LITERATURA PROSISTA - LA LITERATURA EN EL SIGLO XVII: El teatro clásico español - 4ª parte
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Literatura prosista

LA LITERATURA EN EL SIGLO XVII

El teatro clásico español - 4ª parte


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La comedia española

Introducción

l término comedia se utilizó en el Siglo de Oro como sinónimo de obra teatral. El teatro donde se representaba era el "corral de las comedias", y comedias eran las que escribieron todos los autores de esta época. Con ello, parece crearse una confusión con el término comedia (enfrentado a tragedia) como género dramático en el que prima lo cómico, escrito para divertir y con personajes bajos.

Lope de Vega da cuerpo a la comedia o drama barroco (que suele llamarse también drama nacional). La formulación de su teoría dramática aparece en su obra en verso Arte nuevo de hacer comedias (1609). Las opiniones que en esta obra vierte no eran una mera fórmula teórica, sino que Lope las puso en práctica en todas sus comedias. Y lo mismo hicieron, siguiéndole, los demás dramaturgos del siglo XVII. Las variaciones estructurales son mínimas; lo que diferencia una obra de otra, o un autor de otro, es el argumento, el mayor acierto literario y la mayor o menor profundidad en el tratamiento del tema, la trama o la intriga. De hecho, no es raro que coincidan los temas de obras de diferentes autores e incluso hasta los personajes. No hay que olvidar que el Renacimiento había valorado positivamente la inspiración en su imitación de otros autores y obras y que el concepto de "plagio" es más moderno.

Las características del teatro clásico barroco son aplicables en su totalidad al teatro de Lope de Vega y en buena medida al de todos sus seguidores, Calderón incluido, con las variaciones que irán apareciendo en cada caso.

Estructura

La comedia se divide en tres actos o jornadas. Ello se convierte en una norma teatral que continuará en siglos posteriores y que ha llegado prácticamente hasta la actualidad (y no sólo en el teatro español). Durante el siglo XVI, en España las obras estaban divididas en cinco, cuatro o tres actos. En el teatro isabelino inglés y en el teatro clásico francés la división era generalmente en cinco actos, y así continuó hasta el siglo XVIII.

La funcionalidad de esta división en tres jornadas viene dada por la acción de la obra, que tenía que constar de introducción-nudo-desenlace. La intriga se desarrollaba en los tres actos, que iban seguidos sin separación de escenas (el escritor sólo señala las entradas y salidas de personajes, que es lo que señala el cambio de escena en el teatro). El cambio de un acto a otro solía servir para marcar el paso del tiempo; de esta forma el público se creía la convención escénica del paso del tiempo, ya que tenían que imaginar un transcurso de horas, días, o incluso meses y años, entre una parte y otra de la acción. Por otro lado, los entreactos se empleaban para introducir otros géneros teatrales, como entremeses, bailes, pasos..., con lo que había una ruptura en la representación, que no se dedicaba al "descanso" del espectador como en la actualidad.

El comienzo de la obra era brusco: se entraba de lleno en la acción, con lo que se imprimía desde el primer momento ese dinamismo y esa aceleración de la acción, al servicio de la intriga, tan característico del teatro barroco español.

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