LENGUA - LAS LENGUAS PENINSULARES: Los dialectos - 12ª parte
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LAS LENGUAS PENINSULARES

Los dialectos - 12ª parte


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Dialectos del castellano (continuación)

El castellano de América (continuación)

Áreas dialectales

a indudable diversidad del castellano de América justifica la delimitación de áreas dialectales. Un punto valioso de referencia ha sido la separación de P. Henríquez Ureña, quien señaló cinco grandes zonas:

1. Sur y sudoeste de los Estados Unidos, México y América Central.

2. Antillas (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana), costa y llanos de Venezuela, norte de Colombia.

3. Región andina de Venezuela, interior y costa occidental de Colombia, Ecuador, Perú, la mayor parte de Bolivia, norte de Chile.

4. La mayor parte de Chile.

5. Argentina, Uruguay, Paraguay, el sudeste boliviano.

Esta división (de 1921) ha sido recientemente cuestionada y otras más estrictas se hacen necesarias; bien fundamentada parece la de P. J. Rona, que distingue hasta unas veintitrés zonas. Un criterio digno de tenerse en cuenta --también señalado por Henríquez Ureña-- es el que opone el castellano de las tierras altas del interior al de las zonas costeras. El primero posee rasgos más parecidos a los del centro peninsular (restos de /s/ alveolar, no aspiración de la h, persistencia de la /s/ final de sílaba o palabra), lo que se debe probablemente a que en su colonización tuvieron un papel importante los castellanos; el segundo se encuentra más próximo al castellano meridional, en relación con el mayor asentamiento de andaluces en tales zonas.

En todo caso, las diferencias dialectales existentes en el castellano de América se deben a un conjunto de causas: influencia de las lenguas indígenas; situación social y cultural de cada área (pues las variedades geográficas están siempre atravesadas por las sociales: a mayor nivel cultural, las divergencias dialectales son menos apreciables); mayor o menor aislamiento y tipo de influjo ejercido por los centros metropolitanos; en fin, penetración de préstamos procedentes de lenguas no hispánicas, debida a las relaciones políticas y económicas o a la instalación de núcleos de emigrantes.

Rasgos gramaticales: el voseo

Además de los fónicos, ya citados, ciertos rasgos gramaticales dan un aspecto homogéneo al castellano de América. Pueden citarse entre ellos los siguientes:

1. Gran rendimiento de los sufijos derivativos: diminutivos ("platita", "ahorita") y aumentativos ("amigazo") sobre todo; con -o se forman sustantivos posverbales como "vuelto" ("vuelta") o "desespero" ("desesperación"), y el sufijo -ada forma muchos nombres colectivos ("muchachada") o de acción ("conversada").

2. Escasísimo empleo del pretérito perfecto compuesto, en lugar del cual se usa el simple ("vine" por "he venido"). El futuro suele sustituirse por perífrasis del tipo de "hemos de decir" o "vamos a ver".

3. Adverbios y locuciones adverbiales característicos, como "recién" con el significado de "ahora mismo", "apenas"; y "no más", con valor restrictivo o enfático.

4. Peculiar empleo de las preposiciones "a", "en", "por", "desde", "hasta" ("caer a la cama": "enfermar") y de ciertas conjunciones, como "cada que" (con valor temporal) y "cosa que" (con valor final); frecuente uso de "pues" consecutivo.

5. Frecuente anteposición del posesivo al nombre en función de vocativo ("mi hijo" por "hijo mío").

6. Frecuente adverbialización de adjetivos: "cantar lindo", "sírvete breve".

7. Uso etimológico de los pronombres personales átonos: el leísmo, el laísmo y el loísmo son prácticamente desconocidos.

Pero el rasgo más característico de todos es el voseo, que consiste en la utilización de "vos" en lugar del pronombre personal "tú".

El fenómeno tiene su origen en el castellano peninsular: hacia 1500 "tú" se usaba en España para indicar gran familiaridad o dirigirse a inferiores, y en las demás circunstancias se empleaba "vos". Cuando se generalizó, como fórmula de respeto y cortesía, "vuestra merced" (que luego dio "usted"), "tú" ganó terreno como tratamiento familiar y "vos" fue cayendo en desuso. Pero en amplias zonas de América, durante los siglos XVI y XVII, fueron "tú" y "ti" las formas desplazadas por "vos", que se hizo general para hablar a iguales o a inferiores: "vos sabés" ("tú sabes"), "a vos" ("a ti"), "de vos", ("de ti"), "con vos" ("contigo"). La forma átona "te", sin embargo, sobrevivió: "te quiere a vos", "calláte". Con el "tú" se perdieron "os" (sustituido por "te") y el posesivo "vuestro" (reemplazado por "tuyo", "tu").

Al desaparecer "tú" se perdieron también las formas del verbo de segunda persona de singular y se usaron las de segunda de plural, con la particularidad de que permanecieron en el castellano de América soluciones que el peninsular desechó durante el XVI: "cantás", "tenés", "sos" (en lugar de "cantáis", "tenéis", "sois") o "andá", "poné", "vení" (del imperativo). Para el plural, la segunda persona es, en todo el castellano de América, "ustedes", en vez de "vosotros", que lleva el verbo en tercera persona ("ustedes cantan" y no "ustedes cantáis", como puede oírse en Andalucía).

El voseo es general en Argentina, Paraguay, Uruguay, América Central y el estado de Chiapas, en México; el uso de "tú" es general en la mayor parte de México, Perú, Bolivia y las Antillas. En las demás zonas, los dos usos alternan. Se trata, en fin, de un rasgo muy extendido (dos de cada tres hispanoamericanos lo emplean), si bien el "tú" parece, a la mayor parte de hablantes, más culto.

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