infección tuberculosa con un tipo de tuberculosis que pasa inadvertida mientras las defensas corporales son favorables. Murió cuando Simón tenía nueve años.
Los hermanos Bolívar pasaron entonces a la custodia de su abuelo que se sentía tan enfermo que empezó a preparar también su testamento para designar un sustituto como tutor de sus nietos. Simón fue confiado a su tío don Esteban , pero como éste se encontraba en España permaneció bajó la custodia de otro de sus tíos, que por lo visto era un hombre con el que no se llevaba bien y que era tosco, de carácter duro, mentalidad estrecha, que se ausentaba frecuentemente de Caracas para atender sus propiedades y que solía dejar a su sobrino atendido por la servidumbre y asistiendo por su cuenta a la Escuela Pública de Caracas.
El desempeño escolar de Bolívar no fue muy brillante como alumno de la Escuela Pública, institución administrada por el Cabildo de Caracas que funcionaba de forma deficiente debido a la carencia de recursos y organización.
En aquel entonces, Simón Rodríguez era maestro de Bolívar en esta escuela y don Carlos, pensaba enviarle a vivir con él porque no podía atenderlo personalmente y las protestas de su sobrina María Antonia sobre la educación y atenciones que recibía su hermano eran frecuentes.
Ante la perspectiva de vivir con su maestro, Simón escapó de la casa de su tío, para refugiarse en la de su hermana María Antonia, que ejerció su custodia temporal, hasta que se resolvió el litigio judicial en la Real Audiencia de Caracas que devolvió a don Carlos, la custodia de Simón.
Simón trató de resistirse pero fue sacado por la fuerza de casa de su hermana y llevado en volandas por un esclavo hasta la vivienda de su maestro.
Una vez allí, las condiciones en las que vivía con el maestro Rodríguez no eran las ideales, pues tenía que compartir el espacio con 20 personas en una casa no apta para ello, y por esto Simón escapó de allí un par de veces en las que terminó volviendo por orden de los tribunales.
Al poco tiempo, Rodríguez renunció a su cargo de maestro para irse a Europa y la Real Audiencia de Caracas determinó que Simón fuera trasladado a la Academia de Matemáticas, que funcionaba en casa de su tío Carlos.
Al parecer, en esta academia la formación de Bolívar mejoró notablemente en calidad y cantidad, y fue complementada con lecciones de Historia y Cosmografía impartidas por don Andrés Bello hasta su ingreso en el Batallón de Milicias de blancos de los Valles de Aragua.
Existe la falsa idea de que entre 1793 y 1795, está inscrito al Colegio Real de Sorèze en el Sur de Francia, en el departamento del Tarn.»
¡Una infancia infeliz que produjo un pupilo problemático!

No tener hijos, ¿es poca virilidad?

El siguiente episodio, de 1802 a 1803, empezó en forma normal, pero tuvo un desenlace deplorable y de consecuencias duraderas. Estuvo casado, pero su mujer sucumbió a una fiebre tropical.
La infertilidad de Bolívar, posteriormente comprobada, hace suponer que su mujer no haya estado embarazada, así es que no tuvo que lamentar la pérdida de dos seres, pero dicen (no está sustentado documentalmente) que juró no volver a casarse. Juramento cómodo que no implicó no volver a yacer con hembra y que equivalió a darse licencia para la lujuria.
Al comprobar más adelante que no podía tener hijos, la licencia se le volvió obsesión patológica. Durante toda su vida vivió bajo el mandato de mostrar urbi et orbi su virilidad, creyéndola probablemente empañada por la infertilidad.
“Frecuentemente cuando Bolívar llegaba a una población del Perú, pedía al gobernador de ella, que le llevase una mujer. Asombrado uno de estos de tal mandato, procuró evadirse de cumplirlo; pero Bolívar insistió en ello, y al fin se vio el gobernador obligado a obedecerlo. No hallando mujer alguna que quisiese prestarse a ese escándalo público, volvió el encargado y dijo a Bolívar que no había hallado sino una [esclava] negra; y que él no se había resuelto a hacerla venir a su habitación. Entonces Bolívar irritado, le dijo: yo le he pedido a U. una mujer bien parecida, y no se pare U. en que sea negra o blanca, porque una mujer es lo que quiero.” Pág. 279.
La fuente de esta escena, un ex presidente del Perú, no le tenía ninguna simpatía al “Libertador”. Distinta fue la postura de dos oficiales de la Legión Británica (el imperialismo anglosajón de Inglaterra y de los Estados Unidos (unum et eundem) apoyó la lucha contra Napoleón y España). De Hippisley, Narrativa de la Expedición a los ríos Orinoco y Apure en Sur América, Londres, 1819, pág. 382, es:

