LENGUA - LAS LENGUAS PENINSULARES: El castellano clásico y moderno - 9ª parte
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LAS LENGUAS PENINSULARES

El castellano clásico y moderno - 9ª parte


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El castellano en el siglo XVIII (continuación)

El problema de los galicismos

l préstamo léxico del francés es, en castellano, un fenómeno antiguo, igual que el fenómeno inverso: dos lenguas en contacto se influyen mutuamente. Pero en el siglo XVIII tiene unas dimensiones muy amplias, que se extienden a la política ("parlamento", "comité", "debate"...), a la administración ("burocracia", "personal"...), a la economía ("bolsa", "financiero", "cotizar", "letra de cambio"...) o a la vida cotidiana ("chaqueta", "pantalón", "hotel", "sofá", "neceser", "bisutería", "chófer"...). La moda y las costumbres, el trabajo y la técnica, la filosofía y el ejército, recurrieron a una considerable cantidad de palabras francesas que designaban realidades nuevas o que venían rodeadas del prestigio de una cultura hegemónica en la época.

Ello dio lugar a una polémica que ha llegado prácticamente hasta hoy --hasta el siglo XIX con motivo de los galicismos, en la actualidad a propósito de los anglicismos-- entre quienes eran partidarios de una amplia incorporación y quienes mantenían la necesidad de oponerse a ellos en nombre de la pureza del idioma; a estos últimos se les denominó "puristas" (palabra que es, curiosamente, de origen francés).

Estas actitudes, la innovadora y la purista, no fueron simplemente lingüísticas: hubo por debajo de ellas dos opciones ideológicas, una europeísta o "afrancesada" (según el frente opuesto) y otra casticista.

La reacción purista, por la que se inclinó en general la Academia, supuso un freno a la incorporación de galicismos y algunos fueron rechazados ("veritable", "golpe de ojo"...); nada pudo hacer ante términos como los citados al comienzo, que hoy los hablantes no consideran en absoluto ajenos al castellano.

El Romanticismo y el Realismo

En la primera mitad del siglo XIX un movimiento afecta a todos los órdenes de la cultura y la vida cotidiana: el Romanticismo. Como reacción contra los excesos racionalistas del siglo anterior y expresión contradictoria del cambio social que en Europa se está produciendo (revolución liberal burguesa), este movimiento afirma con energía los derechos del individuo, la primacía absoluta del sentimiento y la libertad, tanto política como artística. Una nueva visión del mundo y una literatura nueva, se hacen sentir sobre la lengua.

A mediados de siglo, el Realismo prolonga en parte esta sensibilidad a la vez que supone un cambio de rumbo.

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