Mitos y Leyendas - Mitología greco-latina: Dioses olímpicos: Artemis/Diana - 2ª parte
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Mitos y Leyendas

MITOLOGÍA GRECO-LATINA

Dioses olímpicos: Artemis/Diana - 2ª parte


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Naturaleza y hechos de Ártemis (continuación)

or invitación de Hefesto, Artemis visitó a los Cíclopes en la isla de Lipara y los encontró forjando una gamella para los caballos de Poseidón. Brontes, quien había recibido la orden de hacer todo lo que ella deseara, la tomó en sus rodillas, pero como no le agradaron sus caricias, Artemis le arrancó un puñado de pelo del pecho, donde le quedó un pedazo pelado hasta el día de su muerte; cualquiera podía haber supuesto que tenía sarna. A las ninfas les aterrorizó el aspecto salvaje de los Cíclopes y el estrépito de su fragua, y con razón, pues siempre que una niña es desobediente su madre la amenaza con Brontes, Arges o Estéropes. Pero Artemis les pidió audazmente que abandonaran por un rato la gamella de Poseidón y le hicieran a ella un arco de plata con una aljaba llena de flechas, a cambio de lo cual comerían la primera presa que ella cazase.

Con esas armas Artemis fue a Arcadia, donde Pan se ocupaba en descuartizar un lince para dar de comer a sus perras y cachorros. SI le dio tres sabuesos de orejas gachas, dos abigarrados y uno moteado, capaces los tres juntos de arrastrar leones vivos hasta sus perreras, y siete sabuesos rápidos de Esparta.

Habiendo capturado vivas a un par de ciervas cornígeras, Artemis las unció a un carro de oro con bocados dorados y se dirigió hacia el norte por el monte Hemo de Tracia. Se cortó su primera antorcha de pino en el Olimpo misio y la encendió con las pavesas de un árbol derribado por un rayo. Probó su arco de plata cuatro veces: sus dos primeros blancos fueron árboles, el tercero una fiera, y el cuarto una ciudad de hombres injustos. Luego regresó a Grecia, donde las ninfas amnisias desuncieron sus ciervas, las almohazaron, las alimentaron con el trébol de crecimiento rápido de la dehesa de Hera que comen los corceles de Zeus y les dieron de beber en gamellas de oro.

En una ocasión Acteón, hijo de Aristeo, se hallaba recostado en una roca cerca de Orcomenes cuando vio a Artemis bañándose en un arroyo no lejano y se quedó contemplándola. Para que luego él no se jactase ante sus compañeros de que ella se había mostrado desnuda en su presencia. Artemis lo transformó en un ciervo y con su propia jauría de cincuenta sabuesos lo despedazó.


La muerte de Acteón, óleo de Tiziano.

En otra ocasión el dios fluvial Alfeo, hijo de Tetis, se atrevió a enamorarse de Artemis y la persiguió a través de Grecia, pero ella llegó a Letrini, en Elide (otros dicen, incluso más lejos, hasta la isla de Ortigia, cerca de Siracusa), donde embadurnó su rostro y el de todas sus ninfas con barro blanco, de modo que no se la podía distinguir de sus acompañantes. Alfeo se vio obligado a retirarse, perseguido por una risa burlona.

Fuentes: Robert Graves, Los Mitos Griegos; Isaac Asimov, Las palabras y los mitos; René Ménard, Mitología Greco-latina.

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