Descripción de su físico y psicodinamia

«He tenido amplia oportunidad de examinar al general [Bolívar] mientras él conversaba con el capitán Beire. Partiendo de lo que había yo oído de él, esperaba a un hombre muy distinto del que tuve ante mí.
El general Bolívar tiene la apariencia de un hombre agotado. Aunque sólo tiene treinta y ocho años, aparenta unos cincuenta.
Mide alrededor de cinco pies con seis pulgadas. Es de complexión delgada y [tez] pálida, tiene cara alargada, marcada con todos los síntomas de ansiedad, zozobra y casi podría agregarse, desconfianza. También parece haber padecido un gran sufrimiento. Sus ojos oscuros que, de acuerdo con una descripción, eran muy brillantes, ahora carecen de brillo y se ven pesados, aunque se entiende que tuvieron más fuego y energía cuando su cuerpo estaba menos desgastado. Tiene pelo negro, ligeramente atado por detrás con un listón de seda. Lleva bigote grande, una pañoleta negra alrededor del cuello, su atuendo completa un pantalón azul, botas y espuelas. Ante mis ojos, él podría pasar por cualquier otra persona menos por lo que es.
A través de su habitación estaba colgada una hamaca […] en la que se sentaba ocasionalmente y se balanceaba mientras conversaba: rara vez permanecía en la misma postura por más de dos minutos.»
Coincide con las líneas anteriores la del oficial Ducroudray:
«Tiene la apariencia de un hombre de sesenta y cinco años. Al caminar, sus brazos están en continuo movimiento. No puede caminar por mucho tiempo pues se fatiga muy pronto. A donde quiera que va, su presencia es muy corta, rara vez algo más de media hora y tan pronto que regresa se sienta o descansa en su hamaca […] Tiene bigotes grandes que le cubren parte de la cara y es interesante que haya ordenado a sus oficiales que también los lleven en sus caras, diciendo que les dan un aire marcial. Lo cierto es, que le da un aspecto salvaje y oscuro. Cuando se enfurece, su ojos se vuelven animados y gesticula y habla como un loco, caminando a través de la habitación o lanzándose sobre su hamaca. Luego se levanta saltando de ella, ordena que la gente salga de su presencia y frecuentemente la arresta.
Cuando quiere convencer a alguien de un propósito, recurre a las promesas más persuasivas, tomando a la persona del brazo y caminando y hablando con ella como si fuera el más íntimo de sus amigos. Mas, tan pronto como obtiene su propósito, se vuelve frío, arrogante y algunas veces sarcástico.
Nunca ridiculiza a de frente a un hombre de alta posición o a un hombre valiente, sino solamente en su ausencia. Esta costumbre de hablar mal la gente en su ausencia es propia de los caraqueños en general.»
¿Por qué estas dos descripciones tan coincidentes ponen furiosos a ciertos mitómanos? Esto me hace recordar una expresión de Lombardo Toledando: “¿Ladran? ¡Es que galopamos!”.

