Mitos y Leyendas - Mitología greco-latina: Dioses olímpicos: Apolo/Febo - 3ª parte
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MITOLOGÍA GRECO-LATINA

Dioses olímpicos: Apolo/Febo - 3ª parte


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Naturaleza y hechos de Apolo (continuación)

polo no fue siempre afortunado en el amor. En una ocasión trató de robarle Marpesa a Idas, pero ella permaneció fiel a su marido. En otra, persiguió a Dafne, la ninfa montañesa sacerdotisa de la Madre Tierra e hija del río Penco en Tesalia, pero cuando la alcanzó, ella llamó a la Madre Tierra, quien la hizo desaparecer justo a tiempo y se la llevó a Creta, donde llegó a ser conocida con el nombre de Pasífae. La Madre Tierra dejó un laurel en su lugar, y con sus hojas Apolo hizo una guirnalda para consolarse.

Hay que añadir que su atentado contra Dafne no obedeció a un impulso súbito. Hacía mucho tiempo que estaba enamorado de ella, y había causado la muerte de su rival Leucipo, hijo de Enómao, quien se disfrazó de muchacha y participó en las orgías montañesas de Dafne. Apolo se enteró de eso por adivinación y aconsejó a las ninfas de la montaña que se bañaran desnudas, para asegurarse así de que todas las que les acompañaban eran mujeres; la impostura de Leucipo se descubrió inmediatamente y las ninfas lo destrozaron.

Eso fue también lo que sucedió con el bello joven Jacinto, príncipe espartano, de quien no sólo se enamoró el poeta Támiris (el primer hombre que cortejo a uno de su sexo), sino también el propio Apolo, el primer dios que lo hizo. Para Apolo Támiris no resultó ser un rival serio; le oyó jactarse de que podía superar a las Musas en el canto y les informó de ello maliciosamente, por lo que ellas enseguida privaron a Támiris de la vista, la voz y su memoria para tañer el arpa. Pero el Viento del Oeste también se había encaprichado de Jacinto y se sentía locamente celoso de Apolo.

Un día en que Apolo le estaba enseñando al muchacho a lanzar un disco, el Viento del Oeste se apoderó del disco en el aire, lo lanzó contra el cráneo de Jacinto y lo mató. De su sangre brotó la flor del jacinto, en la que se ven todavía sus letras iniciales.


La muerte de Jacinto, de G. Tiepolo

Apolo mereció la ira de Zeus sólo en una ocasión después de la famosa conspiración para destronarlo. Eso sucedió cuando su hijo Asclepio, el médico, cometió la temeridad de resucitar a un muerto y robar con ello un súbdito a Hades, quien, como es natural, presentó su queja en el Olimpo. Zeus mató a Asclepio con un rayo y Apolo, en venganza, mató a los Cíclopes. A Zeus le irritó la pérdida de sus armeros y habría desterrado a Apolo al Tártaro para siempre si Leto no le hubiera suplicado el perdón, comprometiéndose a que enmendaría sus costumbres. La sentencia se redujo a un año de trabajos forzados, que Apolo debía cumplir en los rediles del rey Admeto de Peres. Obedeciendo el consejo de Leto, Apolo no sólo cumplió la sentencia humildemente, sino que otorgó grandes beneficios a Admeto

Habiendo aprendido su lección, en adelante predicó la moderación en todas las cosas; las frases: "Conócete a ti mismo" y "Nada con exceso" estaban constantemente en sus labios. Trasladó a las Musas de su residencia en el monte Helicón a Delfos, suavizó su turbulento frenesí y las dirigía en sus danzas ceremoniosas y decorosas.

Fuentes: Robert Graves, Los Mitos Griegos; Isaac Asimov, Las palabras y los mitos; René Ménard, Mitología Greco-latina.

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