LITERATURA PROSISTA - TEORÍA LITERARIA: Modelos para el comentario de textos - 4ª parte
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Literatura prosista

TEORÍA LITERARIA

Modelos para el comentario de textos - 4ª parte


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Comentario de textos medievales (continuación)

Un texto medieval comentado: Poema de Mío Cid  (continuación)

Comentario sobre el Poema

l texto literario medieval que nos sirvió de ejemplo en la página anterior es el famosísimo Poema del Mío Cid, de autor anónimo. En este poema se cantan las gestas de Rodrigo Díaz de Vivar, caballero de la época del rey de Castilla y León Alfonso VI, a partir del momento en que es produce el destierro al cual le condenó el monarca.

El fragmento elegido pertenece al inicio del Poema, momento en que el Campeador ya ha sido desterrado; la causa fue unas intrigas que fueron urdidas contra él.

La obra no se pudo rescatar completa, y los primeros versos del Poema se han perdido, son aquellos en que el Cid convocaba a sus vasallos para partir de Vivar, es a partir de ese momento el que recoge el fragmento elegido.

El texto que se propone para su análisis consta de cuatro momentos: el abandono de Vivar por el Cid en dirección hacia Burgos, los agüeros que halla en el camino, la entrada en Burgos y, finalmente, el temor que el pueblo burgalés tiene de acoger al Cid, y donde sólo una niña le dirige la palabra, pero para pedirle que se aleje de allí.

Como se puede observar, el texto es propio del siglo XII, típicamente medieval, pero se nota la intención manifiesta del autor de hacerlo más antiguo, mediante un tono arcaizante característico. Junto a esto, se aprecian también algunas notas típicas del lenguaje épico, como son las comparaciones o fraseología características.

Se aprecia a través de la técnica y estilo rudimentarios del juglar, el deseo de mostrar el drama que vive el Cid, aportándole un tono y carácter muy humano, el cual refleja mediante su capacidad de llorar y suspirar, unido a su profunda fe y religiosidad, que le incitan a rezar ante la desolación y adversidad de los momentos que sufre. Mediante este lenguaje épico, en el poema se consigue expresar plenamente los sentimientos del Cid.

El segundo apartado recoge un aspecto, que el juglar concede al Cid, y que resulta de carácter muy medieval, como es la creencia en los agüeros, o sea, la interpretación del futuro a través del vuelo de una corneja, primero favorable (diestra), pero más tarde adversa (siniestra). El Cid, ante esta predestinación, mueve los hombros y sacude la cabeza, como expulsando el maleficio, sintiéndose reconfortado.

La entrada en Burgos del Cid es un pasaje muy emotivo y popular. Al pasar por la ciudad con destino a su destierro, todos salen para ver al Cid, que va acompañado de sus sesenta estandartes. Se manifiestan las lágrimas y el dolor. Ese momento, que es descrito con la ternura que caracterizó el principio del poema, es cerrado con una frase que es interpretada de modos diversos: "Dios, qué buen vasallo, así (ojalá) tuviese un buen señor"; la la interpretación más aceptada es: "Dios, qué buen vasallo, si tuviera un buen señor".

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