Un general sin arte de la guerra

O realmente: ¿no les incomodó sino lo que sigue (pág. 438)?:
«El general Bolívar ocupa muy poco tiempo al estudio de la artes militares. No entiende la teoría y rara vez hace una pregunta o mantiene una conversación sobre ello. Tampoco habla de administración civil, a menos que caiga entre los asuntos del momento.
Varias veces me esforcé en tener una conversación seria sobre estos temas, pero siempre me interrumpía diciendo “Sí, sí, mon cher ami, yo lo sé, eso es muy bueno. Pero, a propósito:…” e inmediatamente dirigía la conversación a un tema diferente.
Su lectura, que es bien escasa, consiste de historia simple y algunos cuentos. No tiene biblioteca o colección de libros que sea apropiada al rango que viene ocupando los últimos quince años.
[…] Debido a […] a su amor [por la compañía de varias mujeres] deja que los asuntos oficiales se acumulen en manos de su secretario, como sucedió con su decreto del 8 de marzo de 1827, modificando los impuestos de la aduana de Venezuela, atribuido a Ravenga y con el cual destruyó el comercio del país.
Cuando de repente se acuerda de que tiene asuntos pendientes, llama a su secretario y le da instrucciones para que redacte una carta o un decreto.
Con esto él se acuerda de otros asuntos pendientes y se pone a despachar a la carrera el trabajo atrasado de quince o veinte días: con el resultado frecuente de que los decretos del mismo día estén en oposición el uno con el otro.»

Un hombre funesto

El libro mencionado en nota 1 es una fuente muy rica en información acerca del “Bolívar desconocido”.Véase al respecto en Google del 2 de junio de 2010 el artículo de Juan Carlos Vélez Correa. Su autor, Riva Agüero, había sido presidente del Perú. Naturalmente, como memorias que son, no tienen el rigor de una investigación que ofreciera apoyo a sus aseveraciones personales con citas de otras personas. Sus detractores dicen que es obra de un despechado. Puede que así sea, pero esto no nos permite negar toda validez a sus recuerdos. Es más, ponerse a negar globalmente la validez, es un acto sospechoso de infamia.
La aterradora descripción que hace el ex presidente del Perú, parece la de un sifilítico de tercer grado, y no corresponde al Bolívar joven.
“Si nos hubiésemos de ocupar detalladamente de sus excesos [de Bolívar] sería necesario escribir muchos volúmenes; y por otra parte no siendo el objeto de esta obra, sino manifestar las causas que han ocasionado el mal éxito de la independencia del Perú, nos ceñiremos aquí solamente, a relatar algunos hechos en comprobación de nuestros asertos, remitiendo a los lectores que quieran tomar más datos, a lo mucho que se ha publicado ya sobre este hombre funesto. Daremos aquí principio asentando, que Bolívar tomó el partido de la independencia por no pagar a la real hacienda una suma considerable que le debía; este hecho es notorio. […] He aquí descubierto que no fue por patriotismo el partido que tomó contra la causa del rey, sino por no pagar esa ingente suma a la real hacienda.”Pág. 178

Terror

“Hallándose Bolívar en el Perú, trataba un día en su mesa a tiempo de la comida, acerca de cierta señora casada con un general, expresándose sobre las cualidades de ésta, y diciendo en alta voz que en la noche anterior la había tenido de visita. A tiempo de la algazara que sobre esto se había formado entre él y sus comensales, se aparece el marido de esa señora, y Bolívar lo hace sentar a su lado. A poco rato dijo en voz alta que había llegado en buena hora, porque tenía que mandar a su esposa un collar de perlas que en la noche anterior se le había quedado en su cama. Todos los circunstantes se miraban a la cara y reían. Considérese por esto cual quedaría de abochornado el marido. El tartamudeó algunas palabras, tomó el collar y se despidió inmediatamente. Este miserable tuvo que resignarse y callar: tal era el terror que todos tenían a Bolívar.” Pág. 277

