EL HOMBRE Y LA TIERRA - COLABORACIONES: Viajes utópicos (por Juan Antonio Rosado)
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El Hombre y la Tierra

Las relaciones vitales Hombre-Tierra analizadas desde un punto de vista crítico

COLABORACIONES

Viajes utópicos (Juan Antonio Rosario)




iempos post modernos o contemporáneos; sinónimos de cambios, transformación total de la conducta del hombre. Crecimiento desmesurado de la ciencia y la tecnología. Era digital y de la comunicación. Cambios, tránsito de sistemas políticos y económicos socialistas hacia sistemas democráticos y capitalistas.

Salto gigantesco de la humanidad que ha llevado al hombre a explorar más allá de lo que se creía el fin y límite  de todo. Era en que la producción acelerada de bienes, productos y capital ha demandado un urgente desplazamiento de la mano de obra del hombre, sustituyéndola por modernísimas máquinas robóticas con cerebros electrónicos.

Megas ciudades; junglas de acero y concreto que se yerguen de manera vertical pobladas por hormigueros humanos, cuyos ritmos frenéticos de vidas apresuran al hombre a correr una tenaz carrera contra el reloj y el tiempo.

¿Quién sabe la cantidad de libros, nuevos términos, tecnicismo, páginas, Web, ingenios o inventor que nacen de mentes fecundas antes de periclitar o levantarse un nuevo sol y con los que se pretende cambiar el rumbo torcido de nuestra humanidad, que hoy brilla por su ambición y por sus colosales proyectos, pero que se opaca entre los escombros de la globalización y el neoliberalismo que mas que derribar fronteras entre  continentes y países, levantan un muro para separar y ensanchar la brecha entre ricos y pobres.

Esto sucede al mismo tiempo en que grupos extremistas orientales movidos por ideas religiosas y odios ancestrales preparan un atentando  terrorista para cobrar miles de vidas inocentes que nada tienen que ver con viejas pugnas entre dos o más imperios rivales.

Próxima parada, más de 450 kilómetros hacia  arriba; en la I .S .S. (Estación, Espacial Internacional), luego seguir el rumbo con dirección al planeta rojo (Marte) recorriendo primero la órbita de nuestro planeta azul (tierra). Así lo determinaron dos o tres altos funcionarios de la NASA en una recámara herméticamente cerrada, después de calcular la astronómica suma de millones de dólares gastados en el proyecto solo para aventurar en el espacio.

Dichos eventos suceden al mismo tiempo en que en miles de hospitales, mueren miles de niños y adultos por falta de atención médica, al  mismo tiempo en que la emisión de gases, efecto invernadero, destruyen de manera paulatina y progresivamente la capa de ozono aumentando así de manera alarmante el calentamiento global. Al mismo tiempo en que se extinguen de la faz de la tierra, según datos científicos, un promedio de 13.8 nuevas especies animales y vegetales por día; al mismo tiempo en que el hambre por la falta o escasez de alimentos, la desnutrición, la guerra, el sida, el aborto, la drogadicción, el crimen, la explotación sexual y otras tantas lacras sociales impiden la paz y el bienestar entre los terrícolas y privan a que millones de niños de diferentes nacionalidades escuchen por vez primera a una muestra contarle las hazañas heroicas de los ilustres  que con sangre, sudor y sacrificio forjaron su nacionalidad.

La humanidad de hoy vive una época suigéneris, donde los logros y adelantos científicos-tecnológicos son directamente proporcionales a los retos, desafíos y amenazas que hay que enfrentar. Estamos parados en medio de una pendiente paradójica, donde somos movidos por la fuerza motora del modernismo y a la vez empujados en dirección contraria por la reacción que genera la acción del mismo.

La verdad es que con tantos inventos, con tantos proyectos ambiciosos, con tantos conocimientos y con tanta información que produce el hombre, hemos llegados tan lejos que nuestro planeta parece carecer de detalles, quedándole pequeño a la curiosidad y a la imaginación o ¿tal vez sería como el bagazo que de tanta exprimirlo ya ha soltado todo el jugo?

Hay que buscar nuevas naranjas de esas que cuelgan y giran en el espacio exterior para seguir  extrayéndole el jugo que satisfaga la sed de curiosidad de conocimientos. Hay que seguir buscando seres OVNIS para establecer vínculos de paz, ya que la paz entre los terrícolas es como una cucaracha en un gallinero. Hay que seguir embarcándose en Viajes Utópicos dentro de cápsulas metálicas movidas por propulsión a chorro que mas que sacar al hombre fuera de la órbita terrestre, lo sumergen en un mar inmenso de serenidad nocturna, donde la cero gravedad, le hacen olvidar el peso de la gran problemática y el desorden genérico, humano y ambiental que él mismo  ha creado en nuestro “diminuto planeta”.

¿Qué busca el terrícola con su mirada encallada en el espacio infinito y sin frontera? ¿Qué busca navegando ese bonancible y enigmático océano? ¿Será que busca una respuesta más explícita de las tantas que le ha dado el creador en su maravillosa creación?  ¿Buscará encontrarse con alienígenas que le puedan explicar el enigma de la vida, del tiempo, del espacio, de la muerte y finalmente del más allá?

¿Tal vez querrá que dichos seres aún inciertos en las mentes de quienes creen estar solos en el cosmos le ayuden a cargar con sus problemas? ¿Quizás se busca otros seres distintos para romper con la vieja monotonía de pelearse con sus congéneres?

Lo cierto es que el hombre no parará en su afán por llegar cada día más lejos. Explorará nuevos horizontes, tendrá hallazgos asombrosos, tendrá descubrimientos imprevistos y exorbitantes; mientras tanto la humanidad ¿Qué?  Seguirá su rumbo, rumbo que no cambiará, como si obedeciera a un destino plasmado en las profecías; las metrópolis  seguirán levantándose hacia arriba, desafiando el vértigo de las alturas y crecerán de manera horizontal y en progresión geométrica. La mente humana seguirá expandiéndose, mas no logrará satisfacer su sed de curiosidad por conocerlo todo. El hombre seguirá con sus viajes tan lejanos y Utópicos que quizás se pierde en el agujero negro de su ansiedad y ya no vuelva jamás a su hogar, donde dejó tantos platos rotos e infinitas cuestionantes. Mientras hombres comunes, los que no ordeñamos la ciencia y la tecnología ni manipulamos su curso al antojo, los que aún estando vivos figuramos entre los muertos. Los que nos conformamos con leer a diario un periódico, con tomar una taza de café y para sentirnos realizados tener una profesión y una familia; tendremos que seguir esperando nuestro futuro prometido, cuando dicha ciencia y tecnología sean tan comunes que al igual que viajar por autopistas y aviones se programen tours por el espacio y desde allá arriba poder mirar nuestro planeta, no tan azul como se ve, sino más bien aniquilado, triste, sombrío y envuelto en una nube gris y un alud de misterio que quienes puedan ver más allá de su ambición, su egoísmo y su sed insaciable por saber y descubrirlo todo, entiendan que solo el amor lo habría salvado.

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