LENGUA - LAS LENGUAS PENINSULARES: Las lenguas cooficiales de España - 9ª parte
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LAS LENGUAS PENINSULARES

Las lenguas cooficiales de España - 9ª parte


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El vasco

l vasco, denominado también vascuence o euskera, es la lengua de unas setecientas mil personas, hablada en Guipúzcoa, gran parte de Vizcaya, algunos lugares de Álava, norte de Navarra y sudoeste del Departamento francés de los Pirineos atlánticos.

El origen

El vasco no es una lengua románica. Hablado por los pueblos que vivían en una zona más amplia que su actual dominio lingüístico, antes de la expansión indoeuropea, resistió al latín y le sobrevivió. Pero no ha sido posible determinar su filiación y parentesco con otras lenguas.

Dos son las teorías más comunes sobre su origen: una de ellas considera que el vasco moderno es lo que queda de una lengua que ocupó acaso gran parte de la península Ibérica (como parece mostrar la toponimia). Tal lengua presentaba algunas semejanzas con el desaparecido ibero y, supuesto que los iberos procedían del norte de África, el vasco podría agruparse con las lenguas camíticas (beréber, cusita, etc.). Pero modernamente se ha comprobado que dichas semejanzas son más aparentes que reales: el vasco no permite descifrar las inscripciones ibéricas. Y, en consecuencia, la tesis puede descartarse.

La otra teoría plantea, a partir de ciertas semejanzas gramaticales advertidas entre el vasco y las lenguas habladas en el Cáucaso, que existió una extensa área lingüística rota por el establecimiento en Europa de los indoeuropeos. Pero a falta de investigaciones rigurosas no es posible tampoco confirmar esta hipótesis.

Antecedentes históricos

Los primeros testimonios proceden de la época romana. La lengua estuvo seguramente a punto de perderse (así ocurrió con toda probabilidad en los Pirineos centrales y en las zonas llanas de Navarra), pero lo impidió, por una parte, la ruptura del Imperio romano y, por otra, quizás, el escaso aliciente que el territorio que hoy es el País Vasco presentaba para los colonizadores. Establecido en una extensión considerable (gran parte de Navarra y casi todas las Vascongadas -con la excepción de la parte occidental de las Encartaciones-, la Rioja alta, zonas de Burgos), las primeras frases escritas que se conservan se hallan, junto a expresiones en romance castellano, en las Glosas Emilianenses.

La literatura vasca es, sobre todo, oral: canciones, refranes y proverbios, cuentos tradicionales, leyendas. El primer texto literario que se posee es un libro de poemas de contenido heterogéneo del sacerdote Bernat Dechepare, impreso en Burdeos en 1545. Pero el uso escrito del euskera es característico sobre todo de la literatura religiosa (catecismos, devocionarios, etc.). En el siglo XVII existe una literatura de cierta importancia en la zona francesa (Joanes Etcheverri y Pedro de Axular son los autores más destacados); en el XVIII la mayor actividad literaria se produce en la parte española: el padre Larramendi será el mentor de un grupo de intelectuales, cuya defensa de la lengua y de la cultura autóctona se traducirá en la creación de la Sociedad Vascongada de Amigos del País (1764). Al mismo tiempo, sin embargo, el vasco pierde terreno a causa de la política monolingüe de los Borbones; de este siglo data su desaparición en gran parte de Álava, y del XIX la notable reducción del dominio lingüístico en Navarra.

El siglo XIX no supuso en la literatura vasca movimientos de reivindicación semejantes a los que vivieron el catalán y el gallego; las clases acomodadas y los sectores intelectuales viven en la órbita de la cultura castellana y el euskera parece limitado al ámbito rural y al eclesiástico. Hay, con todo, poetas de cierta importancia, como Manterola e Iparraguirre, y prosistas, como el príncipe Luciano Bonaparte, impulsor de la cultura autóctona y fundador de la dialectología vasca; y desde mediados de siglo, las publicaciones en euskera no escasean.

De 1900 a 1936 la cultura y la literatura vascas viven un momento esperanzador. José María de Aguirre ("Lizardi") y Nicolás de Ormaechea ("Orixe") son los dos poetas más destacados; abundan los estudios y publicaciones sobre la lengua, y se crean instituciones vitales para su normalización, como la Academia de la Lengua Vasca ("Euskaltzaindia") en 1918. Pero este momento de recuperación es interrumpido por la guerra civil de 1936, y tanto la lengua como la literatura vivirán casi clandestinamente una larga posguerra: la vitalidad del euskera se limitará a los ámbitos familiar y rural.

En los años 60 existe una mayor tolerancia y ciertos cambios se perciben en la literatura (Aresti, Álvarez Emparanza). En 1968, un congreso de "Euskaltzaindia" fija las bases de una lengua unificada ("euskera batua") que resolviera el problema histórico de la falta de normalización de la lengua, muy fragmentada dialectalmente. Dicha lengua será la que se emplee desde entonces en la enseñanza, en los medios de comunicación de masas -de desarrollo todavía muy escaso-, y la utilizada en general por las nuevas promociones de escritores e intelectuales. Con el restablecimiento en España de la democracia, el vasco, con un prestigio grande en su dominio lingüístico, conoce una coyuntura histórica favorable que quizá garantice un futuro prometedor.

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