Baile de orate

“Sería de nunca acabar, si hubiésemos de referir aquí, las extravagancias y acciones soeces de Bolívar; y por esto nos contentaremos con relatar solamente dos anécdotas, y por ellas se podrá juzgar de su falta absoluta de educación. En un convite que le dio en Arequipa el general Don Pío Tristán, hallándose Bolívar sentado en la mesa, al acabarse la comida, esto es, cuando ya el vino se le había subido a la cabeza, lo que era en él muy frecuente, se paró repentinamente sobre la mesa, y se puso a pasear de un extremo a otro de ella con un vaso de vino en la mano para decir un brindis. Después de pisotear los platos, vasos y botellas, y de arrojar al suelo con los pies cuanto había en la mesa, prorrumpió su desconcertado discurso, o su improvisado brindis. Está acción brutal sorprendió, como era natural a las personas sensatas que se hallaban ahí, y llenas de estupor, sorpresa y confusión no sabían que hacer, ni a que atribuir ese acto de locura. El general Tristán vio bien tristemente ese desacato, y la destrucción de su servicio de mesa de rica porcelana, selecta cristalería, y lujosas alfombras. Los concurrentes se levantaron de la mesa y se aprestaron a huir de allí, después de haber sido sus vestidos bastante salpicados con las salsas de los guisos y con los vinos que contenían las botellas que arrojaba en el aire frenético Bolívar.” Pág. 282.

Dice en su introducción:
«En la publicación que hacemos en esta obra, de algunos de los defectos de ciertas personas, hemos considerado que son notorios a una parte de los habitantes del Perú; y sobre todo porque los crímenes, y demás excesos de aquellas han sido la causa principal del mal resultado, que ha tenido la independencia…Repetimos aquí lo de Tácito, que sin odio y sin envidia referimos acerca de esas gentes lo que estamos en el deber de referir.” […] “La historia se debe, pues, escribir con veracidad, y manifestar en ella a las personas con todas sus cualidades: si estas son buenas, para que sirvan de ejemplo a las generaciones venideras; y si por el contrario, para que el relato de sus crímenes e inmoralidad sirva de preservativo y de horror a los hombres. Según estos principios, todo historiador que solamente se contrajese a relatar las acciones buenas, y pasase por alto las malas, no sería la historia la que escribiese, sino un panegírico de aquellas; y faltaría a su deber; porque la ocultación de las faltas, excesos o crímenes que hubiesen cometido las personas que pasan a la historia, quedarían ignorados; lo que equivale a escribir la historia sin imparcialidad y en contravención a ella misma” […].
Aquí algunos apartes:
“Si nos hubiésemos de ocupar detalladamente de sus excesos [de Bolívar] sería necesario escribir muchos volúmenes; y por otra parte no siendo el objeto de esta obra, sino manifestar las causas que han ocasionado el mal éxito de la independencia del Perú, nos ceñiremos aquí solamente, a relatar algunos hechos en comprobación de nuestros asertos, remitiendo a los lectores que quieran tomar mas datos, a lo mucho que se ha publicado ya sobre este hombre funesto. Daremos aquí principio asentando, que Bolívar tomó el partido de la independencia por no pagar a la real hacienda una suma considerable que le debía; este hecho es notorio. […] He aquí descubierto que no fue por patriotismo el partido que tomó contra la causa del rey, sino por no pagar esa ingente suma a la real hacienda.”Pág. 178
“Cuando Bolívar vino al Perú no trajo casi ningún equipaje y cuando salió de él, llevo multitud de carros llenos de equipaje, valiosas alhajas, vajillas de oro y plata, y multitud de cajones con oro amonedado. Esto es notorio.” Pág. 179.
“Bolívar dispone del tesoro público con escándalo y sin responsabilidad. Sus coquetas, sus favoritos, sus aduladores están sostenidos de las arcas nacionales, y sin embargo, no tiene que dar cuenta, ni hay quien diga que estos son robos.”
“La generosidad de Bolívar. Muy fácil es ser prodigo de lo ajeno, sus sueldos son como el aceite con que se consagra a los reyes de Francia, que nunca se acaba. De ellos pagan pensiones, a mas de las que le corresponden por la ley; y sin embargo los recibe íntegros donde quiera que está.” Pág. 178
“Frecuentemente cuando Bolívar llegaba a una población del Perú, pedía al gobernador de ella, que le llevase una mujer. Asombrado uno de estos de tal mandato, procuró evadirse de cumplirlo; pero Bolívar insistió en ello, y al fin se vio el gobernador obligado a obedecerlo. No hallando mujer alguna que quisiese prestarse a ese escándalo público, volvió el encargado y dijo a Bolívar que no había hallado sino una negra; y que él no se había resuelto a hacerla venir a su habitación. Entonces Bolívar irritado, le dijo: yo le he pedido a U. una mujer bien parecida, y no se pare U. en que sea negra o blanca, porque una mujer es lo que quiero.” Pág. 279
“Hallándose Bolívar en el Perú, trataba un día en su mesa a tiempo de la comida, acerca de cierta señora casada con un general, expresándose sobre las cualidades de ésta, y diciendo en alta voz que en la noche anterior la había tenido de visita. A tiempo de la algazara que sobre esto se había formado entre él y sus comensales, se aparece el marido de esa señora, y Bolívar lo hace sentar a su lado. A poco rato dijo en voz alta que había llegado en buena hora, porque tenía que mandar a su esposa un collar de perlas que en la noche anterior se le había quedado en su cama. Todos los circunstantes se miraban a la cara y reían. Considérese por esto cual quedaría de abochornado el marido. El tartamudeó algunas palabras, tomó el collar y se despidió inmediatamente. Este miserable tuvo que resignarse y callar: tal era el terror que todos tenían a Bolívar.” Pág. 277
“Sería de nunca acabar, si hubiésemos de referir aquí, las extravagancias y acciones soeces de Bolívar; y por esto nos contentaremos con relatar solamente dos anécdotas, y por ellas se podrá juzgar de su falta absoluta de educación. En un convite que le dio en Arequipa el general Don Pío Tristán, hallándose Bolívar sentado en la mesa, al acabarse la comida, esto es, cuando ya el vino se le había subido a la cabeza, lo que era en él muy frecuente, se paró repentinamente sobre la mesa, y se puso a pasear de un extremo a otro de ella con un vaso de vino en la mano para decir un brindis. Después de pisotear los platos, vasos y botellas, y de arrojar al suelo con los pies cuanto había en la mesa, prorrumpió su desconcertado discurso, o su improvisado brindis. Está acción brutal sorprendió, como era natural a las personas sensatas que se hallaban ahí, y llenas de estupor, sorpresa y confusión no sabían que hacer, ni a que atribuir ese acto de locura. El general Tristán vio bien tristemente ese desacato, y la destrucción de su servicio de mesa de rica porcelana, selecta cristalería, y lujosas alfombras. Los concurrentes se levantaron de la mesa y se aprestaron a huir de allí, después de haber sido sus vestidos bastante salpicados con las salsas de los guisos y con los vinos que contenían las botellas que arrojaba en el aire frenético Bolívar.” Pág. 282

“Si nos hubiésemos de ocupar detalladamente de sus excesos [de Bolívar] sería necesario escribir muchos volúmenes; y por otra parte no siendo el objeto de esta obra, sino manifestar las causas que han ocasionado el mal éxito de la independencia del Perú, nos ceñiremos aquí solamente, a relatar algunos hechos en comprobación de nuestros asertos, remitiendo a los lectores que quieran tomar mas datos, a lo mucho que se ha publicado ya sobre este hombre funesto. Daremos aquí principio asentando, que Bolívar tomó el partido de la independencia por no pagar a la real hacienda una suma considerable que le debía; este hecho es notorio. […] He aquí descubierto que no fue por patriotismo el partido que tomó contra la causa del rey, sino por no pagar esa ingente suma a la real hacienda. Pág. 178
“Cuando Bolívar vino al Perú no trajo casi ningún equipaje y cuando salió de él, llevo multitud de carros llenos de equipaje, valiosas alhajas, vajillas de oro y plata, y multitud de cajones con oro amonedado. Esto es notorio.” Pág. 179.
“Bolívar dispone del tesoro público con escándalo y sin responsabilidad. Sus coquetas, sus favoritos, sus aduladores están sostenidos de las arcas nacionales, y sin embargo, no tiene que dar cuenta, ni hay quien diga que estos son robos.”
“La generosidad de Bolívar. Muy fácil es ser prodigo de lo ajeno, sus sueldos son como el aceite con que se consagra a los reyes de Francia, que nunca se acaba. De ellos pagan pensiones, a mas de las que le corresponden por la ley; y sin embargo los recibe íntegros donde quiera que está.” Pág. 178
“Frecuentemente cuando Bolívar llegaba a una población del Perú, pedía al gobernador de ella, que le llevase una mujer. Asombrado uno de estos de tal mandato, procuró evadirse de cumplirlo; pero Bolívar insistió en ello, y al fin se vio el gobernador obligado a obedecerlo. No hallando mujer alguna que quisiese prestarse a ese escándalo público, volvió el encargado y dijo a Bolívar que no había hallado sino una negra; y que él no se había resuelto a hacerla venir a su habitación. Entonces Bolívar irritado, le dijo: yo le he pedido a U. una mujer bien parecida, y no se pare U. en que sea negra o blanca, porque una mujer es lo que quiero.” Pág. 279
“Hallándose Bolívar en el Perú, trataba un día en su mesa a tiempo de la comida, acerca de cierta señora casada con un general, expresándose sobre las cualidades de ésta, y diciendo en alta voz que en la noche anterior la había tenido de visita. A tiempo de la algazara que sobre esto se había formado entre él y sus comensales, se aparece el marido de esa señora, y Bolívar lo hace sentar a su lado. A poco rato dijo en voz alta que había llegado en buena hora, porque tenía que mandar a su esposa un collar de perlas que en la noche anterior se le había quedado en su cama. Todos los circunstantes se miraban a la cara y reían. Considérese por esto cual quedaría de abochornado el marido. El tartamudeó algunas palabras, tomó el collar y se despidió inmediatamente. Este miserable tuvo que resignarse y callar: tal era el terror que todos tenían a Bolívar.” Pág. 277
“Sería de nunca acabar, si hubiésemos de referir aquí, las extravagancias y acciones soeces de Bolívar; y por esto nos contentaremos con relatar solamente dos anécdotas, y por ellas se podrá juzgar de su falta absoluta de educación. En un convite que le dio en Arequipa el general Don Pío Tristán, hallándose Bolívar sentado en la mesa, al acabarse la comida, esto es, cuando ya el vino se le había subido a la cabeza, lo que era en él muy frecuente, se paró repentinamente sobre la mesa, y se puso a pasear de un extremo a otro de ella con un vaso de vino en la mano para decir un brindis. Después de pisotear los platos, vasos y botellas, y de arrojar al suelo con los pies cuanto había en la mesa, prorrumpió su desconcertado discurso, o su improvisado brindis. Está acción brutal sorprendió, como era natural a las personas sensatas que se hallaban ahí, y llenas de estupor, sorpresa y confusión no sabían que hacer, ni a que atribuir ese acto de locura. El general Tristán vio bien tristemente ese desacato, y la destrucción de su servicio de mesa de rica porcelana, selecta cristalería, y lujosas alfombras. Los concurrentes se levantaron de la mesa y se aprestaron a huir de allí, después de haber sido sus vestidos bastante salpicados con las salsas de los guisos y con los vinos que contenían las botellas que arrojaba en el aire frenético Bolívar.” Pág. 282

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